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“Uno es
más auténtico cuando más se parece
a lo
que ha soñado de sí mismo”.
Pedro
Almodóvar (Todo sobre mi madre)
A
Ulises Cala, que está conmigo en cada obra.
DRAMATIS
PERSONAE
Toni:
Joven pobre, 20 años.
Giselle:
Joven descendiente de ricos, 25 años
TIEMPO I
Escenario dividido en dos. A la izquierda el cuarto de Giselle,
iluminado tenuemente y con varios espejos que penden. Giselle,
que se prepara para salir, no se decide por un vestido. A la
derecha, casi a oscuras, está Toni, que deambula en la noche
vestido de cowboy, debajo del sombrero asoma un rostro imberbe.
En la mitad de Toni llueve.
GISELLE.
Me puse Giselle, a los marineros les gusta, es un nombre suave
que puede pronunciarse sin que parezca una mala palabra: Lily
Veneno, Juanita la Centrífuga, Nena Chupón, no. Giselle, como un
suspiro, como el ballet, como las ricas que viven en este
barrio mío, Los Palacios, este residencial sin negros ni
marineros, sin música ni ron. TONI. (Se esfuerza
por contener los sollozos.) La vida es una mierda.
GISELLE. (Escoge otro vestido y ensaya una coreografía de
cabaret.) Aquí las chicas tiran con la luz
apagada, no te dan el fondillo para no darte la espalda, o si te
lo dan es con las piernas cruzadas y pidiéndote discreción.
TONI. La vida es una mierda. GISELLE. (A
medida que escoge sus vestidos y ensaya las coreografías, el
público se da cuenta que Giselle es un muchacho que se trasviste.)
Me puse Giselle y surtió efecto, luego, cuando hablan de mí en
el barco, dan la impresión de haberse tirado a una princesa. La
princesa del movimiento y el desenfreno. El que necesite
pastillas que vaya a la farmacia. TONI. (Amenazante.)
La vida es una mierda. GISELLE. Al otro lado está el
puerto, el paraíso, se hace el amor en las aceras, frente a los
barcos, delante de quien sea, a la luz de la noche, de improviso.
TONI. (Que ha sacado una navaja.) Dios, ¿por qué
me mandas tanto y tan seguido? ¿Qué quieres de mí, que mate a mi
padre, que me mate? GISELLE. Todos me conocen, pero nadie
sabe quién soy, ignoran de dónde vengo, no se lo imaginan, pero
mis nalgas son las más lindas del Cabaret, mis caricias las más
codiciadas: El Trono de la Reina, La Tragante, El Vuelo del
Moscardón, La Ponzoña, La Escobita Pinareña, El Destupidor
Atómico, Los Tres Mosqueteros. El Hielito Coagulante. TONI.
¿De quién es la culpa, papá? ¿Mía, de mi hermano, tuya, de mi
madre por no haberse dado cuenta? De todas formas esta noche va
a acabarse todo. GISELLE. Soy una loca, una enferma
contagiosa, mi mal se les refleja en las pupilas desde que
empiezo a quitarme la ropa, a besarme los brazos, a bailar sobre
las mesas del Cabaret; bailo la música del alcohol, el guaguancó
del olvido, el vicio de los marineros, esa necesidad que tienen
de cogerme por donde más me muevo. TONI. Ayer pasé otra
noche frente a la puerta de su cuarto; por debajo se escurría
el tufo de la cerveza: papá roncaba, y por detrás repiqueteaban
los sollozos de mamá. (Lanzando navajazos al aire.)
¡Está viva, quizás le haya roto algo adentro, pero esta vez
tampoco la mató! GISELLE. Me puse Giselle y me idolatran;
nadie permite que interrumpan mi danza o mis vaivenes, hago lo
que quiero, lo que siempre supliqué y me negaron: “Un niño
educado no hace eso, Amadito, qué va a decir tu padre”. TONI.
