Miami
Estados Unidos
Año III

 Nº 17/18

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

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CRISTÓBAL DE LLERENA: UN DRAMATURGO DISIDENTE:

 LA ESPAÑOLA, SIGLO XVI

por

René C. Izquierdo


________________________________________________

 

           La vida de Cristóbal de Llerena ha quedado oculta tras los velos del tiempo y las vicisitudes de la vida colonial de La Española.  Su obra dramática, con la excepción de un entremés, se ha perdido irremediablemente.

Tratemos pues de reconstruir la vida de este singular religioso, catedrático y dramaturgo del siglo XVI, cual quien arma un rompecabezas al que faltan sus piezas principales.

Llerena nace alrededor de 1540.  Su juventud debe haber sido algo disipada, según se desprende de una carta que el arzobispo D. Alonso López de Ávila le escribe a Felipe II el 16 de julio de 1588, y en la que se describe a Cristóbal de Llerena en los siguientes términos:

. . . porque aunque es verdad que en su mocedad fué hombre y tubo flaquezas, a muchos años que está enmendado y no se sabe cosa mala dél, sino mucha virtud . . .” [i]

           Cuándo enmendó su vida o cuándo decidió seguir su vocación religiosa, dónde estudió o dónde se ordenó sacerdote, son incógnitas que tal vez nunca lleguemos a saber.

Las primeras noticias de la existencia de Llerena aparecen en una carta que el arzobispo fray Andrés de Carvajal le envía a Felipe II el 21 de julio de 1571.  Para esa fecha lo encontramos no sólo de sacerdote y organista de la Catedral de Santo Domingo, sino también de catedrático de gramática latina en la Universidad de Gorjón, puesto que ocupó por más de 40 años.  El prelado encomia la labor de Llerena en los cargos que ocupa y lo propone para otros de mayor importancia:

Ay otro (clérigo) que se llama Xpoval de Llerena, que lee Gramática en el Colegio, natural de esta ciudad, y buen moço, y tañe los órganos en esta yglesia y le damos partido;  también en este estará bien cualquier merced. (. . .) Si caso fuere que V. M. quisiere disponer destas prevendas, ya tengo señalada una de las canongías al que lee Gramática en el Colegio que se llama Xpoval de Llerena , ques tañedor de la yglesia.[ii]

           En 1575 lo tenemos también de capellán menor del hospital San Nicolás.  El arzobispo Carbajal también da cuenta de esto al Rey, y refiriéndose a Llerena explica que:

En el ospital de San Niculás, ques patronato real, ay quatro capellanes y un capellan mayor;  entre los capellanes uno solo es ábil, porque lee gramática.[iii]

           En 1576, sólo un año después, Llerena llega a capellán mayor del hospital.  Es, ciertamente, un ascenso vertiginoso en su carrera eclesiástica dentro de la estructura colonial de La Española.  Además, para esa fecha, el arzobispo Carbajal lo vuelve a proponer para una canonjía, y realza, una vez más, las cualidades de Llerena:

Los clérigos no prevendados desta ysla, naturales della, son los siguientes:  (. . .) Xrisptoval de Llerena; es natural desta ysla.  Es al presente capellan mayor de un ospital desta ciudad de Sancto Domingo, que se dice Sant Niculás; es de hedad de más de treinta años;  es muy buen latino, músico de tecla y voz, virtuoso y hombre de bien.[iv]

Coinciden estos años con una grave crisis económica en La Española.  Las causas de este declive fueron principalmente externas:  la piratería y el cambio de moneda ordenado por Felipe II para la Isla.  Los piratas asolaban los puertos, atacaban los galeones españoles en alta mar, e interrumpían el flujo normal del comercio entre los reinos americanos y la Metrópolis.  En cuanto al cambio de moneda decretado por orden real en 1583, fue de consecuencias funestas para La Española.  Se decretó que cada cuarto en circulación se marcara y valiera tres.  Tal vez el problema no radicó tanto en la orden real como en la actitud que tomaron autoridades, comerciantes y particulares en la Isla:  además de guardarse para sí cuartos sin marcar, pagaban deudas y salarios con la moneda desvalorizada, mientras que para cobrar bienes y servicios, sólo aceptaban los cuartos en su valor original.

