Miami
Estados Unidos
Año IX 

Nº 49/50

Escríbanos    

 

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor  Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias

 

 

 

 

RADIOGRAFÍA DE UN DEPREDADOR

 

por

 

Lourdes Ferré

Personajes por orden de aparición:

 

ELENA: hermana gemela de Elisa. Ambas de 15 años.

CLOTILDE: abuela de Elena y Elisa.

AMELIA: madre de Elena y Elisa. Mujer de pocos estudios. 

PEDRO: buen mozo. Vividor. De unos 35 años.

ARSENIO: amigo y confidente de pedro. Cuarentón.

ELISA: confidente de su hermana Elena.

PARAMÉDICO 2                                                                   

POLICÍAS 2

 

                                      PRIMER ACTO  

 

ES TEMPRANO EN LA MAÑANA. AL ENCENDERSE LA LUZ, APARECE UNA ESPACIOSA COCINA COMEDOR. TODO ESTÁ ORDENADO Y PULCRAMENTE LIMPIO. APOYADA SOBRE UNA MESA RODEADA DE CUATRO SILLAS, ESTÁ ELENA TERMINANDO DE DESAYUNAR PARA MARCHARSE A ESTUDIAR A CASA DE SU AMIGA MICHELLE. SE LE NOTA SOMBRÍA, PREOCUPADA. LA JOVEN SE LEVANTA Y FRIEGA LOS UTENSILIOS COLOCÁNDOLOS EN SU LUGAR. EN ESO APARECE, APOYADA EN SU BASTÓN, LA ABUELA CLOTILDE.

CLOTILDE: Apúrate Elena, que ya tu amiga Michelle debe estar esperándote.

ELENA: ¡Ay! Abue, si ella vive aquí enfrente. Ni que viviera en la China.

CLOTILDE: Hoy no te levantaste cuando sonó el despertador.

ELENA: Tenía mucho sueño.

CLOTILDE: ¿Y eso?

SE PONE INQUIETA MIENTRAS TRATA DE ESQUIVAR LA MIRADA DE LA ABUELA.

ELENA: Es que anoche me quedé hasta muy tarde estudiando...

CLOTILDE: ¿Qué te pasa niña?

ELENA: ¿A mí?...Nada abue...

CLOTILDE: Es que de un tiempo a esta parte, te noto rara.

ELENA: Son cosas tuyas.

MIENTRAS HABLA, SE MUEVE NERVIOSA POR TODA POR LA COCINA ORDENANDO CUALQUIER COSA.

CLOTILDE: No sé, pero tu estás cambiá, si tu siempre ha sio un terremoto llena de alegría mi'ja, como un pajarito revoleteando y cantando por toda la casa.

ELENA: (Más nerviosa.)  Debe ser que los exámenes finales me tienen muy preocupada.

CLOTILDE: ¡Jummm!... ¡Mira mi’ja!...más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Pero  ¡bueno!...si tu dices que no te pasa na, pues serán cosas de esta vieja mal pensá,  

ELENA, CAMINA HASTA UNA DE LAS SILLAS Y SACA DE LA BOLSA UN LIBRO Y PAPELES Y AL OÍR LA VOZ DE SU MADRE, SALE RÁPIDAMENTE POR LA PUERTA QUE DA AL PATIO. DESDE EL INTERIOR DE LA CASA, EN VOZ ALTA, PERO SIN GRITAR, AMELIA LA LLAMA.

AMELIA: ¡Elena…Elena…! ¿Todavía estás ahí? 

ENTRA Y AL NOTAR QUE SU HIJA SE HA MARCHADO,  SE PONE HABLAR  POR TODA LA COCINA MALHUMORADA.

AMELIA: Yo no sé lo que le pasa a esta muchachita que siempre anda apurá y no me pone atención cuando le hablo. Está como ida, anda por las nubes. ¡Que va! A su eda, ya yo estaba de novia con su padre, a los diecisiete me case y a los dieciocho, ya las había parío a ella y a Elisa. Cuando en la sala de parto me dijeron, que venía otra más, por poco me da un patatú. Yo tan joven con gemelas.

CLOTILDE: Tú fuiste la que siendo tan joven, quiso casarse. Y no solo eso, dejaste la escuela.

AMELIA: Total, pare hijos y te sacarán los ojos.

CLOTILDE. ¿Y por qué dices eso?  Tus hijas son dos niñas muy buenas.

AMELIA: Si, yo sé que son buenas, pero siempre te la hacen. Bien que al poco tiempo de separarme de su padre, Elisa empezó con la cantaleta de que quería irse a vivir con él.

CLOTILDE: Y que nunca ha dicho el porque.

AMELIA: Hasta el día de hoy. ¿Y adonde fue Elena tan temprano?

CLOTILDE: Fue a la casa de Michelle a estudiar para los exámenes

AMELIA: Ah!...sí, se me había olvidao.

CLOTILDE: Desde niñas las dos siempre han andao juntas. Se quieren como si fueran hermanas.                                                  

AMELIA: (Se le cae un plato.)  Vaya, lo que me faltaba. Parece que hoy no es mi día.

