Miami
Estados Unidos
Año VII

 Nº 41/42

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad  de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 

Boletín Informativo

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MIGUEL HERNÁNDEZ: SU VISIÓN

 SOCIAL DE LA MUJER Y

 LA VIGENCIA DE SU POESÍA

 por

Maricel Mayor Marsán

     La mejor manera para conocer a un poeta es a través de su registro poético. Y cuando digo poeta, me refiero no solamente al artesano casual del verso, sino a la persona que como un todo define su vida a través de la poesía. Ese es el caso de Miguel Hernández. Por tanto, cada vez que queremos conocer o investigar algo más sobre este poeta de vida corta pero de obra abundante, es preciso recurrir a la lectura o relectura de su poesía. En cada uno de sus poemas encontramos una pista del historial de su vida y en cada renglón o verso una declaración de sus conceptos y valores más fundamentales.

 

     Miguel Hernández nació en 1910 y murió en 1942, a los treinta y un años de edad. Su formación escolar fue limitada debido a que su padre decidió sacarlo del colegio en donde estudiaba, antes de que terminara sus estudios. Su padre necesitaba que él lo ayudara en el cuidado de su ganado de cabras y no pensaba que una educación sólida era importante en su caso, pese a que los jesuitas le habían ofrecido costearle los gastos de una carrera al joven Miguel que por aquel entonces era un alumno destacado. Este comportamiento, aunque cruel y falta de visión, era frecuente en la España pobre y rural de principios del pasado siglo. Más sin embargo, los conocimientos adquiridos por Miguel Hernández en la Escuela del Ave María y el Colegio de Santo Domingo en Orihuela le bastaron para descubrir la fuente inagotable de la cultura universal.  

 

     A pesar de haber sido despojado de la posibilidad de continuar sus estudios, víctima de la injusticia del padre y obligado a realizar una labor no deseada, el joven Miguel Hernández buscó una manera alternativa de continuar con su aprendizaje y se convirtió en un autodidacta. Esto lo logró por medio de las lecturas a escondidas de su progenitor, aprovechando la luz del día y la soledad del campo mientras cuidaba las cabras de su padre, al igual que la luz de la luna y las interminables madrugadas robadas al sueño. En medio de su pobreza y desolación encontró la ayuda del religioso don Luis Almarcha, quien le prestó muchos libros para conciliar su apetito de lector. Otros los consiguió en la Biblioteca del Círculo de Bellas Artes y de amigos, como Ramón Sijé, en Orihuela.

 

     Por otra parte, la época que le tocó vivir a principios del siglo XX, en la plenitud de su niñez y juventud, estuvo saturada de grandes transformaciones y sismos sociales que sacudieron al mundo y muy en particular a su entorno, con dos nefastas guerras mundiales de fondo y la sangrienta Guerra Civil Española. Todos estos elementos de cambio e incertidumbre que fracturaron su existencia, así como todo lo que sufrió en carne propia, a consecuencias de su padre tiránico y cruel, contribuyeron a la formación de los conceptos de equidad y justicia social en la mente del poeta y a su posterior rebeldía personal ante todo lo establecido en aquel entonces.

 

     Y como detalle importante, debemos puntualizar que la relación entre Miguel Hernández y las mujeres que coincidieron en su espacio de vida fueron decisivas en la formación de sus puntos de vista y la posterior madurez social que él adquirió al correr de los años. Su madre, Concepción Gilabert Giner, sufrida y callada ante la presencia de un esposo tiránico y de carácter irascible, fue el primer ejemplo en su vida de lo que constituía la realidad para muchas mujeres de principios del siglo XX. Sus dos hermanas, Elvira y Encarnación, víctimas de la intransigencia del padre al igual que él, lo acercaron al sentir femenino de manera solidaria. Su novia y luego esposa, Josefina Manresa, trabajó como obrera en un taller de costura en Orihuela, lo cual la situaba en un plano diferente a la mayoría de las mujeres de su época que permanecían dentro de la casa, antes y después del matrimonio, para realizar única y exclusivamente las labores domésticas. Su relación de amistad con mujeres tan interesantes como la poeta cartagenera María Cegarra, profesora y primera mujer perito químico de España, la poeta, novelista y ensayista cartagenera Carmen Conde, una de las fundadoras de la Universidad Popular de Cartagena y la primera mujer en acceder a un puesto en la Real Academia Española, y la filósofa y pensadora malagueña María Zambrano, mentora literaria del poeta durante su estancia en Madrid, le proporcionaron ejemplos vivos del potencial de la mujer como intelectuales y profesionales que ellas eran.  Y por último, sus amores con la pintora gallega Maruja Mallo, mujer de vanguardia y total desenfado para la época que le tocó vivir, le brindaron al poeta la posibilidad de analizar y valorar muy de cerca a la mujer desde otras dimensiones, tales como la igualdad de género en todos los aspectos, incluyendo el plano sexual.  Aunque todas las mujeres mencionadas anteriormente no fueron las únicas que tuvieron alguna relación con Miguel Hernández en su quehacer diario, si podemos afirmar que estas son las mujeres que tuvieron una influencia más directa en su vida.

