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De acuerdo a Iris Zavala, “opiniones autorizadas” deciden
la norma, el canon, lo canónico y el valor de los textos
culturales” (Díaz-Diocaret, 27). Considerando esta
corriente que hasta poco se mantenía inerte e inviolable,
encontramos que en algunas de las obras de Julia Alvarez hay
una desviación de este esquema. En dichas obras, se
insertan rasgos de la literatura feminista porque las mismas
reflejan fuertemente una corriente que difiere del canon
patriarcal y desarticula sus voces “autorizadas”.
Esta desarticulación se ilustra en su consistente proyección
de mujeres, representando personajes que se desvían de los
esquemas lineales establecidos por los dictámenes masculinos,
y la proyección de hombres quienes, en algunos casos, desempeñan
un papel que extrae la esencia del comportamiento primitivo y
salvaje que en ellos existe.
Al hacer un análisis de la coincidencias literarias que esta
lectura interpreta, encontramos que Julia Alvarez engendra a
ocho mujeres como los personajes principales de sus novelas:
How the García Girls Lost Their Accents y In the Time of the
Butterflies. Esta última, aunque catalogada como una
novela histórica, es además un híbrido literario debido a
que la narración es parcialmente el testimonio de una de las
cuatro hermanas Mirabal, quienes no surgen de la imaginación
de la autora, pero si reciben el toque ficticio de su
imaginaria concepción. La novela de otras cuatro
hermanas, las García, se desenvuelve dentro de unos parámetros
en los que la autora emplea cierta maleabilidad al usar el
personaje de Yolanda como el medio a través de quien
transforma su autobiografía. A su vez, estas ocho
mujeres, separadas por el tiempo y la suerte originan del
mismo suelo caribeño del cual son arrancadas por la tiranía
del Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina. En el
mismo año y con meses de diferencia, el destino de unas, las
García, las lleva a la urbe neoyorquina y el de las otras más
trágico y dramático, las Mirabal, con la excepción de una,
las lleva a la muerte.
El principio de la narración de las dos novelas describe a
una “dominicana ausente”, aunque no en esos términos,
dando tumbos por el interior del país: una, Yolanda García,
en busca de guayabas; la otra, la escritora, en busca de
información sobre el asesinato de las Mirabal. En ambos
casos, la búsqueda de las enunciadas se deduce a una conexión
de tipo psicológico en la que la decodificación de símbolos
refelja el anhelo de encontrar elementos que las unen a un
pasado que aún vive en ellas. Vale aclarar que la
escritora que aparece al incio de In the Time of the
Butterflies se esfuma totalmente al final del primer capítulo
para darle voz a los personajes que desde ese momente
ensamblan la narración. Aunque el tiempo en In the Time
of the Butterflies es cíclico y How the García Girls Lost
Their Accents sigue un orden cronológico inverso que de vez
en cuando se altera, ambas novelas terminan con el personaje
que comienzan.
Carla, Sandra, Yolanda y Sofía son las hermanas García
quienes emigran junto a sus padres hacia Nueva York para
rehacer su vida. En este nuevo entorno, las muchachas
crecen con las costumbres del país abandonado inculcadas por
la madre, pero rodeadas de las costumbres norteamericanas.
Aunque todas las hermanas tienen la oportunidad de relatar
alguna experiencia de su vida, es Yolanda la que con más
relieve transmite los relatos de la familia. En How the
García Girls Lost Their Accents, Julia Alvarez nos presenta
la parte jocose y agri-dulce que viven los inmigrantes al
llegar a los Estados Unidos y la transformación por la que
atraviesan especialmente los que imigran de niños. Los
relatos tienden a tener cierta suavidad y atracción nostálgica
hacia la tierra abandonada. Las García, en su país
natal, habían comenzado a criarse en una sociedad de clase
alta con todas las comodidades que se le atribuyen a ese tipo
de vida. Esta estabilidad socio-económica de la familia
se ve interrumpida por el hostigamiento de Trujillo hacia el
padre de las muchachas. En Nueva York, el cambio brusco
les había hecho modificar sus vidas porque, no solo carecían
de las comodidades de la isla, sino que también se
enfrentaban a una sociedad ajena que les exigia la asimilación
cultural.