CLOTILDE: ¿Qué te pasa?... Ya sé, es que ahorita se aparece el Pedrito pidiendo su desayuno y como todavía no lo has terminao...

AMELIA: (Mirando lo que está pasando.) No sé si será suficiente. Él es de muy buen comer.

CLOTILDE: Lo que es un buitre. Es más lo que come que lo que aporta.

AMELIA: (Soñadora.)  Pero es tan cariñoso conmigo, tan zalamero. Desde que lo conozco, me ha cambiao la vida.                                          

CLOTILDE: Mejor di que nos la ha cambiao a todas.                .

AMELIA: Bueno mamá, ahora déjame que quiero tener el desayuno ya servio pa cuado se levante Pedro.

CLOTILDE: Pero acuérdate que tienes que hablar con Elena.

AMELIA: (Algo molesta.) Si mamá, ya me lo dijiste ayer y ya me lo has repetio hoy.

MIENTRAS HABLA,  AMELIA SE DIRIGE AL INTERIOR DE LA CASA.

CLOTILDE: ¿Y a dónde vas ahora?

AMELIA: Voy a ver si Pedro ya se levantó.

CLOTILDE: ¡Pedro! ¡Pedro! ¡Pedro!...Oye niña, entérate, aquí vive más gente no sólo Pedro.

AMELIA: (Se detiene.) Y dale...la tienes agarra con él.

CLOTILDE: Acuérdate que cuando te enamoraste del padre de las niñas, mucho que te dije que ese hombre no te convenía y mira como te salió. Ajjj... tú y tus cegueras.                         

AMELIA: ¿Ceguera de qué, mamá? Desde que conozco a Pedro, sólo me ha dao cariño, vive para  mí,  siempre atento a mis cosas.

CLOTILDE: Si, claro.

AMELIA: En cambio, el padre de las niñas era un desgraciao mujeriego que no salía de la cantina emborrachándose con sus amigotes para luego llegar a la casa oliendo a alcohol y ni preguntaba si habíamos comio o no.

CLOTILDE: Eso sí es verda, él ha sio un padre muy despegao y basura como Mario.

AMELIA: Que va, no se puede comparar con Pedro.

CLOTILDE: Por lo que dices de Pedro, el hombre es una joyita.

AMELIA: Pedro no será una joyita mamá, pero sabe cómo hacerme feliz. Qué sabes tú lo que yo siento cuando estoy a su lao.

CLOTILDE: Mi’ja, si no te estoy criticando. Yo sé que toda mujer necesita el cariño, la atención y la compañía de un hombre, pero  esa misma necesida te ha vuelto insensible con lo que no sea Pedro.

AMELIA: (Furiosa.)  ¿Insensible? ¿Que no me ocupo de mis hijas? ¿Y tú me dices eso mamá?... a mí, que me he roto el lomo trabajando pa' que a ellas no les faltase na’, pa’poder sacarlas pa’lante, pa' que no pasen por to lo que yo he pasao.

CLOTILDE: Cálmate mi’ja. Yo sólo te he insistio en que averigues qué le pasa a tu hija Elena.

AMELIA: Ya mamá, ya. Si...voy a hablar con ella, aunque estoy segura que son cosas de  la edad.

CLOTILDE: No mi’ja, no, fíjate bien, Elena está mal, algo muy serio le está pasando.

AMELIA: ¿En serio mamá?... ¡Ay!!!...ya empezaste a asustarme con tu insistencia. (Transición.) Yo lo que si mamá, la he notao algo distraída, como en babia.

CLOTILDE: Eso mismo le he notao yo.

AMELIA: Bueno, ahora déjame que ahorita se levanta Pedro pidiendo su desayuno. Tu sabes que él es un tragón. (Se ríe)

MIENTRAS AMELIA ESTÁ TERMINANDO DE HABLAR, ENTRA PEDRO QUIEN  LENTAMENTE SE LE ACERCA Y MIMOSO, LE DA UN BESO EN EL CUELLO, ABRAZÁNDOLA POR DETRÁS.                                          

PEDRO: ¿Hablabas de mi ricura?

AMELIA: (Melosa.)  ¿Y de quién más, papi?

PEDRO: ¡Hummm!...que rico huele. ¿Qué estas haciendo de desayuno, mami?

CLOTILDE: Apareció el buitre. Ya sabía yo que tanto amor era por la barriga vacía.

PEDRO: Señora, pero que mal pensada es Ud. Todavía duda de mi amor por su hija,

CLOTILDE: Y tú qué pensaste ¿eh? seguro que me va a creer. Pues no joven, ya tengo muchas hojas de almanaque encima para ser tan ingenua como mi hija.

PEDRO: (Soltando a Amelia.) Ya se me bajó el ánimo. Mira, mami, mejor dame ya el desayuno. Es que hoy tengo una cita muy importante con el gerente de una fábrica. Voy a ver si consigo trabajo.