 

     Teniendo en cuenta todo lo anteriormente señalado, no es de extrañar que el Miguel Hernández poeta y el Miguel Hernández hombre se conjugaran en un todo para simultanear los acertijos que iba descubriendo y acertando en el camino de su vivir. Y entre estos, desarrolló una visión de igualdad social para la mujer que fue más allá de su tiempo real de vida. Analizando sus versos, se puede constatar como su poesía siempre realza el papel de la mujer desde varias perspectivas, que van desde un plano sensorial, erótico y amoroso hasta el amistoso, filial y social, sin dejar de ser respetuoso. Hay dos poemas breves en su libro Cancionero y Romancero de Ausencias (1938-1941), en donde se refleja esta simultaneidad:

 

TÚ ERES fatal ante la muerte.

Yo soy fatal ante la vida

Yo siempre en pie quisiera verte.

Tú quieres verte siempre hundida. (Poema 32)

 

     Aunque siempre se ha analizado y popularizado el poema número 25 de este libro “Llego con tres heridas / la del amor, / la de la muerte, / la de la vida.”, por la importancia que tiene en la síntesis de este poemario fundamental del autor, no son menos importantes los restantes, en cuanto se refiere al definir otros aspectos del testamento poético de Miguel Hernández. En el poema número 32 el poeta sigue remitiéndose a la vida miserable que le ha tocado vivir con reconocimiento de hecho, pero ante eso le habla a una voz femenina que se resiste a reconocer la muerte como una realidad tangible y le insta a ponerse de pie porque el personaje femenino, en este caso su esposa, se resiste a fortalecerse como ser humano. También se puede inferir que el poeta está alentando a la que dirige estos versos a superar su tristeza y melancolía, pero esto sería una lectura simple de sus versos. Miguel Hernández va más allá de la brevedad de un poema o de una metáfora aparentemente sencilla. Aquí el poeta da por sentado su deseo de que la mujer tenga que estar de pie, buscar su lugar en la sociedad y crecer.

 

     En el siguiente poema toma distancia de la relación afectiva que tiene con el personaje femenino del poema anterior y, generalizando, nos dice lo siguiente:

 

LA LUCIÉRNAGA en celo

relumbra más.

 

La mujer sin el hombre

apagada va.

 

Apagado va el hombre

sin luz de mujer.

 

La luciérnaga en celo

se deja ver. (Poema 34)

 

En este poema número 34, Miguel Hernández nos lanza un mensaje doble con diversas lecturas implícitas. En primer lugar, se luce en el plano erótico y amoroso, donde resalta la importancia del sexo y el amor en la vida, nos habla de lo que reluce y lo que se deja ver una luciérnaga en celo, con ese lenguaje típico de una persona que ha observado la vida como un ejercicio de contemplación de la naturaleza en plenitud. En segundo lugar, nos ofrece la importancia de la vinculación que, como hombre, él siente ante la falta de la mujer, pero a la vez reconoce los sentimientos de la mujer, despojándose de todo egoísmo al hacerse eco de las tristezas de ésta. En este aspecto, el poeta descubre sus sentimientos de igualdad en relación a la mujer en general. A diferencia de otros poetas que solamente le cantan a la mujer por su hermosura, por los placeres que ésta puede llegar a ofrecer o por los derivados de alguna relación pasada, Miguel Hernández no deja de preocuparse por el alma y la persona que alberga el cuerpo de la mujer amiga, hermana, madre, amante o esposa.

 

     En otro de sus poemarios anteriores, tal y como es el caso de su libro Viento del pueblo (1937), el joven poeta ya había definido su ideario personal, tanto en lo político, social como filosófico. Y específicamente, su posición en cuanto a la mujer la deja plasmada en dos poemas relacionados con este tema: “Los Cobardes” y “Pasionaria”.