Minerva, Patria, María Teresa y Dedé son las hermanas
Mirabal. De estas cuatro, solo Dedé vive y cuenta el
relato trágico de sus hermanas a la autora. Estas jóvenes
y bellas mujeres eran de una provincia del interior de la República
Dominicana, donde crecieron y se criaron bajo los cuidados de
sus padres además del tiempo que las tres mayores pasaron
internas en un colegio de monjas. El hilo narrativo
desarrolla un cuadro de los quehaceres y avatares de la vida
de provincia de una familia acomodada. No obstante, su
trágica trayectoria bajo el acoso de Trujillo hace que sus
vidas se tornen ágrias, tempestuosas y sufridas. El
hecho de que ambas familias estaban compuestas de hijas recoge
cierta estrecha relación entre las hijas y el padre.
En raras ocasiones usa Julia Alvarez la tercera persona para
su relato. Por lo general, las novelas decoran la cabecilla de
sus capítulos con el nombre de un personaje (en algunos casos
más de uno), indicando que ese capítulo será protagonizado
por el personaje designado y que el mismo relatará en primera
persona algún episodio de su vida. Al usar la primera
persona, el personaje se proyecta con más firmeza. Esta
perspectiva subjetiva que Alvarez emplea le concede al lector
una más íntima introspección al intercalarse y entretejerse
dentro de la obra con el personaje que se presenta, convirtiéndo
al lector, de esta manera, en un participante activo.
Como la formación religiosa de las familias era católica,
las muchachas de ambas familias fueron enviadas a colegios católicos
a estudiar. El transcurrir parte de sus vidas bajo la
tutela de religiosas, y dentro de esta esfera devota, hacía
que los personajes se afianzaran en las creencias de seres
divinos. En las sociedades caribeñas, donde las
creencias en seres divinos influye en la vida material y
psicológica, es muy común que la imaginación materialice
otros seres del bajo mundo para que los mismos se manifiesten
paralelamente con los seres celestiales. En base a esto,
tanto en una obra como en la otra, podemos apreciar la
dualidad creyente entre unos personajes y en otros que va
desde santos hasta el uso de los poderes mágicos para
resolver problemas. De hecho, cuando la deidades
celestials no concedían lo que se les pedía, los del bajo
mundo eran invocados.
La devoción ciega acompañada del uso de velas, fotografías
en altares con velones encendidos o polvos que se riegan y
muertos que se apelan son testimonio vivo, en especial, entre
los trabajadores de las familias García y Mirabal.
Estas coincidencias son evidentes en las mujeres que durante más
tiempo les brindaron su servicio a ambas familias, Fela y
Chucha. Por ejemplo, cuando la autora nos describe a
Chucha, la sirvienta que había en la casa de los García,
dice que a la misma se le “montaban espíritus” (Alvarez,
219). Fela, la sirvienta que más tiempo pasó con los
Mirabal tiene también su altar y su cuarto lleno de chucherías
religiosas para conjurar seres del otro mundo. A través
de Fela había una comunicación directa con los espíritus de
los muertos. Chucha y Fela muestran muchas similitudes
en sus peculiaridades santeras y sus personalidades singulares.
Un incidente en una fiesta en el cual Minerva bofetea a
Trujillo causa el encarcelamiento del padre de las Mirabal por
órdenes del Jefe. Razón lógica no había ya que el señor
Mirabal nunca se había rebelado contra las maniobras
dictatoriales de Trujillo. El encarcelamiento pone aún
en más peligro al señor Mirabal al encontrársele a Minerva
un papel en su bolso que la delata como “enemiga del estado”.
La bofetada y el papel eran suficientes pruebas para que
Trujillo buscara la manera de vengarse y la posibilidad de
conseguir un favor sexual de Minerva a cambio de la libertad
de su padre.
En
el caso de las García, las hijas eran aún niñas en esa época.
No obstante, aunque nunca es encarcelado, el señor García es
el blanco de la persecución por sus conspiraciones en contra
del regimen trujillista. Años más tarde, las niñas
cuentan cómo Sofía se comportó de manera grosera con uno de
los guardias del Servicio de Inteligencia Militar (SIM)
quienes buscaban al señor García, pudiendo haber causado un
problema mayor. Aquí el paralelismo entre las dos hijas,
Sofía García y Minerva Mirabal, surge al poner en peligro la
vida de sus padres.