CLOTILDE: Voy a ver, dijo un ciego y nunca vió.

PEDRO: (Haciéndose el que no escuchó a Clotilde.) Es que yo no puedo estar sin dinero chica.

AMELIA: Yo te presto papi.  ¿Cuánto necesitas?

PEDRO: No mami, no. Ya tú me has prestado mucho dinero.   

AMELIA: ¡Ay!, déjate de eso. Tú sabes bien que lo mío es tuyo.

PEDRO: Bueno mami, lo voy a coger porque lo necesito pero seguro, seguro, que te lo devuelvo en cuanto pueda.

CLOTILDE: (Cantando.)  Palabras, palabra, palabras...

AMELIA SE METE LA MANO EN EL BOLSILLO DE SU DELANTAL Y SACA VARIOS BILLETES Y SE LOS PONE A PEDRO EN EL BOLSILLO DE LA CAMISA.

AMELIA: Toma, ya te dije que lo mío es tuyo.

DESPUÉS DE DARLE REPETIDAMENTE VARIOS BESOS A AMELIA, PEDRO SE MARCHA CORRIENDO POR LA PUERTA QUE DA AL PATIO.

AMELIA: (Corriendo tras él.) Pedro...Pedro mi amor, se te olvidó desayunar... ¡Ay! que hombre este.  (Se ríe)  Lo tengo loco.

CLOTILDE: Sigue... sigue comiendo de lo que pica el pollo. Parece mentira que a tu edad y con to lo que has pasao en la vida, sigas tan inmadura.

AMELIA NO LE CONTESTA Y COMIENZA A BUSCAR LAS COSAS PARA PREPARAR EL ALMUERZO.

CLOTILDE: En lugar de estar todo el tiempo oliéndole la bragueta a tu marido, lo que deberías de hacer es averiguar ya, qué es lo que le pasa a tu hija. Después no me digas que no te avisé.

AMELIA: (Volviéndose hacia Clotilde.) A ver mamá, dime, ¿tú has visto o has oído algo para que estés tan alarmá? 

CLOTILDE: No, pero sí me he fijao y esa niña luce muy preocupá, se sobresalta por to, como asustá por algo. Yo no sé lo que es, pero lo que sí sé es que algo le pasa a mi nieta. ¡Ja!... si no la conoceré yo.

AMELIA: ¡Ay vieja!...déjate de aspavientos. Seguro que Elena tiene algún noviecito y no se atreve a decirlo o teme que nos enteremos.

CLOTILDE: Pero que cachaza tú tienes. ¡Oye!... es de tu hija de quien te hablo no de la vecina de enfrente. ¡Chica!... ¿pa' que la pariste entonces?

AMELIA: Porque sino reventaba. (Más calmada.) Mira mamá, te prometo que hoy mismo voy a sentarme a hablar con Elena, tu nieta favorita,  y tú verás vieja, que son cosa de jovencita enamorá.

ASOMANDO LA CABEZA POR LA PUERTA DEL PATIO, APARECE ARSENIO, EL AMIGO DE PEDRO.

ARSENIO: ¡Doña!... ¿Está Pedro?

CLOTILDE: Buenos días, ¿no?

ARSENIO: (Burlón.) ¡Oh!... Excusadme distinguidísimas damas... ¡Buenos Días! (Hace una reverencia mientras habla.)

AMELIA: Hace un rato Pedro se fue a una cita de trabajo.

ARSENIO: ¡Ah... caray! Tenía un negocito para el compadre. Doñita, ¿sabe cuándo regresa? Es que me apura hablar con él.

AMELIA: Me imagino que a la hora de almorzar.  (Transición.) ¡Ay!... no sé. Dese una vueltecita luego... ¿Y por qué tanto apuro?... ¿Hay fuego?

ARSENIO: No se me enoje doñita, que ya me voy. Cuando venga el compadre, le dice que tengo algo muy bueno para él.

CLOTILDE: ¡Jummm!... Nada bueno debe ser el asunto viniendo de este sujeto. No sé, pero a mi este hombre no me gusta nadita, me da mala espina.

AMELIA: Mamá, por favor, que es amigo de Pedro.

CLOTILDE: Sí, ya veo, menudo amigo se gasta el Pedro, tan vulgar y mal educado... y tiene una cara. Aunque el Pedro tampoco es un cofre de oro, pero por lo menos, hay que reconocer que sabe comportarse.

CLOTILDE SE VA PARA DENTRO DE LA CASA.

ARSENIO: (Burlón.)  Parece que no le caigo bien a la veterana.

AMELIA: ¡Mire!... so fresco, respete...ella se llama Clotilde.

ARSENIO: Está bien doñita, ...mejor me voy porque parece que hoy aquí el día no esta pa’ fiesta.

VA A MARCHARSE PERO SE DETIENE MIRANDO HACIA DENTRO CON INSISTENCIA.

ARSENIO: Uste perdone, doñita, pero... y su hija Elena, ¿no está?

