Miami
Estados Unidos
Año II Nº 9/10

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesores de Arte

Carlos Quevedo
Mauricio Saldarriaga

 

Boletín Informativo

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CON SABOR A GOMA DE MASCAR

por

Maricel Mayor Marsán

 

     ¿Treinta años? Verdaderamente suena a cosa seria eso de los treinta años. Algunas personas dicen que es el comienzo de la madurez, otros que es el amanecer de la mejor década de la vida, cuando el individuo consolidó sus planes, sabe lo que quiere o lo que busca de su existencia, en otros casos ya terminó de establecer las metas a cumplir tan típicas de los años más jóvenes, bien porque terminó de estudiar o porque se casó, fundó un hogar o tiene empleo fijo. Aunque al parecer llevan mucho de lógica todos estos comentarios que se oyen a menudo, los treinta años son algo así como la pérdida de las ilusiones adolescentes y juveniles. Cuando se tiene treinta años se es joven físicamente, pero se ha envejecido el espíritu. El misterio de la vida ha desaparecido de repente y se va con su mística a seguir engañando niños de ojos abiertos en la noche.

    
Echada sobre la cama Tina pensaba que ella fue una de tantos niños de los que pretenden descubrir el secreto de la vida desafiando la obscuridad y el sueño, recreando pensamientos, imaginando fantasmas y viendo alguna que otra luz en los silencios. Cuando cumplió los dieciocho años de edad aún seguía siendo niña. Los colegios de monjas y los estrictos códigos familiares con su collar de complejos por doquier la hicieron una persona maltrecha en el aspecto espiritual y no estaba preparada para vivir en el mundo adulto, pero tenía muchos anhelos ocultos para cuando llegara ese día. Deseaba convertirse en una persona útil en la sociedad, pensaba en los problemas que la mayoría de las personas evitaban pensar y pretendía arreglar situaciones que los demás ignoraban o preferían tratar de olvidar. No obstante, los golpes de la vida la empezaron a sacudir. El primer golpe fue la separación temporal del seno familiar, el segundo fue el emigrar de su país, el tercero fue la necesidad de actuar maduramente en un país lejano, cuando hasta entonces se le habían escapado de las manos todas las decisiones posibles, incluyendo la de su propia emigración. Luego vinieron los años duros de la soledad al trabajo, del trabajo a los libros y de los libros a la soledad... Después de la soledad todo quedó atrás y llegó la calma, esa calma substituta de la inercia interior que le molestaba tanto a si misma y que Larry no lograba comprender.

-        Siento que la calma me penetra muy hondo y eso es malo, prefiero estar activa, sentirme viva, en plena ebullición, como si fuera un ser humano normal – pensaba en alta voz.

-         ¿Y es que estar calmada no es normal? – respondió Larry con indolencia.

-        No, porque esta calma es de muerte, el no importarme nada, el que todo me dé igual no tiene aspecto de vida.

-         Mira que hablas tonterías. Te enredas en tus conflictos internos, en vez de tratar de salir de ellos – dijo mientras mascaba una goma de mascar.

-         ¿Cómo quieres que salga de mis conflictos, sino veo ninguna salida?

-         Trata. Trata y verás – él seguía emitiendo un chasquido peculiar con su goma de mascar.

-         No sé cómo – expresó con cierta incredulidad en sus ojos.

-         Si te empeñas y comienzas por olvidarte de todas las ideas disparatadas que te inculcaron en la universidad – ahora bebía agua fría sin deshacerse de la goma de mascar que tenía en la boca. Él sostenía que la combinación del agua con sabor a goma de mascar le perfumaban el sistema digestivo completo, desde la boca hasta el estómago.

-         ¿Qué ideas disparatadas?, ¿de qué hablas? Me parece que estas hablando por hablar – inquirió un tanto irritada.

-         Yo sé muy bien lo que tenías en esa mentecita cuando te conocí – ahora jugaba con el control del televisor y seguía mascando apresuradamente.

-         Si le llamas al tratar de ser una mujer de mi época, alguien útil,  el tener ideas disparatadas, entonces quizás ese sea el nombre...

-         ¡Bah! La misma bobería de siempre. ¿Acaso no eres útil haciendo las cosas que haces en nuestra casa? –la miró desafiante con su maldita goma de mascar en la boca. A medida que el diálogo se tornaba difícil, siempre comenzaba a mascar con mayor rapidez, haciendo todo tipo de sonidos inimaginables.

-         No lo creo ciertamente - manifestó hastiada.

-         No tienes remedio – él seguía concentrado en todos los programas que repasaba con el control de la televisión. Luego, tras tirar su insoportable juguete bucal, se le acercó para darle un beso con sabor a goma de mascar.

-         Tú tampoco - lo rechazó discretamente.

