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Siete
colores me custodian
y
la centella en mi mano reluce
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(Dios
te salve y te proteja de mi odio por
los
siglos y los siglos de una caída
Dios
te salve).
Excilia Saldaña
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La
Regla de Ocha o sistema religioso yourbá[1]
practicada en Cuba posee un corpus narrativo que ha llegado
hasta nuestros días gracias a que durante siglos ha sido
repetido de generación en generación por los creyentes de la
Isla. Esta tradición es amplia y cuenta con leyendas (llamadas
patakíes),cuentos cortos o fábulas y adivinanzas. El
objetivo de las leyendas es dar a conocer las características
y aventuras de los dioses u orishas así como los criterios
cosmológicos de los pueblos yorubás mientras que las fábulas
encierran enseñanzas morales cuyo "interés es conformar
determinadas actitudes de grupo."[2]
Desde
la primera mitad del siglo XX autores como Rómulo Lachatañeré,
Lydia Cabrera y Ramón Güirao recrean estas narraciones en
sus cuentos. Todos ellos con técnicas diferentes, intentan
plasmar el saber ancestral yorubá, siguiendo las características
del relato original. Así, dichos textos coinciden en
mostrar un estilo simple y directo que por la fantasía que
encierran las historias que narran se acercan a los límites
del llamado realismo mágico. Un nuevo tipo de adaptación
textual aparece años más tarde cuando Excilia Saldaña
(1946-1999) propone un palimpsesto para la historia de dos
orishas femeninas y las valora a partir de teorías feministas
contemporáneas.
Saldaña
toma antiguos patakíes y les acentúa su carácter poético.
Los orishas inmersos en sus propias narraciones se convierten
en personajes literarios que reafirman y perfeccionan la poesía
que los envuelve, por lo que resultan sujetos y objetos
literarios simultáneamente. Algunas leyendas religiosas
que en 1938 llevó a la escritura Rómulo Lachatañeré
reaparecen cerca de 50 años después narradas por una voz
femenina que les adiciona un nuevo punto de vista. Saldaña
confiesa con relación a estas historias "las oí de viva
voz y ahora he querido contarlas agregando mi propia
resonancia" (Saldaña 11), hecho que verdaderamente logra
pues los patakíes son modificados, agrupados y combinados con
los propios poemas de la autora. Además, por escribir
ella desde la Revolución, trabaja las leyendas yorubás como
textos culturales tanto como religiosos y representa a los
dioses más como simples humanos que como elementos divinos.
Su propio sentimiento de mujer afrocubana, que vive una
sociedad que en teoría lucha por eliminar el control
patriarcal, la obliga a darles a sus cuentos una visión política
e histórica, además de feminista. Su calidad innata de
poeta no le permite obviar el sonido, el ritmo y la estrofa en
su creación. Con este sentimiento Saldaña re/escribe
dos patakíes yorubás y los convierte en textos literarios:
"Obba" y "El relámpago y el rayo", los
cuales aparecen en su libro Kele Kele, escrito en 1987.
El
primero recrea la historia de la bella orisha Obba, quien se
mutiló a sí misma, cortando sus orejas, para dar de comer a
su esposo, y éste, al verla de esa forma, la repudió y la
abandonó para siempre. Lachatañeré llevó a la
literatura este patakí en los mismos términos que
posteriormente lo presenta Saldaña. Sin embargo,
existen otras versiones de la leyenda en la tradición popular
de la Isla las cuales alteran el relato y dan entrada a otros
posibles finales. Por ejemplo, Obba enloquecida de amor
y desengaño huye al monte y se suicida (Cros Sandoval 212);
o, en otros casos, se cuenta que la diosa se retira a la
soledad de los cementerios de donde no volverá a salir (Bolívar
132).
En
todas las variaciones de la historia, Obba es perfilada como
la perfecta "ama de casa" que se convierte en "esclava
de su macho"(Cofiño 145) y por su sumisión da lugar al
mito del rechazo aplicable a aquellas mujeres que pierden el
respeto de los demás, por su afán extraordinario de servir
al hombre. Saldaña subraya cómo Obba, aún asumiendo
esta postura pasiva y de conciliación, es repudiada por Shangó,
quien repitiendo una actitud acorde a la sociedad patriarcal
la elimina como hembra aunque le permite conservar su
respetable papel de esposa. La autora hace un contraste
al destacar la doble valencia del rol femenino cuando
paraleliza a Obba, la siempre respetada, con las otras mujeres
del guerrero, Oyá y Oshún, quienes, al ser consideradas sólo
como concubinas, ocupan una posición que las menosprecia a
los ojos del colectivo, aunque no así a los ojos de Shangó.