AMELIA: (Distraída.) Está estudiando con su amiguita Michelle(Transición.) Pero... ¡bueno! y a uste que le importa dónde está Elena.

ARSENIO: No se me ponga brava, doña, que solo era una cortesía.

SE MARCHA RNDOSE CÍNICAMENTE.

AMELIA: Yo no sé como Pedro puede tener estos amigotes de pacotilla. Ahí mamá tiene razón. A mí tampoco me gusta nadita este tipo. Bueno Amelia, a cocinar se ha dicho.

ENTRA ELENA. SE LE NOTA QUE ESTÁ MOLESTA.

AMELIA: ¡Niña!... que cara traes.  ¿Qué mosca te picó?

ELENA: Cuando venía para acá, me tropecé con Arsenio, el amigote de Pedro y otra vez se puso atrevido, piropeándome con groserías. (Imitándolo.) Mami... sabrosona. Estás de rechupete, si te agarro te pongo a gozaaa. ¡Ay!...es que no lo soporto.

AMELIA: Es un grosero.  Ni tu abuela ni yo lo pasamos.

ELENA: Michelle le tiene pánico. Con ella también se ha puesto grosero diciéndole indecencias pero ella no se atreve a decirle nada. Me ha dicho que cuando él la mira con esos ojos de sátiro en celo, ella tiembla toda.

AMELIA: Yo no sé cómo Pedro, tan distinto que es a ese tipejo, puede soportarlo. Deja que le diga lo que te hizo.

ELENA: Mejor no le digas nada, mami. No quiero líos entre hombres.

AMELIA: ¿Qué busca mi’ja?

ELENA: (Registrando entre unos papeles.) Vine a buscar unas notas que necesito. Ya tenemos los exámenes encima y si los paso, me gradúo.

AMELIA COMIENZA A CAMINAR HACIA EL INTERIOR DE LA CASA MIENTRAS LE HABLA A ELENA.

AMELIA: Que bueno mi’jita. Pero no te demores que en cuanto llegue Pedro, almorzamos... ¡Ah!... (Se detiene.) Después que comamos, quiero hablar contigo.

ELENA: ¿Sobre qué mami?

AMELIA: Es que tu abuela anda procupá porque dice que a ti te pasa algo y que...

ELENA: Ya le he dicho a abuela que no me pasa nada.

AMELIA: (Entrando al interior.)  ¡Ay!, estos muchachos de hoy que complicaos son Señor. Tú y tu hermana, como buenas gemelas, son igualitas, escurridizas, secretistas, misteriosas, etc., etc.,

ELENA VA A SALIR CUANDO SE TROPIEZA CON PEDRO QUE ENTRA.

PEDRO: (Autoritario.)  ¿Adónde vas?

ELENA: Ya le pedí permiso a mi madre para salir y a Ud., Señor, no tengo porque darle cuenta de lo que hago. Ud. No es mi padre.

PEDRO: Por suerte no lo soy, hubiera sido una desgracia.

ELENA SE MARCHA DEJANDO A PEDRO PARADO EN LA PUERTA  OBSERVANDO HACIA DONDE ELLA SE DIRIGE. AMELIA SALE DEL INTERIOR.

AMELIA: ¡Papi!...Que rápido regresaste... ¿Te dieron el trabajo?

PEDRO: Tengo que volver mañana para hablar con un supervisor. Ahora lo que quiero es meterme bajo la ducha, tengo mucho calor.

AMELIA: Tu socio Arsenio estuvo buscándote. Dijo que tiene algo bueno pa ti. A propósito, vas a tener que darle un hasta aquí a ese tipo.

PEDRO: ¿Qué pasó ahora con Arsenio.  ¿Otro problemita?... ya me esta cansando con sus pendejadas.

AMELIA: Otra vez acosando a Elena y diciéndole piropos groseros.

PEDRO:  ¡Ah...si!... Deja que lo agarre. Ya yo le he advertido que con Elena no se juega. Y si no entendió a las buenas... pues a las malas voy.

AMELIA: Ten cuidado, papi, ese tipo parece peligroso y a mi me luce que va armao.

PEDRO: Tranquila mami, tranquilita que aquí estoy yo para cuidarlas. Además, yo sé muy bien como tratar a sujetos como él. Te digo más... que se cuide él de mí.

ARSENIO ASOMA LA CABEZA POR LA PUERTA.

ARSENIO: Pedro, que buenos que ya llegaste. Necesito hablar contigo.

PEDRO: Que casualidad, yo contigo también. Amelia, déjanos solos.

AMELIA: Pero Pedro...

PEDRO: Amelia...

AMELIA: Está bien.

AMELIA SALE Y PEDRO ESPERA UN POCO PARA ESTAR SEGURO DE QUE ESTAN SOLOS.

ARSENIO: ¿Qué pasa Pedro?

PEDRO SE LE ACERCA Y CON VIOLENCIA, LO AGARRA POR EL CUELLO DE LA CAMISA ARRASTRÁNDOLO HASTA LA MESA Y APOYÁNDOLO SOBRE ELLA.