Tanto una novela como la otra está salpicada de
dominicanismos, expresiones en español y de traducciones
literales. Entre algunas de las expresiones que abundan
en las dos obras están las populares “hay moros en la costa”
traducida literalmente a “there are Moors on the coast” y
la sin igual expression que “con paciencia y calma se sube
un burro en una palma” traducida a “with patience and
calm, even a burro can climb a palm” (Alvarez, 138).
El estilo de Alvarez en una novela es el reflejo de la otra.
Su retórica no presenta ambigüedades o imprecisiones.
Al contrario, su estilo es limpio y natural. En todo
momento, al receptor no le quedan dudas o cuestionamientos
porque la elocución de la autora resulta ser directa y
convincente. En estas dos novelas, Alvarez no desborda
las páginas con descripciones interminables y aburridas sobre
los personajes, situaciones o lugares sino que a través de la
subjetividad de sus personjaes, impresiona y deleita al lector
al amalgamarlo y sumergirlo dentro de la historia que cuenta.
Las mujeres desempeñan un papel muy importante. Es más,
las mujeres son las que dominan y dan carácter a las dos
obras. Siguiendo este esquema, Minerva abiertamente
demuestra su sentido de mujer controversial desde joven.
Su discurso matriarcal fluye con el sentimiento de que era
tiempo que las mujeres tuvieran participación en la toma de
decisions del país. En otro momento, Minerva dice que
debió haber nacido macho para andar suelta (Alvarez, 257).
Era una mujer que dentro de su frágil figura femenina llevaba
una coraza masculina y una actitud decidida a luchar por sus
ideales. Sofía era también antagonista, pero de una
manera diferente. Demostraba su rebeldía haciendo
aquellas cosas que por ser mujer no se le permitían. En
una ocasión, durante un juego en que su padre tenía un pañelo
tapándole los ojos, Sofía decidió sentársele en las
piernas y besarle la oreja, pasándole la lengua por todas la
ranuritas y ondulaciones de la misma. Este
comportamiento de Sofía muestra su carácter indisciplinado y
su fácil disposición de violar las reglas siempre y cuando
fuera a escondidas de la autoridad patriarcal. Otra
coincidencia es que Minerva y Sofía tienen una hija.
Los hombres son personajes marginados con un papel secundario.
Entre éstos están el gran patriarca, Trujillo, los
integrantes del SIM y hasta los mismos padres y maridos de las
mujeres.
Entre otras similitudes, encontramos la relación amorosa
entre primos como la de Dedé y Jaimito y la fogosa relación
entre Sofía y Manuel. También surgen las infidelidades
de los hombres y las semejanzas en el relato de la situación
política imperante en el país, especialmente durante los últimos
años de la tiranía.
Cada
cuento relatado es independiente el uno del otro, pero éstos
van atados por una idea central. Y como todo lo antes
expuesto, tienen sus raíces en el mismo terruño. En
algunos casos, las coincidencias literarias entre una obra y
otra son creaciones ficticias de la autora, pero también hay
hechos que coinciden con la historia, cultura y la
idiosincracia de un pueblo. A fin de cuentas, hubo algo
que se perdió. Las García no perdieron su acento, perdieron
su virginidad. Y las Mirabal no perdieron su libertad,
perdieron su vida.
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citadas
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Myra
Medina Cabral
nació
en Santo Domingo, República Dominicana (1955). Es profesora
del Departamento de Inglés como Segundo Idioma y Lenguas
Extranjeras del Miami-Dade Community College, North Campus. En
su trayectoria profesional docente se ha desarrollado en inglés
y en español, siendo co-autora de un texto para la enseñanza
de inglés como segundo idioma y ha publicado material didáctico
en español. Es miembro del jurado de los prestigiosos premios
Silver Knight Awards otorgados por el Miami Herald en la
categoría de Lenguas Extranjeras.
En 1998 recibió de la Crítica Literaria Dominicana de
Escritoras un reconocimiento por su excelencia académica. Ha
sido destacada en la revista Hispanics in Higher Education.
En
el año 2001, ganó el American Express Endowed Teaching
Chair otorgado por el Miami-Dade Community College; en el
año 2002 recibió los premios NISOD, otorgado por la
Universidad de Texas en Austin por su excelencia en la enseñanza
y el premio Modern Languages Alumni Honor Roll del
Rhode Island College. Sus artículos y ensayos han aparecido
en diversas publicaciones.
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