Hoy va a acabarse todo. Mañana la casa estará más despejada,
quizá mi padre entienda, si la borrachera se lo permite, que
debió ser más papá y menos hombre; mamá, pese a su sumisión,
quizás entienda que debió ser más madre y menos esposa; mi
hermano no entenderá nada y será feliz. GISELLE. Tengo
todas las ventajas de las mujeres, sin las desventajas. Lo único
que no soporto es desmaquillarme, asistir, sin poder cerrar los
ojos, a la transformación de mí en mí mismo; es una humillación,
lo único que iguala la mirada de mi padre. TONI. Hoy es
el día de la libertad, al oscurecer, antes que el puerto
comenzara a apestar la cerveza y el semen, antes que los
truenos de los tambores anunciaran la indecencia, antes que los
marineros se pusieran a gotear, las groserías a llover, y la
obscenidad se abatiese sobre el puerto como granizos de mala
suerte, me puse mi traje de vaquero, y así, a salvo, pasé por
última vez frente a la Hostería del Caminante. En cinco minutos
llegaré a Los Palacios. GISELLE. Muchos piensan que vivo
en la Hostería del Caminante, siempre voy por un trago antes de
entrar al puerto, me gusta que Sinforiano me diga que estoy
bella, La Reina de la Tierra y del Amar; no imaginan que soy un
producto burgués, un subproducto; mi árbol genealógico se
extiende hasta el siglo XIII, en los terrenos de mi casa se han
librado las más feroces partidas de polo y de golf, sus pasillos
los caminaron virreyes y princesas, jamás un marinero ni un
tambor. (Giselle ha terminado de acicalarse, toma un trago
de ron y echa la caneca en la cartera, apaga la luz y sale. Todo
el escenario se convierte en la mitad de Toni.) TONI.
(Ha llegado a un parque, se sienta en un banco.)
Los Palacios. He aquí el paraíso, en este barrio la luna colorea
sin teñir, se respira el silencio, como si el dinero tuviera
unas nasas invisibles donde se ahogan los gritos. Hay defectos
que uno sólo se puede corregir siendo rico, la mala educación
es uno de ellos. (Se oyen a lo lejos unos gritos,
mezclados con malas palabras, y el chapoteo de los cuerpos en el
agua.) Dicen que lo más excitante de ser rico no es
serlo, sino hacerse rico, estos parecen que están celebrando la
fiesta ahora. (Transición.) Aunque parece ser que
la mayor riqueza es contentarse con lo que uno tiene. (Poniéndose
la navaja en la garganta.) Para mí la libertad siempre
empezó aquí, cuando estaba triste venía a Los Palacios, lloraba
un poco y retornaba al infierno del puerto, hoy será diferente,
me quedaré para siempre.
TIEMPO II
Se
escucha el taconeo de alguien que se acerca. Entra Giselle.
GISELLE.
Buenas noches.
TONI. (Sorprendido,
escondiendo la navaja.)
Buenas noches.
GISELLE.
No eres de por aquí.
TONI.
Ya me iba.
GISELLE.
Estás robando.
TONI.
No soy ladrón, señorita.
GISELLE.
A esta hora los López del Álamo se bañan en le piscina,
borrachos y en cueros. ¿Viste que el viejo se quita el bisoñé
antes de zambullir? Madame del Álamo tiene las tetas plásticas,
y el hijo tiene una fuerza…
TONI.
Tampoco soy mirahuecos, señorita.
GISELLE.
Los perros no han ladrado.
TONI.
Son perros buenos, aunque acaben destrozando a quien entre.
GISELLE.
Conoces Los Palacios.
TONI.
Me gustan las personas de aquí.
GISELLE.
Mientras más las conozcas más te gustarán los perros.
TONI.
Disculpe, buenas noches… (Intenta irse).
GISELLE.
Estás cagado de miedo.
TONI.
Para nada, señorita.
GISELLE.
¿Qué hacías aquí?
TONI.
Tomaba el aire, es todo.
GISELLE.
Estás en Los Palacios, zona privada, si quiero vas preso en
cinco minutos, tú lo sabes. (Reparando bien en él, oliendo,
intuyendo, buscando.) ¿Dónde vives?