La Iglesia, así como los hospitales, colegios y asociaciones regidos por ésta, sufrieron una merma incalculable de sus entradas económicas:  las rentas y tributos que ahora percibían eran sólo un mísero tercio.  Las limosnas y los diezmos prácticamente cesaron.

El malestar económico y las injusticias que se cometían eran tantas y tan graves, que el arzobispo don Alonso López de Ávila se queja repetidamente a la Corona.   La universidad de Gorjón, donde Llerena se desempeñaba como catedrático de gramática latina, se veía impedida de pagar los salarios de los profesores y la mayoría de los gastos generales.  López de Ávila continúa apelando a la Corona tan reiterada y amargamente, que en 1580 el Rey decide enviar a Rodrigo de Ribero como visitador.[v]

 Ribero no arriba hasta 1583.  Sus profundas pesquisas resultaron en muchísimos y beneficiosos cambios para la institución docente.  Sorprende, asimismo, que la investigación haya provocado no sólo la destitución de Cristóbal de Llerena, sino también su encarcelamiento:

El canónigo Xrisptoval de Llerena está assimismo presso por otra ynformacion de aver aconsejado a dos muchachos que no jurasen verdad en cierto negocio que pendía ante el Visitador desta Real Audiencia, y agora de nuevo quedan y están tambien pressos.[vi]

  ¿Qué irregularidades habría encontrado el visitador en la conducta del catedrático?  Aunque la información que ha llegado hasta nosotros es insuficiente para llegar a conclusiones definitivas, nos inclinamos a pensar que el incidente fuera de proporciones menores, ya que el dramaturgo regresa a su cátedra el mismo año.[vii]

La inseguridad económica y política continuaron agudizándose en La Española, hasta que en 1586 la ciudad de Santo Domingo sufre un gran revés político y económico:  el saqueo del pirata Francis Drake.  Desconocemos lo que este ataque pueda haber representado en la vida del sacerdote.

En 1588, sin embargo, un suceso al parecer de escasa importancia va a darle un giro súbito a la vida de Cristóbal de Llerena.  Se trata de la representación de uno de sus entremeses en el atrio de la Catedral de Santo Domingo.  Se celebraba la fiesta del Corpus Christi.  Era, exactamente, el 23 de junio de 1588.  La conmoción que este entremés produjo en la sociedad capitalina, vendría a salvar el nombre de Cristóbal de Llerena para la posteridad histórica y literaria.

Los oidores españoles que asistían a la liturgia sintieron tal indignación ante la sátira que el entremés de Llerena vertía sobre las instituciones coloniales, que 15 días más tarde, el ocho de julio, los alguaciles lo prenden y, sin darle tiempo a prepararse para el camino, lo embarcan para Río de la Hacha, Nueva Granada, la región donde hoy se asienta Colombia.

El súbito destierro fue sólo el comienzo de una serie de incidentes que el entremés suscitaría.  Al día siguiente de embarcado el canónigo, el maestre escuela y provisor, Juan de Angulo, excomulga a los alguaciles por su agravio a la autoridad eclesiástica.  Al próximo día, en plena misa, los oidores ofenden al provisor de palabra.  Ante el nuevo agravio, el religioso decide renunciar a sus cargos eclesiásticos.

Pero ¿por qué encoleriza tanto el entremés a las autoridades coloniales?  Veamos.  Llerena, que poseía una gran educación clásica, construye su entremés en torno a una epístola de Horacio en la que aparece un monstruo con rostro de mujer, cuello de caballo, cuerpo de plumas y cola de pez.

Horacio utiliza el monstruo para advertir del peligro de la imaginación cuando ésta no se atiene a las reglas del arte.  Llerena, en cambio, utiliza la figura del monstruo como símbolo de las torpezas del gobierno colonial en la conducción de los asuntos económicos y sociales de La Española.