Sin embargo, aunque Obba ocupe el lugar principal, socialmente
hablando, a nivel individual ella no tiene valor ninguno para
su hombre, por lo que la soledad, el repudio, la mutilación
hacen de Obba una orisha fría, cargada de rencor y carente de
astucia.
La versión de Lachatañeré ya señalaba el maltrato que
sufrió la diosa por parte de su marido y su interna sumisión
femenina, pero Saldaña, además de reiterar estos aspectos,
destaca vigorosamente valores adicionales en la orisha que
provienen de su condición de mujer. Ante todo realza su
cuerpo, modelo de belleza, detalle que repite una y otra vez creando
un ritmo dentro del texto al estilo de las narraciones
ancestrales. Esta cadencia se desprende de la propia
descripción de la diosa.
!Qué
linda era la muchacha! !Qué linda y qué negra era!
Negro
el pelo, la piel, los ojos,
las
pestañas y las cejas (55).
No sólo es bella Obba, sino que también es princesa, hija de
reyes, amada y querida por sus padres. Mujer rica y
hermosa, con posible vida propia, se convierte en esclava del
esposo y va a la perdición. Su paciencia, su sumisión,
su extrema humildad son valorados por Saldaña como elementos
más bien negativos, ya que la vacían como sujeto y la llevan
a la muerte. No a la muerte física precisamente, sino a
la que representa el final de la vida propia. A partir
del rol social de la orisha, la autora infiere una crítica
feminista a este tipo de mujer que es común encontrar más
allá de un patakí, me refiero a la mismísima realidad
cotidiana. Pero, en su posición autorial, al no hacer
morir físicamente a Obba (como narran algunas versiones del
patakí), le deja una posible puerta, le da otra "oportunidad"
que solamente Obba tendrá el poder de aceptar.
Paralelamente,
Saldaña trabaja la posición femenina en otra dirección.
Lo hace muy ingeniosamente al comenzar su narración con un
breve poema que consta de dos estrofas. Cada estrofa
presenta una cara del amor: el triunfante y placentero; el
amor con dolor. Esta poesía no se relaciona con el
mundo mitológico de la orisha yorubá, ya que puede estar
dirigido a una pareja de cualquier contexto cultural.
Sin embargo, en ella se resumen, en pocas líneas, todos los
sentimientos femeninos de Obba, que le permiten constituirse
en paradigma. A su vez, al universalizar la experiencia
de la orisha, se rompen los límites culturales y/o religiosos
que puede conllevar la historia de dicho modelo femenino para
extenderla hasta nuestros días.
En
otra forma de lectura, la presencia inicial del poema puede
entenderse como una letra "contemporánea" del Ifá.[3]
Este posible “odu” o figura abre el texto narrativo
prediciendo el destino de la orisha enamorada. Ahora, la
autora mueve la valoración femenina a sí misma al atribuirse
el derecho de interpretar la predicción divina contenida en
el poema o “letra.” Con su actuación rompe las
limitaciones impuestas a su sexo por el sistema religioso
yorubá, al presentarse semejante a un babalawo[4]
y, desde esa posición sagrada, enfrentar la voz del propio
Orula.
El
segundo patakí se apoya en la vida de otra divinidad femenina:
Oyá, señora de la centella, del remolino, del arcoiris y de
los muertos. Varios patakíes aparecen mezclados en el
relato de Saldaña, pero existe una coherencia extraordinaria
entre ellos que permite que sean re/organizados sin apartarse
de sus significaciones originales. Saldaña escribe este
cuento sobre una base mitológica y religiosa, además lo
orienta básicamente a las problemáticas sociales. En
él narra el amor de Oyá y Shangó y las rivalidades entre el
orisha guerrero y su eterno rival Oggún. La estrategia
de la poesía de inicio se repite en este relato pero, en esta
ocasión, el poema remite directamente a la vida del esclavo
durante el período de la colonia, o sea, no transfiere el límite
textual de los creyentes. La estrofa final del poema es
una plegaria, es el llamado a los dioses del relámpago y el
trueno - Oyá y Shangó- para que traigan la libertad a
los cautivos. Saldaña puntualiza que la fuerza y el
poder son atributos de ambas divinidades, ya que a los dos por
igual se les solicita. La plegaria, al igual que la
autora, no establece diferencias entre ellos aún con la
dualidad de sexos con que están marcados.