TONI.
Calle Sierra, número 21.
GISELLE.
¿Calle Sierra, al lado del Cabaret? Hay cinco kilómetros de tu
casa aquí. ¿Caminaste cinco kilómetros para tomar aire? Voy a
llamar a la policía.
TONI.
Caminaría cien si fuera necesario.
GISELLE.
¿Desamor? ¿Problemas con la novia?
TONI.
No tengo novia.
GISELLE.
Estás arrancado: tienes lo que se llama una herida de plata,
esas heridas son complicadas; no son mortales, pero nunca se
cierran.
TONI.
Déjeme tranquilo, señorita, déjeme ir, por favor.
GISELLE.
¿Qué pueden haberte hecho para que estés así? Tu familia. Te han
cortado el agua y la luz.
TONI.
Me voy. (Intenta salir.)
GISELLE.
O peor, jamás te han querido. Tu padre no está contento porque
siempre quiso un hijo fuerte y tienes cara de maricón. Se
divorció de tu madre que ahora se ha casado con un tipo que te
detesta y al que tú detestas, pero no puedes ser de otra manera
que como te hizo Dios.
TONI.
(Regresando.) Dios no existe.
GISELLE.
Tú y tu padre sí.
TONI.
Mi padre siempre quiso tener un hijo fuerte.
GISELLE.
No te preocupes, todo el mundo tiene su lado homosexual.
TONI.
(Con fuerza.) No soy... nada
de eso.
GISELLE.
No sabes cuánto me tranquilizas, mi amor. Hay que celebrarlo.
(Saca la caneca de ron de la cartera y se da un trago largo.)
Cada vez son más raros los originales, hay copias de todo tipo.
(Le brinda a Toni).
TONI.
Gracias, no bebo. Y mis padres no están divorciados.
GISELLE.
No pareces estar muy orgulloso de eso.
TONI.
¿Qué sabe usted?
GISELLE.
Sólo lanzo conjeturas; es el principio de los médium, los
clientes se encargan de decir el resto.
TONI.
Los médium no existen.
GISELLE.
La gente los consulta cuando necesita hablar, pero es mejor
tomarse un trago.
TONI.
Hace unos días fui a ver
un médium con mi hermano.
GISELLE.
Tienes un hermano, qué interesante. ¿Y qué edad tiene?
TONI.
Nueve años.
GISELLE.
¿Y él qué dijo?
TONI.
No habló, nunca ha hablado.
GISELLE.
Eso es un tipo de médium que trabaja a la energía, son muy
sensibles, pero eficaces.
TONI.
Le hablo de mi hermano.
GISELLE.
(Confundida.) ¿Me hablas de tu hermano que no
habla?
TONI.
El médium me dijo que se moriría de tristeza en una semana.
GISELLE.
¿Y dices que fuiste a verlo cuándo, por Dios?
TONI.
No quiero saber nada de Dios, ni
de los médium.
GISELLE.
Los médium son medio…
entretenidos, a veces. (Le brinda un trago).
TONI.
Le he dicho que no quiero.
GISELLE.
¿Por qué?
TONI.
No me gusta.
GISELLE.
¿Nunca has probado?
TONI.
Jamás.
GISELLE.
¿Cómo sabes que no te gusta?
TONI.
Mi padre es un borracho.
GISELLE.
Pero lo quieres. (Bebiendo.) Nada como un ron a
esta hora de la madrugada. Prueba.
TONI.
No, gracias, señorita.
GISELLE.
Hazlo por tu apariencia, tienes un poco de mal aliento.
TONI.
Comí algo antes de salir que no tenía que haber comido…
GISELLE.
(Con dulzura.) Toma un trago, uno solo, te hará
bien. (Toni toma un sorbo.) Sin tos ni muecas. ¿Te
gustó?
TONI.
Al menos calienta. Al parecer usted ha tomado bastante hoy.
GISELLE.
