Miami
Estados Unidos
Año VII 

Nº 41/42

Escríbanos    

Teatro

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad  de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad del Turabo

Puerto Rico

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo


 

Boletín Informativo

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OSCURO SOLILOQUIO

 

por

 

Antonio Redondo Andújar

 

En la pared central del escenario se proyecta un amanecer esplendoroso. El escenario está vacío, a excepción de una pequeña tarima. De pronto, completa oscuridad en la sala para que el personaje se sitúe sobre el citado objeto, frente a los espectadores. La pared central vuelve a iluminarse y el personaje, asimismo, aparece perfectamente iluminado. Tiene, aproximadamente, cincuenta años y va vestido, íntegramente, de negro. Siguiendo las indicaciones señaladas en el texto, dirá lo que sigue:

 

 

(Soñador) ¡Qué vanas que resultan las palabras que nadie ha de escuchar! (casi increpatorio) ¿Me oís? No es cierto. (soñador) Que nadie ha de escu­­­­­­­­­­­­­­­char... ¡Qué melodía! ¡Qué melodía tienen las palabras que nadie ha de escuchar!

 

(enunciativo) No me consuela. En el fondo no estoy desconsola­do. Nada queda en el fondo. Sólo nosotros. Yo. En la superficie. Vosotros. Sí. (casi increpatorio) ¿Me oís? (enunciativo) También voso­tros. En esta superficie. Sí, nosotros. Vosotros. También yo. (casi increpatorio) ¿Me oís? (soñador) ¡Oh, qué silencio! (enun­ciativo) Por mi parte os diré que las palabras no siempre me acompañan. Es más, voy a deciros que a veces me resulta sor­­­­­­pren­dente que se enlacen de forma que transmitan lo que pien­so con pelos y señales.

 

(soñador) Con pelos y señales... (severo) Perdonadme. (enunciati­vo) Nací, sin duda, un día... Dos problemas. He aquí dos proble­­­­­­­­mas. El primero será mi nacimiento. El segundo, mi tiem­po. No mi tiempo, mejor esa palabra, sólo tiempo. Mi nacimiento no es ningún problema, al menos para mí, no me es problema. En cuanto al otro, el tiem­po, sí es problema. El tiempo es una línea inacabable de pun­tos sucesivos... (ofendido) ¡Oh, patrañas! (enunciativo) Vamos a ver... Amor... Otra palabra. Todos somos iguales. Igual de esclavos... ¿De qué o de quién lo somos? Sí... Esclavos... de qué o de quién... Tendré que respondeos. Permi­tidme que antes lo piense un poco...

 

(pensativo) Nuestro tiempo... Nuestro tiempo perfecto... Nues­tro perfecto tiempo... (enunciativo) Los hombres más perfectos. Lo me­jor. Esclavos de unos dueños bondadosos que nos tienden la ma­­­­­­­­­­­­­­­­no... Estrechémosla. Así somos esclavos. Estrechándola...

 

(enunciativo) Pero eso es otro tema. Ser esclavos de aquéllos no es lo grave. Lo grave es engañarnos. No saberlo. Creer que somos libres. (ofendido) ¡Y lo somos! ¡Es verdad que lo somos! (enunciativo) Somos libres de no querer ser libres. (soñador) ¡Oh, palabras! (enun­ciativo) A veces las palabras dicen mucho. Otras veces tan sólo nos ofenden. ¿Os he ofendido yo? (pensativo) Tal vez. (tajante) No hay duda. (severo) Perdonadme.

 

(enunciativo) Decidme: ¿sois iguales? Desde aquí no distingo vues­tros rostros. Me parecéis iguales. Sí. ¿Lo sois? Igualdad de derechos para todos, no para cada uno, para todos. (soñador) ¡Oh, palabras! ¡Qué bonitas palabras! Para to­dos.

 

(irónico) ¿Formáis parte vosotros de ese todos? (pensativo) Sí, nuestro tiempo. El vuestro, el mío, el vuestro... Nuestro tiempo. (enunciativo) Volvamos a centrarnos. Sí, pensemos. A veces las palabras dicen mucho, hacen que lo ocultado aflore en ellas, se trans­forman en cosas, dicen mu­cho. (casi increpatorio) ¿Me oís? ¿Me oís todos igual si sois iguales? ¿O algunos escucháis algo distinto de lo que balbuceo? (soñador) ¡Oh, pala­­­­­­­­­­bras! ¡Qué bonitas palabras! (enunciativo) Balbuceo... La pri­mera persona, singular, verbo "balbucear", "yo balbuceo"... (soñador) Palabras... ¡Oh, palabras! (enunciativo) No sois libres. Como sois libres digo: "No sois libres". Porque podríais serlo no sois libres... (pen­sativo) ¡Oh, sí, sois tan iguales...! Qué silencio...