En
este segundo cuento/patakí la protagonista femenina
constituye nuevamente el centro de la narración aunque el
personaje se modele con características diferentes, más
apoyado en la inteligencia de Oyá que en su belleza. Su
nacimiento y noble origen son los primeros elementos en
presentarse pero éstos se acompañan de la sabiduría de
"la niña" y, de su deseo de aprender y recorrer los
caminos del mundo. Oyá es libre porque ella es viento y
puede correr libremente a donde quiera y, estar en todas
partes simultáneamente. Oyá no tiene fronteras, y sí
mucho poder. Además es bella, es el arcoiris, tiene
todos los colores en su cuerpo, es la armonía después de la
tormenta.
Cuando
"la niña" se convierte en mujer comienzan los
cambios en sus gustos, quiere dejar de soñar y empezar a
vivir. La casualidad hace que conozca a Shangó, quien
no se percata de su existencia hasta bien avanzado el relato
porque sus intereses de hombre están más allá de la
presencia de la orisha como mujer.
Saldaña
afirma que escribe este cuento sobre una estructura de
narraciones infantiles pero en realidad sus planteamientos y
su lenguaje no están al nivel de los niños. Sin
embargo, el modelo de relato infantil que la autora toma de
occidente, permite que Oyá, como hija de reyes, pida un novio
adecuado cuando se deba casar. Llegado el momento la
joven, por la personalidad que posee, se rebela y lucha por no
aceptar la decisión del padre. Exige la selección que
da su propio poder y no la sumisión del sin/poder a que la
obliga la sociedad por su condición femenina. Se
convoca a concurso y se presenta entre los concursantes Oggún,
hombre honrado y laborioso, perdidamente enamorado de la diosa
y dispuesto a todo por conquistarla. A diferencia de los
cuentos infantiles, Oyá no se enamora del héroe positivo (Oggún),
sino todo lo contrario, su amor se inclina a Shangó, héroe
negativo, quien no está enamorado de ella, ni la desea como
esposa porque ya tiene una: Obba.
El
trabajo de Saldaña insiste ahora en reescribir la leyenda
africana, llenándola de elementos que llegan de la tradición
occidental y del pensamiento contemporáneo; reescribirla en términos
actuales revalorando sus héroes y sus hechos. Shangó
es casado y abandona a su mujer. Oyá, sabiendo que no
es amada por Shangó, toma la voz y declara valientemente su
amor por el guerrero, sin detenerse ante los sentimientos de
éste ni ante los prejuicios que existen en contra de su
actuación. Es más, le negocia su pasión, como quien
tiene pleno derecho a alcanzar el placer que proviene de
poseer al hombre deseado. Le promete a Shangó sus
servicios a cambio de su cama, servicios que no están
relacionados con acompañarlo o servirlo como “ama de
casa” sino con el hecho de ser su igual, de ser su ayuda en
la batalla contra su eterno rival Oggún. Al aceptar
Shangó su compañía, Oyá, con su astucia, decisión y
valentía, lo disfraza con sus ropas, y mediante este engaño,
Shangó confunde a Oggún y lo vence. Sabido es que sin
la ayuda femenina (Oyá/el vestuario), Shangó, que como dice
el patakí original sintió miedo de Oggún, no hubiera podido
ser el vencedor.
El
cuerpo de Oyá ha resultado modelizado doblemente: para
realzar sus valores de mujer y para que emerja como centro
narrativo del nuevo patakí. La historia encarna en su
figura el triunfo, como amante y como mujer astuta; le destaca
una fuerza semejante a la del hombre en su propia femeneidad.