Y lo que me falta. Son las pequeñas cosas que ayudan a vivir. ¿Mejoró
tu aliento?
TONI.
No sé.
GISELLE.
Acércate y respira. No tengas pena. (Toni se aproxima y
Giselle aprovecha para besarlo. Toni se retira).
TONI.
¿Qué hace?
GISELLE.
Asegurarme de que no eres maricón.
TONI.
Que no lo sea no quiere decir que voy a besarla.
GISELLE.
¿No te gusto?
TONI.
¿Usted?
GISELLE.
¿No te sientes atraído por mí? ¿No me encuentras sexy? ¿No
sientes que te puedo dar un postgrado de Educación Sexual sin
que toques un lápiz?
TONI.
Con permiso.
GISELLE.
Di lo que piensas.
TONI.
¿Si lo digo me dejará ir?
GISELLE.
Prometido.
TONI.
Una mujer puede ser sexy, irresistible, pero si cada vez que
abre la boca es para decir una vulgaridad para mí no tiene
interés. (Toni echa a correr).
TIEMPO III
Escenario dividido en dos. Giselle actúa, canta y baila en el
Cabaret, a la izquierda, Toni deambula a la derecha.
TIEMPO IV
Amanece.
A la izquierda Giselle, de regreso del Cabaret, entra en su
cuarto. Se ve cansado y borracho. A la derecha Toni, que sigue
deambulando.
GISELLE.
(Intuyendo, oliendo, buscando.) Aquí estuvo papá.
(Al espejo, desmaquillándose.) Estúpida, vulgar,
desagradable, ¿por qué tenías que joderlo tanto? Un muchacho
lleno de miedo, de orgullo. Las cosas no se obtienen así, lo más
difícil estaba hecho, un poco más y se emborrachaba, pero
tuviste que seguir pinchándolo. (Transición, refiriéndose
al padre.) Su colonia está en el aire. TONI.
(Que llega a su casa.) Qué diablos se han creído
estos ricos, que tener dinero los hace superiores. Como sus
ropas son más caras están más limpias, no, si las ropas del
pobre tienen huecos, las del rico tienen manchas. Como fueron
más tiempo a la escuela son más educados, no, yo sabía pensar
antes de entrar en la escuela, aunque me haya ido sin saber
leer. El dinero no es un pasaporte para meter las narices en los
asuntos ajenos; chiquilla consentida, chiquilla estúpida.
GISELLE. (Chequea sus cosas y se da cuenta que su
padre las registró, toma un álbum de fotos.) Papá; debes
haber visto la foto del Rey, el burrito colombiano, untándose
mermelada en el espadín, y habrás sentido lo mismo que cuando
entraste de improviso a la casa hace veinte años, seguro
cerraste igual los puños preguntándote si tenías derecho a
continuar. TONI. Esa imbécil me dijo que quiero a mi
padre, quizá tenga razón y así le esté pagando tanta y tanta
mierda. Todo lo hice por él: quería un hijo fuerte y lo fui, a
los cuatro años montaba a caballo, a los cinco me partieron la
cabeza, a los seis partí dos, a los siete mi primer par de
espuelas y mi sombrero tejano, a los ocho los guantes de boxeo,
a los nueve una cuña y a los diez Emilia; nos escondíamos en el
closet para acariciarnos, ella adoraba abrirme la punta del sexo
y aprendió a besármelo con la lengua, descubrimos que podíamos
hacérnoslo una a la otra, y le pusimos un número a esta posición,
el once, nos quedábamos así horas y horas, como dos angelitos
que libaran por primera vez la flor prometida, el olor nos
quedaba en la nariz y lo preservábamos de la ducha y el sol, del
aire y los adultos, como un tesoro efímero. GISELLE.
(Mirando una foto del álbum.) Esta también la viste:
un close-up del espadín de Rey. En algo así debiste pensar hace
veinte años, cuando encontraste a mamá desnuda, revolcándose
sobre la alfombra, ella no te oyó entrar, gritaba como una loca
las cosas que nunca te gritó a ti, que eres tan moralista y tan
mal palo; su amante si te oyó y dejó que llegaras, le jodía
compartirla contigo. (Mirando otra foto.) Aquí
estoy pintándome los labios con el espadín de Rey. TONI.