PEDRO: ¿Cuántas veces tengo que decirte que respetes a Elena?... que ni la mires... ¿es que tu no entiendes?... ¿o es que quieres buscarte un problema grande conmigo?

ARSENIO: (Asustado) Cálmate Pedrito... cálmate. Yo te voy a explicar, es que...

PEDRO: Es que nada... ¿no hay suficiente muchachitas en este barrio para satisfacer tu enfermiza lujuria?  ¿Tu hambre insaciable por hembras?

ARSENIO: Pedro, mi hermano... te juro que yo solamente la salude. Suéltame mano que me estás ahogando. Además, tu sabes que a ti yo siempre te he respetado.

PEDRO: (Soltándolo amenazador) Más te vale Arsenio, más te vale y que sea la última vez que te tengo que llamar la atención.

ARSENIO: Así será mano. Como tú digas.

PEDRO: Deja a Elena en paz, no vuelvas a molestarla. Te conviene escucharme por tu bien. Tu me conoces y sabes de lo que soy capaz. Que no me entere que la sigues acosando.

ARSENIO: (Levantando la mano.) Prometido hermano, prometido. Ahora ven, vamos que quiero mostrarte algo que sé te va a gustar.

ARSENIO: SE LE ACERCA PARA ABRAZARLO CONCILIADOR.

PEDRO: Quita chico. No tengo ganas de ir a ninguna parte.

ARSENIO: Vamos mano, olvídate ya de lo ocurrido, tu sabes que tu eres como mi hermano y que yo nunca te fallaría. Ven, tu verás lo que te tengo.

LE PASA EL BRAZO POR LOS HOMBROS Y AMBOS SALEN POR LA PUERTA DEL PATIO. ELENA ENTRA POR LA MISMA PUERTA, SACA EL MÓVIL DE LA MOCHILA Y MARCA. ESTÁ CAYENDO LA TARDE.

ELENA: Elisa... si, soy yo. Aproveché que vi a la gente salir de la casa para llamarte y contarte lo que me pasó anoche. Fue de terror mi hermanita. Te juro Eli, que ya no sé que voy a hacer, yo nunca pensé que me pasaría esto. ¡Claro que estoy asustada Eli!...es que ese hombre cada día esta más empecinado conmigo, me vigila, me acosa,  El colmo fue lo de anoche. ¡Niña!... que te cuento. Resulta que como había tanto calor, fui a abrir la ventana que da al patio para que me entrara fresco y ¿a que tu no sabes quién estaba allí, al lado de la ventana? El mismo que viste y calza... Si vieras las miradas que ese hombre me echó, me miró con unos ojos que parecía un gato de cómo le brillaban en la oscuridad. Yo creí que me moría del susto cuando lo vi.. Pensé que  iba a saltar para adentro y a violarme y rápido cerré la ventana y le puse la tranca. Espérate Eli, me pareció oír un ruido... (Se levanta asustada) Parece que son ideas mías, es que siempre estoy asustada. Anoche no pude pegar un ojo de lo nerviosa que estaba. Bueno...como te decía... ¿cómo?... no, no le digas nada a papi, puede ser peligroso para él, ya yo veré cómo hago para arreglar esto.  Eli,  yo no puedo irme de la casa y dejar a la abuela sola. Tu sabes que yo soy la que la atiendo y estoy al tanto de que tome su medicina. ¿El que...? Ay no Eli, no, ahora no me hables de eso que no tengo cabeza ni animo para pensar en fiesta. Si, ya sé que tengo que distraerme un poco. Bueno, está bien, voy a pensarlo. Claro que yo sé que es importante un baile de graduación.

ENTRA PEDRO Y SE QUEDA OYENDO.

ELENA: Deja ver, a lo mejor te hago caso, me embullo y vamos al baile.

AUTORITARIO Y MOLESTO, PEDRO LA INTERRUMPE.

PEDRO: ¿Con quién estás hablando, Elena?  ¿Con tu enamorado de la escuela?

ELENA BRINCA ASUSTADA.

ELENA: Y a Ud. que le importa, señor

PEDRO: Si me importa. Además, yo soy el hombre de esta casa.

ELENA: (Irónica) ¿No me diga? (Hablando al celular). Eli, te llamo después, ahora tengo que regresar a casa de Michelle. Si, todo está bien. No, no pasa nada. Que no Eli, no tienes porque venir, todo está bien. Te llamo luego.

SE LEVANTA GUARDANDO EL CELULAR EN LA MOCHILA,  SEGUIDAMENTE, SE ENCAMINA, CON PASOS RÁPIDOS, HACIA LA PUERTA DONDE ESTA PARADO PEDRO, AL PASAR POR SU LADO, ESTE LA AGARRA POR UN BRAZO.

PEDRO: Como me entere que andas brincando con un chico, ya verás Elena, ya verás.

ELENA: (Asustada.)  Por favor Pedro, déjeme que se me hace tarde, me van a cerrar la biblioteca y necesito unos libros…

PEDRO: (Susurrante) Así me gustan las nenas, mansitas.