     Tina se dió media vuelta en la cama y simuló dormir. No quería seguir oyendo los mismos comentarios de los últimos cuatro años. Cuando se casó con Larry pensó que su vida iba a cambiar, que la soledad iba a desaparecer, que surgirían ilusiones nuevas y que el futuro le pertenecía. Pronto se dió cuenta que todo era diferente y que Larry, lejos de estimularla a seguir adelante, la instaba día a día a conformarse con una existencia baldía. Su carrera universitaria se había paralizado y nunca volvió a estudiar. A su lado se sentía prisionera del espacio matrimonial y estancada en el tiempo. Poco a poco el amor había desaparecido y presentía que en el fondo de su corazón ese sentimiento había sido substituido por el más profundo rencor. Como una pesadilla constante, sentía que el rencor la distanciaba más y más de Larry, de la familia, de los amigos y que pese a estar infinitamente acompañada en todo momento, se sentía la mujer más sola del universo. En realidad, toda esa inercia y falta de motivación en que vivía no era más que un reflejo de su unión con Larry. Él amaba la vida fácil, sólo le importaban los asuntos relacionados a su persona y carecía del espíritu de lucha y sacrificio tan necesarios para salir adelante. El matrimonio había sido una combinación de pasión y necesidad absoluta de mitigar la soledad, pero a medida que pasaban los días, los meses y los años, comprendía que prefería su soledad íntegramente, su soledad de antes, su soledad de siempre, a esta confusión en donde la soledad enmascarada se le presentaba delante y no podía identificarla claramente.

     Se volteó en la cama para tratar de hablar con él y de convencerlo de que lo mejor era separarse definitivamente, pero como siempre ya estaba profundamente dormido con la televisión encendida y el control remoto aprisionado en su mano derecha. Trataría de hablar con él en la mañana, pero pensó que estaría deprisa para marcharse a su trabajo, si lo llamaba al trabajo, la respuesta sería que por teléfono no se discuten esas cosas y seguramente estaría muy ocupado, si esperaba a la tarde, llegaría cansado y con deseos de descansar, a la noche, podría hablar finalmente con él, pero como sucedía con todas las conversaciones difíciles, él rechazaría discutir el tema a semejante hora, después de un día tan agobiante, se limitaría a jugar con su goma de mascar mientras repasaba todos los canales existentes en la televisión por cable y postergaría el tema.

      Tina se levantó en silencio y se dirigió al closet, encendió la luz interior del mismo y se cambió de ropa mientras pensaba en sus padres y en lo que le dirían si les contaba lo que iba a hacer, pero por primera vez en la vida no le importó lo que ellos fueran a pensar o a decir, ya que por espacio de treinta años ellos sólo habían sabido comportarse como los seres egoístas y represivos que eran, donde lo único que tenía sentido de la vida eran sus propias percepciones e intereses personales, por lo que decidió obviar cualquier comentario con ellos. Había llegado a un punto en el cual descubrió que la soledad no es tan despreciable cuando se transforma en el instrumento de la libertad personal. Recogió algunas prendas de vestir y varios objetos personales. Ni siquiera se detuvo a mirar por última vez el pérfil del que había sido su esposo por cuatro años, ni tampoco la casa que había hecho de sus ilusiones algo ajeno. Cuando abrió la puerta, sintió la madrugada tibia y acogedora. Un aroma de tranquilidad la recibió al instante, al tiempo que un antojo de guarapo la acaparó en ese momento. Subió al auto y lo puso en marcha, para luego perderse en la autopista desierta en rumbo desconocido.

Maricel Mayor Marsán nació en Santiago de Cuba, Cuba (1952).  Ha residido en  España y en los Estados Unidos desde 1970. Realizó estudios superiores en Historia, Ciencias Políticas y Educación. Se graduó con dos Licenciaturas  en 1976 y obtuvo una Maestría en Administración Pública en 1977 de la Universidad Internacional de la Florida, Miami, Florida, E.U.A. Ha publicado: "Lágrimas de Papel" (1975), "17 Poemas y un Saludo" (1978), "Rostro Cercano" (1986), "Un Corazón Dividido/A Split Heart" (1998) y “Errores y Horrores”/Sinopsis histórica poética del siglo XX (2000).  Sus poemas, cuentos, obras de teatro y artículos han aparecido en publicaciones y antologías en Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México y la República Dominicana.  Algunos de sus libros fueron grabados en recitales de poesía en vivo y están  disponibles también en la forma de Audio Libros (1998-1999). Sus obras han sido traducidas al inglés y al italiano. Actualmente se dedica a la docencia y es Directora de Redacción de la revista literaria BAQUIANA (www.baquiana.com), actividades que comparte con su labor de escritora. Sus poemas también han aparecido en diversas publicaciones en el Internet, al igual que otros géneros literarios que cultiva. Fue distinguida con el Editor’s Choice Award en 1996 por la Biblioteca Nacional de Poesía de los E.U.A.