En el entremés, varios personajes mitológicos salen a una plaza para interpretar el significado del monstruo aparecido en la Isla.  Uno lo ve como símbolo de la mujer;  otro como emblemático de los elementos de la Tierra.  Proteo, que viene a ser la voz del autor, considera todas las explicaciones anteriores extravagantes y propone que si el monstruo apareció en aquella ciudad, su significado deber estar estrechamente ligado a la misma.  Para Proteo, este monstruo abigarrado y repugnante no es otra cosa que un símbolo  del deplorable estado económico y social de la colonia.  Calcas, otro de los personajes mitológicos, complementa la explicación anterior al vaticinar que el monstruo es un pronóstico de más guerras y saqueos, alusión directa a la invasión de Drake y a la indefensión en que aún permanecía la ciudad dos años después del ataque.

El entremés termina cuando los alcaldes, antes de retirarse, proponen postergar el asunto de la defensa de la ciudad hasta la próxima reunión del cabildo, hecho con el que se reitera la indolencia de las autoridades coloniales en los asuntos de la ciudad.

Ante la injusta expulsión de Llerena, el arzobispo López de Ávila intercede por el religioso ante Felipe II.  En efecto, el 16 de julio el prelado despacha una carta alegato al Rey.  A dicha carta, el arzobispo adjunta una copia del entremés como prueba de la inocencia de Llerena.

La carta y el entremés los halló el estudioso mejicano Francisco A. de Icaza en el Archivo de Indias, y su hallazgo se publicó en la Revista de Filología Española en 1921.[viii]

Sin la carta, jamás nos habríamos enterado de la existencia de esta breve pieza teatral.  Tampoco habrían salido a la luz pormenores de la vida de su autor tales como su extracción humilde, su condición de autodidacto, su consecución de altos cargos a través de méritos y esfuerzos propios.  El bosquejo que esta carta hace de Llerena es el de un hombre hábil, inteligente y polifacético.  Además, revela que era poeta y dramaturgo.  Oigamos al propio arzobispo describir a Llerena como a un:

. . .hombre de rara habilidad, porque sin maestro lo a él sido de sí mismo y llegado a saber tanto latín que pudiera ser catedrático de Prima en Salamanca, y tanta música que pudiera ser maestro de capilla de Toledo, y tan diestro en negocios de quentas que pudiera servir a V. M. de su Contador;  (. . .)  Entre otras gracias, es ingenioso en poesía y en componer comedias con que suele solemnizar las fiestas y regocijar el pueblo, (. . .)[ix]

Aunque los documentos con la respuesta de la corona no se conservan, no es arriesgado especular que la petición del arzobispo fue atendida, ya que Llerena regresó a su patria al año siguiente de su destierro y fue, además, restituido a sus oficios.[x]

Desdichadamente, la obra de Llerena se ha perdido por una serie de razones confluentes, entre las que se pueden citar la escasa importancia que antiguamente se concedía a las obras teatrales, especialmente a los entremeses, piezas breves, muchas veces improvisadas y sin texto fijo, y la carencia de la imprenta, que no llega a Santo Domingo hasta el siglo XVIII.[xi]  Además, no es arriesgado suponer que Llerena o la propia Iglesia podrían haber destruido su obra dramática a fin de hacer desaparecer pruebas incriminatorias.

Por otra parte, al hacer una lectura cuidadosa de la carta, nos damos cuenta de que el incidente de la deportación al que nos hemos venido refiriendo, no fue algo aislado.  Llerena es simplemente un hombre rebelde, un escritor disidente y reincidente.  Obsérvese el tono ambiguo y esquivo del arzobispo:

. . . y no hay otra culpa, pues si dixeren que otra vez hizo otro tanto y le quisieron emvarcar, no ay tanta memoria, a lo menos particular.  Yo e procurado saber lo que fué, y como a tantos años, no se hallan los entremeses . . .[xii]

             La última referencia a la persona de Llerena la aporta un censo de 1606.  Ese año Llerena se contaba aún entre los vivos y aparecía entre los prebendados del Cabildo Eclesiástico.  Esta curiosa nota aparece al margen:   “Cristóbal de Llerena, canónigo;  poseedor de un hato de vacas y de dos estancias de labrantío en el mismo distrito.” [xiii]    Aunque  hoy día nos pueda llenar de asombro, el que los eclesiásticos poseyeran bienes materiales era práctica común de la época.