Dios nos ha castigado, Emilia, nos están saliendo pelos en el
pipi. A Dios no le gustan estos jueguitos. Cállate, Toni, Dios
no existe. GISELLE. (Mirando otra foto.)
Esta sí me da pena contigo, papá; cómo aceptar que tu hijo haya
caído más bajo que tu mujer, tu mujer a la que, veinte años
atrás, le habías llevado el desayuno a la cama una hora antes
que de costumbre. TONI. Alguien va a abrir la puerta,
Emilia. GISELLE. (Mirando otra foto.) Esta
me la tiraron sin avisar. Desnudo, cegado por el flash y el
placer, me parezco a mamá. TONI. Perdón, papá, estábamos
jugando. ¡Sin ropa! Perdón, papá. GISELLE. No lo perdones,
Rey, parece decir esta foto, reviéntale las nalgas. ¡Puta de
mierda! Te mato, en mi casa, en mi cama. ¡Con una mujer! ¡Tortillera!
¡Contigo, Violeta, contigo! Se lo diré a tu marido, a tu hijo. Y
tú te irás de la casa ahora mismo, sin nada, les doy dos horas
para que desaparezcan de Los Palacios, pediré el divorcio hoy
mismo, estás desheredada, estás muerta. Óyeme, mírame a los ojos,
¡suéltala!
TIEMPO V
La
Hostería del Caminante. Es un bar lúgubre. Toni, el único
cliente, bebe sentado a una mesa. Tiene la navaja en las manos,
la abre y la cierra, inquieto. Giselle entra por el fondo y va
hasta la mesa de Toni.
GISELLE.
Al parecer le cogiste el gusto al ron. ¿No te acuerdas de mí?
TONI. (Guardando
la navaja.) Sí.
GISELLE.
¿No me invitas a sentar?
TONI.
Disculpe, espero a alguien.
GISELLE.
Vas a empezar otra vez con las mentiras. (Toni se levanta.)
No seas tan susceptible. La única mujer que viene a la Hostería
del Caminante soy yo, ¿o es que estás esperando a un hombre?
TONI.
Jamás.
GISELLE.
Entones siéntate un momento, tengo unas cuantas excusas que
darte. (Se sientan).
TONI.
Sea breve.
GISELLE.
¿Cómo te llamas?
TONI.
Toni.
GISELLE.
Me llamo Giselle y tengo mucho gusto en conocerte. (Le
tiende la mano).
TONI. (Ignorando
el gesto.) Sí.
GISELLE.
Perdóname lo del otro día. Había tenido problemas en el trabajo
y me las desquité contigo. (Pausa.) Fui
desagradable, vulgar, estúpida. Te hice pasar un mal rato, lo
siento.
TONI. (Reparando
en ella.) ¿Trabaja de noche?
GISELLE.
Sí.
TONI.
¿Tan elegante? ¿Qué hace?
GISELLE.
Algo que no sé si te guste.
TONI.
Si le gusta a usted qué importa que no me guste a mí.
GISELLE.
Es un trabajito un poco… duro.
TONI.
Todos los trabajos son un poco duros.
GISELLE.
Él es duro por naturaleza. Soy… bailarina.
TONI.
Verdad que es un trabajo físico ¿Y dónde baila?
GISELLE.
Sabía que me ibas a preguntar eso… en el cabaret del puerto.
TONI. (Pausa.)
Al lado de mi casa.
GISELLE.
¿No vas a preguntarme si soy una puta?
TONI.
Lo que me pregunto es cómo viviendo en Los Palacios hace ese
trabajo.
GISELLE.
Es un secreto. ¿Sabes guardar secretos? Se ve que eres un hombre
con todas las de la ley.
TONI.
¿De verdad?
GISELLE.
Tu honor y tu orgullo están por encima de todo.
TONI.