LA SUELTA Y ELENA SALE CASI CORRIENDO PASANDO POR EL LADO DE LA ABUELA QUE VA A ENTRANDO.

CLOTILDE: Pedro, que le hizo a mi nieta que iba llorando.

PEDRO: ¿Yo? yo no le he hecho nada a Elena. Cómo le iba a hacer algo si yo la quiero como si fuera mi hija.

CLOTILDE: Por favor, no me haga reír que no tengo ganas.

PEDRO: Señora Clotilde, ¿por qué Ud. siempre me trata así, con ese tono,  si yo siempre le he mostrado mi aprecio y respeto?

CLOTILDE: Mire,  Pedro, lo que sucede es que Ud. a mi nunca me engañó. Yo siempre sospeché que algo en Ud. andaba mal y ya pude comprobar que no estaba equivocada…

PEDRO: …Si, ¿y cómo?

CLOTILDE: Sencillo, lo mandé a investigar y ya me informaron de la pata que cojea.

PEDRO: ¿No me diga?

CLOTILDE: Si le digo. Ya sé cuales son los sucios negocios que hace con su compinche el Arsenio.

PEDRO: A ver, Clotilde, dígame. ¿Cuáles son esos negocios sucios que tan mala opinión le han dado de mi persona?

CLOTILDE: No sea cínico Pedro, que yo se más de lo que supone. Y si sigue acosando a mi nieta, hablaré  y diré quien es en realidad Pedro, alias "el Alacrán". Y si no lo he hecho antes, es por mi hija que lo adora y sufriría mucho al enterarse de la clase de alimaña que metió en su casa

PEDRO: ¿Y entonces?... ¿A quién piensa contarle toda esa sarta de mentiras?

CLOTILDE: ¿Mentiras?... Mire, entre otras cosas, me informaron que Ud. tiene antecedentes penales por múltiples delitos. Y que si ahora se encuentra en la calle bajo palabra, es por una equivocación de las autoridades.

PERDIENDO LA COMPOSTURA, PEDRO SE LE ACERCA AMENAZADOR.

PEDRO: Es verdad todo lo que ha dicho, doña, pero me falta un delito más, el de degollar a una vieja entrometida y lengüilarga que yo conozco.

CLOTILDE: (Asustada retrocede mientras comienza a agitarse.)  No se me acerque, miserable.

PEDRO: Vieja, no me busque que me puede encontrar. Mire que soy mala comida cuando me atacan.

CLOTILDE: Vieja sí, pero no idiota como mi hija, que no se da cuenta de la clase de víbora venenosa que es Ud.

DISFRUTANDO DEL SUSTO DE LA ANCIANA QUE CADA VEZ SE AGITA  MÁS, PEDRO SACA UNA NAVAJA.

PEDRO: Ve esta navaja, con ella he cortado varias lenguas que me molestaban.

DE PRONTO, CLOTILDE SE LLEVA LA MANO AL PECHO LANZANDO UN PEQUEÑO GRITO.

CLOTILDE: ¡Ay!!!...Dios mío... me siento mal. Cállese Pedro y ayúdeme por favor que me siento muy mal...  ¡Ay!, me ahogo, que dolor. (Sofocada, se lleva la mano al pecho) mis pastillas... por favor,.. Pedro, trai...ga...mela...

CLOTILDE CAE SOBRE EL SUELO CADA VEZ MAS AGITADA. PEDRO LA CONTEMPLA  SIN MOVERSE.

CLOTILDE: Ay Dios... ayúdame... auxilio, que algui...en me...me...ayude. Pedro...que...me...mue...ro.

PIERDE EL CONOCIMIENTO CAYENDO AL SUELO. PEDRO GUARDA LA NAVAJA MIENTRAS SE LE ACERCA CALMADAMENTE Y  LE TOMA EL PULSO DEJANDO CAER EL BRAZO SOBRE EL PECHO DE LA ANCIANA.

PEDRO: ¡Bueno!...parece que la suerte me acompaña y ya esta vieja metida no me molestara más. La misma se me había convertido en un peligroso estorbo.

SE ESCUCHAN PASOS APURADOS AFUERA APARECIENDO ELISA. AL VER A LA ABUELA TIRADA EN EL SUELO Y A PEDRO A SU LADO, DA UN GRITO AHOGADO.

ELISA: ¡Abuelita!.., ¿qué te ha hecho este hombre?

PEDRO: ¡Hey! niña... que yo no le he hecho nada a tu abuela. Acabo de llegar y me la he encontrado en ese estado.

ELISA: ¿Que le pasó entonces?

PEDRO: Tal parece que sufrió un ataque al corazón. ¿Que tú querías? Ya ella estaba vieja y además, enferma. Era de esperarse le ocurriera esto en cualquier momento.

ELISA: Si, es verdad.

PEDRO: Es una pena, tan buena gente doña Clotilde. Conmigo era muy cariñosa.

ELISA: Voy a llamar a una ambulancia. A lo mejor todavía hay tiempo de salvarla.