 

(enunciativo) Decidme: ¿sois iguales? Os ofende... Os ofende pues os creéis distintos. Distintos pero iguales en el fondo. Igual­dad de derechos. (ofendido) ¡Qué patraña! (enunciativo) Os habéis levan­tado. Habéis desayunado y almorzado. Habéis hablado, sí. Unos más y otros menos, desde luego... (soñador) Sí... (colo­­­­­­­­­­quial) ¿Qué os estaba diciendo? ¡Ah, sí, recuerdo! Los recuerdos que amar­­­­­­­­­­­­­gan... (soñador) ¡Ah, recuerdos! ¡Parecéis tan felices con recuerdos! ¡Parecéis tan felices recordando tan sólo esos recuerdos! (enunciativo) Yo también soy feliz cuando recuerdo que habré de descifrar esos recuerdos... (ofendido) ¡Oh, pa­trañas! (enunciativo) Las palabras, a veces, nada dicen. Son bonitas tal vez, juego tan sólo. Juego vacío, sin ningún sentido, nada válido en él, palabras vanas. Otras veces, sin duda, desconciertan. Ni una duda. No te­néis ni una duda. Sabéis quién sois, qué amáis, quién os desea. ¿Sa­béis vivir, tal vez? (exaltado) ¡Oh, qué otra vida! ¡Qué otra vida bus­car sino esta vida por fin hecha presente! (severo) Perdonadme. (enun­ciativo) Vosotros que creéis en otra vida ya no creéis en ella, estáis desnudos sin saber que lo estáis, esto es lo triste. Todo muer­to, decís, pero vivimos. Si fuera así de cierto, este discurso no tendría sentido. (casi increpatorio) ¿No lo tiene? ¿Me oís? ¡Oh, qué silencio! (enunciativo) Estamos tan desnudos que no vemos de qué forma lo estamos. (pensativo) Tan desnudos... (enunciativo) Tan desnudos que parecemos libres, mas no queremos serlo. ¿O sí queremos? Sí, decís, lo queremos. De tal forma queremos que lo somos. (tajante) ¡Qué patraña! (enun­ciativo) Lo somos. No lo somos. No lo somos porque podemos serlo. (severo) Perdonadme.

 

(enunciativo) A veces las palabras dicen mucho. No saben enla­zarse, pero dicen. No saben descifrar, pero iluminan. (soñador) ¡Pala­bras! ¡Oh, palabras! (severo) Perdonadme. (enunciativo) Al fin y al cabo, no tenéis la culpa. ¿O la tenéis, tal vez? (severo) Sí. La tenéis. Sin duda, la tenéis. Sé que podríais, en el fondo, evitarlo. (enunciati­vo) Todos somos culpables de todos nuestros actos, sobre todo de aquello que damos por fijado, que olvidamos. (desesperanzado) ¡Tiem­po, tiempo, otra vez nuestro tiempo...! (enunciativo) Siempre las mismas frases, siempre, repetidas... Todo lo proyectado, lo in­consciente, habrá de ser el tema. Así por siempre... (alegre) Quizás por siempre no. ¿Veis? ¡Amanece! Detrás de mí. ¿Lo veis?

 

(enunciativo) Quiero ser libre, me dije sin saber que ya lo era. (so­ñador) ¡Palabras! ¡Oh, palabras con sentido mas dichas sin sentido! (enunciativo) Si me fuera posible transmitir un sentido hallaría repo­so mi ser enajenado. (pensativo) Sí. Sin duda. Mi ser enajenado. Co­mo el vuestro... También, sí, como el vuestro... (enunciativo) Es tan sólo el saber que estoy ena­jenado lo que me da la fuer­za para seguir hablando, hablando sin saber si lo que digo ha de ser escuchado... (pen­sativo) Sí. Sin duda. Sin duda alguien me escucha... (tajante) Re­tornemos.

 

(enunciativo) Amanece. ¿Lo veis? Sí que lo veis. (pensativo) Pregun­­­­­­­­­­­­tas... La última pregunta... (inquisidor) ¿Estaréis prepara­­­­­dos...? ¿Lo estaréis de ver­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­dad...? (cansado) Palabras... ¡Oh pala­­­­­bras...!

 

¡Qué vanas que resultan las palabras que nadie ha de escuchar! (casi increpatorio) ¿Me oís? (susurrante) No es cierto.

 

(Oscuridad)

 


Antonio Redondo Andújar nació en Almonacid de la Sierra (Zaragoza, España) en 1966. Desde 1988 reside en Barcelona. Es licenciado en Filosofía. Ha publicado las obras: Fantasmagorías entre poemas de amor que no deben ser cantados (Premio “Isabel de Portugal” de poesía en su VI convocatoria. Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1991); Tríptico doloroso y otros relatos (Institución Fernando el Católico. Zaragoza, 1993). “Nicodemo –tragedia–” (Las palabras del pararrayos. Barcelona, 1996; manuscritos.com, 2001); Memoria de la soledad arrebatada (Puente de la Aurora. Málaga, 1997); Fragmentos de una oda (P.O.E.M.A.S. Valladolid, 1998; El fantasma de la glorieta, 2002); Sin historia (Vinalia bolsillo. León, 1999); "Canción del peregrino". (En el libro “Poemas 1999”. Ayuntamiento de Zaragoza, 1999); "Paráfrasis de «La idea» –una lectura de Frans Masereel–” (Iralka. Irún, 1999); “Telegramas” (En el libro “Poemas 2000”. Ayuntamiento de Zaragoza, 2000) y “Fábulas humanas” (Manuscritos.com, 2001).