Usted debe ser muy rica.
GISELLE.
(Con desazón.) ¿Te interesa
lo material?
TONI.
¿Qué hace en el cabaret del puerto, cuánto le pagan?
GISELLE.
No cobro, bueno, se la cobran conmigo. Quiero decir, no deseo
que me paguen, tendría que llenar planillas, papeles… Hay ricos,
como tú dices, que invierten su dinero en otras cosas: obras de
caridad, animales abandonados; yo prefiero experimentar por mí
misma, tener la medida del placer que ofrezco. Es verdad que
esas acciones no salen en la prensa pero son tan redentoras y
tan egoístas como las otras.
TONI.
¿Eres prostituta o bailarina?
GISELLE.
Debo ser prostituta, comienzas a tutearme.
TONI.
Perdone. ¿Qué es usted?
GISELLE.
A tu parecer, ¿uno es lo que es o lo que haga?
TONI.
Uno es lo que es.
GISELLE.
(Se le encima.) Soy una mujer.
TONI.
(Evasivo.) Llovía y me dije: voy a darme un trago.
GISELLE.
¿Te gustaría venir a verme bailar?
TONI.
¿Ahora?
GISELLE.
Comienzo a las dos.
TONI.
No soporto el ambiente del Cabaret.
GISELLE.
¿No te gustaría ver mi show?
TONI.
Claro que sí.
GISELLE.
(Al mesero, fuera de escena.) Sinforiano, pon
música.
Música.
TONI.
¿Qué hace? No, no, por favor. Está loca. (Giselle se sube
a la mesa y comienza a hacer un streap-tease, termina entre los
brazos de Toni.)
GISELLE.
Leves, así imaginé tus brazos.
TONI.
Espere, no, está equivocada.
GISELLE.
Tutéame, chico. ¿Por qué estoy equivocada?
TONI.
Usted, tú…
GISELLE.
Explícame.
TONI.
Estamos en un lugar público.
GISELLE.
Aquí no hay nadie, Sinforiano cerró y se fue… ¿O es que quieres
ir a mi casa?
TONI.
(Incrédulo.) ¿A Los
Palacios?
GISELLE.
Haremos el amor en la piscina, prepararé unos bocaditos…
TONI.
No me conoces, ¿por qué quieres hacer el amor conmigo?
GISELLE.
Porque me gustas.
TONI.
Debes hacer lo mismo con todos.
GISELLE.
Con todos los que me gustan.
TONI.
No me digas que quieres hacerme el amor, quieres...
GISELLE.
Para eso me voy al puerto, contigo pudiera ser diferente.
TONI.
¿Por qué?
GISELLE.
No sé, intento descubrirlo.
TONI.
Si supieras.
GISELLE.
¿Qué problemas tienes que yo no pueda resolver?
TONI.
Tengo tantos.
GISELLE.
Empieza por el más grande.
TONI.
El que más me confunde.
GISELLE.
Dale.
TONI.
¿Estás funcionando como una puta o como una mujer?
GISELLE.
Todas las putas son mujeres y todas las mujeres son putas.
TONI.
No todas las mujeres son putas.
GISELLE.
¿Estás seguro? La mujer que no lleve una puta dentro anda por la
vida como por una casa vacía. La putería es una condición
intermitente, puede dormir durante años, hasta que un día se
despierta y se queda en vela para cobrar cada noche de letargo.
TONI.
Confundes la putería con el amor.
GISELLE.
El amor es temporal, la putería es eterna.
TONI.
Debo irme.
GISELLE.
(Con fastidio.) Yo también.
TONI.
(Pausa.) ¿Podemos vernos
mañana?
GISELLE.
¿Estás seguro que quieres verme?
TONI.
Mañana, donde nos conocimos, a media noche. (Se va sin
despedirse.)
GISELLE.
Hasta mañana.
TONI.
(Retornándose.) Sabes, eres
muy bella. (Echa a correr.)
TIEMPO VI
GISELLE.
(En su cuarto, desvistiéndose.)