SACA SU MÓVIL DEL BOLSO Y MARCA DANDO LOS DATOS. LLEGA AMELIA CON UN PAQUETE DEL SUPERMERCADO.

AMELIA: Elisa, mi'ja, que sorpresa. Pero...¿qué pasa? (Nota que la madre está en el suelo.) Mamá... qué le pasa a mamá?... ¡Ay Dios mío...!  viejita respóndeme. Pedro, ¿qué le pasó a mamá?

PEDRO: No sé, cuando llegué me la encontré ahí, en el suelo, sin conocimiento. Parece que sufrió un ataque al corazón. Pero cálmate Amelia, tú sabías que ella estaba muy enferma.

AMELIA: Es que es mi vieja, Pedro, es mi madre.

ELISA: (Abrazando a Amelia.) Ya mami, a lo mejor todavía hay tiempo para salvar a abuela…

AMELIA: ¿Tu crees mi'ja?... Es que yo no la veo respirar.

ELISA: Yo creo que sí respira mami, abuelita es fuerte.

AMELIA: Hay, cómo se demora la ambulancia. Y eso que el hospital está a dos cuadras de aquí.

LLEGAN LOS PARAMÉDICOS. TODOS OBSERVAN EN SILENCIO.

PARAMÉDICO: Hay que apurarse la señora todavía respira. Por favor, denme la tarjeta de salud de la paciente.

AMELIA: Enseguida.

ENTRA AL INTERIOR DE LA CASA. MIENTRAS, LOS PARAMÉDICOS CARGAN A CLOTILDE Y LA PONEN EN UNA CAMILLA SALIENDO DE LA CASA. AMELIA REGRESA DIRIGIÉNDOSE A PEDRO QUE HA ESTADO OBSERVÁNDOLO TODO EN UN EXTRAÑO SILENCIO

AMELIA: Mi amor, me acompañas, estoy muy nerviosa.

PEDRO: Yo voy después. Quiero esperar a Elena para informarle lo que pasa y llevarla al hospital.

MIENTRAS HABLA, LA VA EMPUJANDO SUAVEMENTE HACIA LA PUERTA DE SALIDA.

AMELIA: Bueno, entonces me voy que ya se va la ambulancia y no quiero dejar sola a mamá ni un instante.

YA SOLO, PEDRO SE DIRIGE HACIA LA PUERTA  QUE DA AL INTERIOR DE LA CASA PASÁNDOLE LLAVE. CIERRA LAS VENTANAS Y DIRIGIÉNDOSE AL RADIO, LO ENCIENDE Y PONE, ALGO ALTA, MÚSICA SUAVE. LAS PRIMERAS SOMBRAS DEL ANOCHECER VAN INVADIÉNDOLO TODO. PEDRO SE DETIENE  OBSERVANDO LA ESCENA SATISFECHO Y DIRIGIÉNDOSE HACIA EL RINCÓN MAS OSCURO, SE AGACHA. SEGUNDOS DESPUÉS, SE ESCUCHA LA VOZ DE ELENA ENTRANDO  A LA CASA.

ELENA: ¡Huy!.. que oscuro está todo. Mamá... mami... ¿ya esta la comida? (Suelta los libros sobre una silla) Pero... ¿que pasa? ¿Y dónde está la gente de esta casa? (Alzando la voz) ¿No hay nadie aquí?

PEDRO: (Incorporándose) Yo... Estamos solitos tú y yo.

ELENA SE VUELVE SORPRENDIDA HACIA LA VOZ Y DE PRONTO SE DA CUENTA DE SU SITUACIÓN. DESESPERADA, CORRE HACIA LA PUERTA QUE DA AL INTERIOR DE LA CASA Y COMIENZA A HALARLA.. AL VER QUE ESTA NO ABRE CORRE HACIA LA PUERTA DEL PATIO, PERO PEDRO LE CORTA EL PASO CERRÁNDOLA CON LLAVE.

PEDRO: Vamos, mi reina, mi vida, mi sueño dorado, no te me resistas más, si de todas maneras va a suceder. Te lo dije muchas veces, que no iba a parar hasta hacerte mía.

ELENA: Por favor Pedro no. Por lo que más quiera déjeme ir.

PEDRO: Pero si lo que más quiero es a ti. Desde la primera vez que te vi, te convertiste en mi obsesión, mi locura, si de sólo tenerte así, a mi merced, se me calienta la sangre, cómo me pides entonces que te deje, ahora que tengo la oportunidad de cumplir mi más ardiente deseo. No preciosa, ni loco desaprovecho esta oportunidad de tenerte entre mis brazos.

MIENTRAS HABLA, PEDRO SE LE HA IDO ACERCANDO LENTAMENTE Y ELLA RETROCEDIENDO. EL LOGRA LLEGAR A ELLA Y LA TOMA ENTRE SUS BRAZOS APRETÁNDOLA CONTRA SU PECHO.