El orisha guerrero, quien no la ama, se deja vencer por la
conveniencia de su ayuda y porque la diosa le ofrece el poder
de la astucia que él no posee. Oyá ha vencido a Shangó
no al estilo de los cuentos tradicionales, o sea, por su
belleza o por su bondad sino, por las cualidades de sabiduría,
fuerza y decisión que posee y que no se corresponden
precisamente, con el rol que la sociedad patriarcal atribuye a
la mujer.
Saldaña
ha fundido, con interés literario, varios patakíes en uno
para repetir las hazañas de la diosa Oyá. Su
estrategia ha buscado y destacado más en la narración su
valor cultural que su cualidad de ser un texto religioso.
Sus personajes, si bien tienen un modelo referencial en la
Regla de Ocha, no dejan de estar orientados hacia un enfoque
crítico del poder patriarcal. Su estilo marca una nueva
modalidad en la vía de hacer literatura transfiriendo un
patakí previo que se constituye en célula inicial de donde
parte toda una literatura que cumple las expectativas
contemporáneas.
Obras
citadas
Bolívar
Arostegui, Natalia. Los orishas en Cuba. La Habana: Unión,
1990.
Cofiño,
Manuel. Cuando la sangre se parece al fuego. La Habana: Arte y
Literatura, 1997.
Cros
Sandoval, Mercedes. Religiones Afrocubanas. Madrid: Playor,
1975.
Martínez
Furé, Rogelio. Diálogos Imaginarios. La Habana: Letras
Cubanas, 1997.
|
[1]
La
Regla de Ocha es el integrante africano más importante
para el surgimiento de la Santería en Cuba. Esta
creencia aporta un elemento básico, el panteón de
dioses u orishas que la conforma. La organización que
poseía este conjunto de deidades es lo que permite que
se produzca el llamado "sincretismo" con la
religión Católica |
|
[2]
Diálogos
Imaginarios (214)
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|
3]
Ifa es el sistema adivinatorio de la religión
yorubá. Orula, el orisha que habla en él, se expresa
por medio de leyendas, poemas,
fábulasyadivinanzasqueelsacerdote o babalawo tiene que
interpretar. Las tiradas de Ifá se conocen con el
nombre de letras y odus. |
| [4] Acto
feminista por parte de Saldaña, pues es bien conocido
que la mujer no puede ser babalawo o sacerdotisa en este
tipo de religión, ni leer por tanto la letra
adivinatoria de Ifá.
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Alicia
E. Vadillo
nació en Cárdenas, Cuba (1946). Ensayista,
conferencista y profesora. Graduada de la Universidad de La
Habana y de Syracuse University.
En la actualidad es catedrática en la Universidad de
Syracuse, en la ciudad de Syracuse, New York. Es especialista
en Literatura Caribeña Contemporánea. Ha publicado numerosos
ensayos en diversas publicaciones de prestigio internacional,
entre los que se destacan “Excilia Saldaña y su texto Kele Kele”
(Revista Folklore Americano, Universidad San Carlos de
Guatemala, Febrero 2002), “La escritura homoerótica cubana
contemporánea” (Antología del Ambiente, Alfaguara, Febrero 2002), “La
metáfora de Cuba en Maitreya”
(Boletín Circa. Universidad de Costa Rica, Enero-Marzo 2000),
“Una lectura metafórica entre comida y poder en la
literatura neobarroca cubana” (Boletín Circa. Universidad de Costa
Rica, Enero-Marzo 2000), “Una lectura homoerótica: La balada del Güije de Nicolás Guillén”
(Signos, Cuba, Enero 2000), “La Santería como base epistemológica de personajes homoeróticos
en Paradiso” (Umbral, Universidad Central de las Villas,
Cuba, Diciembre 1999), “La metamorfosis del signo lingüístico: artificio creativo de Severo
Sarduy en el texto artístico
Maitreya” (Symposium, Vol. 52, State University of
New York) y “Una possible re-escritura del “amor”
en la voz poética
de una mujer del tercer mundo: Soledad Cruz” (Aleph 8.2,
Penn State University, Pennsylvania). Es editora asistente de
la revista universitaria Point of Contact de la
Universidad de Syracuse. Su libro Santería y Vudú;
sexualidad y homoerotismo: caminos que se cruzan en la
literatura cubana contemporárea será publicado próximamente
por la editorial Biblioteca Nueva, Madrid, España.
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