Cada vez me siento más imbécil. TONI. (De regreso a su
casa.) Dios mío, ¿dónde estoy metido? GISELLE.
Todo parece tan fácil: convencerlo, besarlo, emborracharlo.
TONI. ¿Podré decirle la verdad? GISELLE. ¿Y si no le
gusta? ¿Si me descubre antes de tiempo y se va? TONI.
Mejor es hablar claro. GISELLE. Ni soñarlo, a cualquier
otro menos a él. TONI. Sería capaz de hacerme un
escándalo. Aunque esas putas lo entienden todo. GISELLE.
A lo mejor, a la hora buena, se sofoca más que un marinero y
hasta se vira. TONI. ¿Pero y si no? GISELLE. ¿Si
le dijera que llevo este secreto como un tesoro y no como una
cruz? TONI. (Llega a su casa.)¿Si le dijera
que llevo este secreto como un tesoro y no como una cruz?
GISELLE. ¿Y si fuera sincero por primera vez? TONI.
(Empieza a desvestirse para darse un baño. A medida que se va
quitando las ropas el público constata que Toni es una
muchacha.)¿Y si fuera sincera por primera vez?
TIEMPO VII
El
mismo banco del segundo tiempo. Es de noche y llovizna. Giselle
hace rato que espera y está impaciente. Entra Toni, la
respiración agitada.
TONI.
Perdona el retraso.
GISELLE.
No sabías si venir o no.
TONI.
Mi padre, cada vez que se emborracha…
GISELLE.
La coge contigo.
TONI.
Peor, con mi madre.
GISELLE.
Le pega.
TONI.
No hablemos de eso.
GISELLE.
Tienes necesidad de hacerlo.
TONI.
Eso me está matando.
GISELLE.
¿Y tú, qué haces?
TONI.
¡Te dije que no quería hablar de eso! (Pausa.) No
sabes cómo le pega.
GISELLE.
Fueron así desde el principio.
TONI.
Toda mi vida la he estado oyendo
llorar. Un día acabará por matarla y para entonces no quisiera
estar vivo.
GISELLE.
Habla con él.
TONI.
No nos hablamos hace diez años.
GISELLE.
¿Qué pasó hace diez años, Toni?
TONI.
Desgracias.
GISELLE.
¿Y tu hermano?
TONI.
Mi hermano no habla.
GISELLE.
¿Es mudo?
TONI.
¿Estamos aquí para hablar de nosotros o de mi familia?
GISELLE.
Tu familia es parte de ti y tú eres parte de nosotros.
TONI.
(Pausa.) No soy lo que piensas.
GISELLE.
Nadie es lo que piensan los otros.
TONI.
Mi vida es un infierno, Giselle.
GISELLE.
Te la cambio por la mía, y te doy a mi padre Lucifer de vuelto.
TONI.
En tu infierno, cuando Lucifer te sube la llama, puedes tirarte
a la piscina.
GISELLE.
Yo creo que mi Lucifer es cocinero, porque tiene el barbecue
encendido todo el día.
TONI.
Yo no soy yo.
GISELLE.
Yo tampoco.
TONI.
¿Nadie es lo que piensan los otros?
GISELLE.
La personalidad es la mejor coartada que encuentra la gente para
proteger su verdadera personalidad.
TONI.
Estaba pensando en la primera personalidad de este pueblo.
GISELLE.
¿Por qué?
TONI.
Tiene tremenda personalidad.
GISELLE.
Y baila de lo más bien.
TONI.
¿Hay algo verdadero en este mundo?
GISELLE.
Claro que sí.
TONI.
¿El amor?
GISELLE.
No seas cursi, Toni.
TONI.
(Acordándose que es un cowboy.)
¿Qué cursi ni qué ocho cuartos?
GISELLE.
El amor es como Santa Claus, cualquiera puede ponerse su traje,
porque es una mentira colectiva en la que creímos alguna vez, y
que revelamos lo más tarde posible porque siempre hay un
inocente cerca.
TONI.
Eres pesimista con el amor.