 

     “Los Cobardes” es un largo poema en donde de manera fuerte y directa, a veces agresivo e increpante, el poeta se refiere a los hombres de proceder cobarde que de hombres solamente tienen el nombre y sale en defensa de la mujer española en los siguientes versos que forman parte del mismo:

 

“¿No os avergüenza mirar

en tanto lugar de España

a tanta mujer serena

bajo tantas amenazas?

 

Con esta manifestación, sólida y breve, como solía hacerlo Miguel Hernández en sus mejores momentos, más allá de increpar al hombre cobarde que es el significado esencial de este poema, en los cuatro versos anteriores el poeta da fe de la fortaleza de la mujer española, la cual a pesar de una vida sufrida sabe mantener la calma y la serenidad ante toda vicisitud. De haber vivido hasta nuestros días, no sería osado especular que el poeta ya se habría alzado en alguna campaña en contra de la violencia de género.

 

     En el poema “Pasionaria”, el poeta no oculta su admiración por la líder comunista española de aquel momento, realzando todo lo que desde su punto de vista ella representaba para los desfavorecidos sociales de España, pero es en los siguientes versos que forman parte del mencionado poema a los cuales me refiero, en donde nuevamente sale a flote su percepción totalmente favorable a la mujer en el aspecto social:

 

“Oscuro el mediodía,

la mujer redimida y agrandada,

naufragadas y heridas las gacelas

se reconocen al fulgor que envía

tu voz incandescente, manantial de candelas.”

 

Al utilizar los adjetivos de redimida y agrandada, el poeta manifiesta de manera rotunda su adhesión a los urgentes planteamientos de su época, en donde comenzaban a surgir voces que convocaban a la búsqueda de cambios en relación al tema de la mujer como persona y parte de una sociedad integral, al margen de las políticas partidistas que pueda exudar el poema. En este aspecto, Miguel Hernández superó los cánones de su época y su inteligencia visionaria lo llevó muy por delante del tiempo físico que le tocó vivir. He ahí la grandeza de este poeta de los pobres, de los despojados, de los de abajo y,  porque no así decirlo, de la mujer que por tanto tiempo fue relegada a planos inferiores.

 

     Mucho se ha hablado y escrito sobre la vida y obra del insigne poeta oriolano Miguel Hernández. No obstante, es mucho lo que nos queda por descubrir y desentrañar de sus versos que, con el paso del tiempo, lejos de ponerse obsoletos y encasillarse en el espacio particular de la época en que su autor los escribió, éstos se vuelven cada vez más vigentes y gozan de una contemporaneidad saludable.

 

Maricel Mayor Marsán nació en Santiago de Cuba (1952). Poeta, narradora, dramaturga, crítica literaria, editora y profesora.  Reside en los Estados Unidos desde 1972. Ha publicado los libros de poesía: Lágrimas de Papel (1975), 17 Poemas y un Saludo (1978), Rostro Cercano (1986), Un Corazón Dividido/A Split Heart (1998), Errores y Horrores/Sinopsis histórica poética del siglo XX (2000) y En el tiempo de los adioses (2003). Ha publicado el libro de teatro breve: Gravitaciones Teatrales (2002). Ha co-editado el libro de testimonios y coincidencias artísticas: Haz de incitaciones: poetas y artistas cubanos hablan (2003) y el libro de crítica literaria: Perfiles y Sombras (2005). Ha editado el libro: Español o Espanglish ¿Cuál es el futuro de nuestra lengua en los EE.UU.? (2005). Sus poemas, cuentos, obras de teatro y artículos han aparecido en publicaciones y antologías en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Israel, México, Puerto Rico, República Dominicana, Suecia y Uruguay.  Sus obras han sido traducidas al inglés y al italiano. Actualmente se dedica a la docencia   y es Directora de Redacción de la Revista Literaria Baquiana (www.baquiana.com), actividades que comparte con su labor de escritora. Ha participado en múltiples encuentros de escritores y académicos, como conferencista y como creadora, en las más destacadas universidades de los Estados Unidos y en otros países, así como en Festivales Internacionales de Poesía, la Feria Internacional del Libro de Miami y la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en Ciudad México, D.F. Fue distinguida con el Editor’s Choice Award en 1996 por la Biblioteca Nacional de Poesía de los EE.UU. La prestigiosa editorial Holt, Rinehart and Winston de los Estados Unidos ha incluido su poesía en la colección de libros de texto Exprésate que está siendo utilizada para el estudio del español en las escuelas a nivel secundario de la nación norteamericana.