PEDRO: (Excitado) Ven, no tengas miedo, Si no te voy a hacer daño, al contrario, te voy a hacer muy feliz…

ZAFÁNDOSE DE SUS BRAZOS, ELENA CORRE HACIA LA VENTANA Y TRATA DE ABRIRLA.

ELENA: Auxilio, Ayúdenme por favor.

PEDRO: Estate quieta Elena, mira que a ti no quiero lastimarte. De todas maneras va a suceder, así que no te me resistas más.

ELENA: (Llorando.) Pedro no, por piedad no, déjeme ir. Pero... ¿por qué? Ud. vive con mi madre y ella es muy feliz y lo quiere mucho. Por eso nunca le dije nada de sus intenciones. Si se entera se muere.

PEDRO: Pero yo te quiero a ti, muñeca, solo a ti. Eres tan hermosa, tan bella y estás tan rica.

LA AGARRA Y COMIENZA A BESARLA COMO UN LOCO, LA LEVANTA EN VILO Y COMIENZA A CAMINAR CON SU CARGA HACIA LA PUERTA QUE DA AL INTERIOR D LA CASA.

ELENA: (Luchando por zafarse) Pedro... ¿que está haciendo?  suélteme... ¡déjeme ir!... ¡no!... (Asustada)  ¿Adonde me lleva?

PEDRO: Al Paraíso, mi reina.

              

                                           APAGÓN

 

 

                                                   SEGUNDO ACTO

 

HAN PASADO TRES DÍAS Y ES YA MEDIODÍA. ENTRAN AMELIA Y ELISA, LAS DOS VESTIDAS DE NEGRO. AMELIA LUCE DEMACRADA. HAY UN BREVE SILENCIO QUE ROMPE AMELIA.  SENTÁNDOSE EN UN SILLÓN.

AMELIA: Estoy agotada mi'ja, estos días han sido terribles.

SE QUITA LOS ZAPATOS Y SE PONE UNAS ZAPATILLAS QUE LE ALCANZA ELISA.

AMELIA: ¡Hay!...cómo me duelen los pies.

SE LEVANTA Y SE DIRIGE A LA ESTUFA.

ELISA: ¿Qué vas a hacer mami?

AMELIA: Voy a colar café a ver si me reanimo.

ELENA: Porque mejor no te vas a tu cuarto y te recuestas un poco. Se te ve muy mal.

AMELIA: Es que esto tres días han sido terribles mi'ja. Los peores días de mi vida.

ELISA: Por eso mismo mami, vete a descansar que yo hago el café.

ELISA EMPIEZA A HACER CAFÉ.

AMELIA: Ha sio como si una maldición hubiera entrao en esta casa. Primero, a mamá le da ese ataque, se pone grave y se nos muere y ese mismo día, cuando regreso del hospital, me encuentro que tu hermana ya estaba con la depresión y no quiso abrirnos. ¡No vaya!...

ELISA: Bueno, mami, es comprensible lo de Elena, todos sabemos ella  adoraba a la abuela.

AMELIA: Si mi'ja, pero es que sigue encerrá y no ha querio hablar con nadie. Ni a hacer los exámenes fue, con to lo que estudio y con lo empeña que estaba por graduarse. Ya mamá me había advertio que algo le estaba pasando.

ELISA: Es que abuela era muy lista.

AMELIA: ¡Qué va!... ya lo de Elena es demasiao… Ni siquiera fue al hospital a verla, ni al velorio, ni al entierro, Tanto que ellas do se querían.

ELISA CUELA EL CAFÉ Y LOS SIRVE EN DOS TASAS

ELISA: (Trayéndole el café.) Toma mami, tómate el café ahora que está caliente.

AMELIA: Entonces yo estaba tan afligía que no insistí en hablar con ella. Pero ahora va a ver.

ELISA: Déjala tranquila mami. Ya ella saldrá y entonces la llevamos al médico.

AMELIA: ¿Qué si qué? Yo la llevo al médico aunque sea a rastra. ¿Cómo es Eli?... ¿siquiatra, no?

ELISA, RECOSTADA SOBRE LA PARED. NO LE CONTESTA.

AMELIA: ¡Niña! ...que te estoy hablando. Pa´ muda con tu hermana tengo.

ELISA: Es que estoy muy cansada mami.

AMELIA: ¿Tienes sueño mi'ja?

ELISA: Se me cierran los ojos mami

AMELIA: Pobrecita, es que nos levantamos tan temprano. Y ¿que me dices de anoche en el velorio? Como fue gente viste, yo no podía atenderlos de tanto que fueron  y eso me mato Eli,  estoy cansadísima.

ELISA: A mi me pasa igual.

AMELIA: Y como le mandaron coronas de flores los vecinos ¿viste?

ELISA: Ella era muy popular en la cuadra.

AMELIA: Sólo hace unos días que se nos fue y ya empiezo a extrañarla.

ELISA: Tan sabia e inteligente. A ella sí que no se le escapaba nada de lo que sucedía a su alrededor.

AMELIA: ¿Y porque tu dices eso Eli?  ¿Tú sabe