El hilo de la vida de Llerena desaparece después de esta nota.  La fecha de su deceso es aún más imprecisa que la de su nacimiento.  No sabemos si continuó componiendo obras teatrales y entremeses.  Sólo hallamos un testimonio póstumo:  el del canónigo Luis Jerónimo Alcocer (1598-1664), como Llerena catedrático de Gorjón y contemporáneo suyo, quien años después de la muerte del dramaturgo se expresa de él con gran elogio: 

El Maestre escuela Don Christoual de Llerena, natural de esta Ciudad a quien debe todo lo que ay en ella de buenas letras, fué muchos años Rector del Colegio Seminario y cathedrático de Retorica;  fué también muchas veces Prouisor con aplauso de todos.  Y fué gran poeta de sus tiempos.[xiv]

             Poeta y dramaturgo;  músico y contador;  sacerdote y catedrático;  hombre consciente de la realidad social de su tiempo.  Crítico de la situación política y económica de la sociedad colonial en que le tocó vivir.  De su polifacética vida sólo nos llegan fragmentos inconexos.  De su obra, un solo entremés.

Pero aún cuando falta la mayoría de las piezas del rompecabezas de su vida, esta figura resulta de gran valor para la historia y la literatura hispanoamericanas.  En Cristóbal de Llerena no sólo recae el honor de ser el primer dramaturgo y músico dominicano de que se tenga noticia, sino también el primer escritor disidente de La Española.  Y contra los escritores disidentes, las potencias oscuras de la intolerancia siempre descargan su furia, ayer y hoy.  No es de sorprender.

 

 

(Este ensayo ha sido adaptado de un libro sobre Cristóbal de Llerena que el Dr. Izquierdo publicará este año)  

 

 

Obras citadas


[i] Fray Cipriano de Utrera, Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de Aquino y Seminario Conciliar de la Ciudad de Santo Domingo de la Isla Española, (Santo Domingo, R. D.: Padres Franciscanos Capuchinos, 1932) 72.
[ii] Fray Cipriano de Utrera,68.
[iii] Fray Cipriano de Utrera,68.
[iv]Fray Cipriano de Utrera,68
[v] Fray Cipriano de Utrera, 48.
[vi] Fray Cipriano de Utrera, 68. 
[vii] Pedro Henríquez Ureña, La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo, Añejo II, Instituto de Filología, Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana (Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, 1936) 100.
[viii] Francisco A. de Icaza, "Cristóbal de Llerena y los orígenes del teatro en la América española," Revista de Filología Española VIII, 2 (1921): 128-130.
[ix] Fray Cipriano de Utrera, 71.
[x] Pedro Henríquez Ureña, La cultura 100.
[xi] Pedro Henríquez Ureña, La cultura 10.
[xii] Fray Cipriano de Utrera, 72.
[xiii] Américo Lugo, Historia de Santo Domingo. Desde el 1556 hasta 1608 (1938; Ciudad Trujillo, República Dominicana: Editorial Librería Dominicana, 1952) 373.
[xiv] Manuel de Jesús Goico, “Raíz y trayectoria del teatro en la literatura nacional,” Anales de la Universidad de Santo Domingo  Vol. IX  Nos.33-36 (1945): 80.



René C. Izquierdo (La Habana, Cuba, 1942) Es profesor de español en el Miami Dade Community College (Kendall Campus) en la ciudad de Miami. Cursó estudios de arte y literatura en Queens College, C.U.N.Y., New York, donde obtuvo su B.A. y M.A. Culminó sus estudios en el Centro de Graduados de C.U.N.Y. donde recibió su doctorado. Su tesis doctoral “Anacaona” de Salomé Ureña de Henríquez, poema épico sobre la conquista de América, se publicará próximamente.