GISELLE.
Al nacionalismo le dicen amor patrio; al vicio, amor libre; a la
impotencia, amor platónico; al egoísmo, amor propio. El único
amor verdadero, el amor eterno, es el amor de madre.
TONI. Pensé
que dirías el amor de Dios.
GISELLE.
No creo que Dios haya creado el
amor, sino Él no sabe lo que es estar enamorado.
TONI.
Dios es capaz de cualquier cosa,
hasta de no existir.
GISELLE.
¿Qué es para ti el amor?
TONI.
(Sin seguridad.) El amor es
un no se qué, que empieza no sé dónde, te pone no sé cómo y
termina no sé cuándo.
GISELLE.
Entonces debes amar como
quieras, donde quieras, cuando quieras y con quién tú quieras.
TONI.
Lo más bonito del amor son los comienzos.
GISELLE.
Por eso yo trato de comenzar cada vez que puedo.
TONI.
¿Has estado enamorada?
GISELLE.
No.
TONI.
¿Cómo lo sabes?
GISELLE.
¿Tú has estado enamorado?
TONI.
Sí.
GISELLE.
¿Cómo lo sabes?
TONI.
Una vez, no sabría explicarlo, pero se siente.
GISELLE.
Se siente venir.
TONI.
Creo que sí.
GISELLE.
Yo te siento venir.
TONI.
(Elusivo.) ¿No trabajas hoy?
GISELLE.
Estoy de vacaciones.
TONI.
Te siento venir también, pero tengo miedo.
GISELLE.
Miedo de tus miedos.
TONI.
Hablas como si estuvieras dentro de mí.
GISELLE.
Porque también tengo miedo.
TONI.
¿Miedo de qué?
GISELLE.
De ti, de mí, de mentir, de enamorarme, de sufrir.
(Pausa.) ¿Qué piensas de los homosexuales?
TONI.
¿A qué viene eso, piensas que soy…?
GISELLE.
Sólo quiero saber…
TONI.
(Fuera de si.) Por qué no te
he acariciado, por qué no te he pedido un beso, por qué no te he
cogido aquí mismo como han hecho los otros.
GISELLE.
Me gusta que no seas como los otros.
TONI.
Y a mí me gustaría ser como los otros.
GISELLE.
Disfruto más conversando contigo que con un marinero borracho
abrazado a mi espalda: De esta te preño, princesita.
TONI.
No podré preñarte nunca.
GISELLE.
Mejor, no me gustan los niños.
TONI.
Yo los adoro. (Pausa.) Nunca seré feliz.
GISELLE.
Entonces suicídate.
TONI.
(Buscando en el lugar donde guarda su navaja.)
Piensas que tengo miedo de…si has dicho eso es porque… o quizá
no lo pensaste. La vida es una mierda.
GISELLE.
El silencio, la oscuridad, la ausencia, eso es una mierda.
TONI.
Cada vez que podía me escapaba del puerto para venir aquí; me
encanta el silencio, la oscuridad, la ausencia.
GISELLE.
¿Ah, sí? A la mujer de mi madre le encanta mear de pie en un
urinario.
TONI.
(Un tiempo.) ¿Por qué me preguntaste por los
homosexuales?
GISELLE.
Curiosidad.
TONI.
¿Qué piensas tú?
GISELLE.
¿De ellos o de ellas?
TONI.
¿Para ti hay diferencia?
GISELLE.
Las tortilleras no son mi especialidad, prefiero los hombres. ¿Y
tú?
TONI.
Prefiero las mujeres.
GISELLE.
¿Nunca lo has hecho con un hombre?
TONI.
Jamás.
GISELLE.
Lo dices como si hubieras intentado. ¿No te gustaría probar?
TONI.
¿Lo has hecho con una mujer?
GISELLE.
No, pero si me lo pides lo haré por ti. ¿No lo harías por mí?
TONI.
No me pidas eso, me dan ganas de vomitar. (Echa a correr).
GISELLE.
¿Dónde vas? Toni, Toni. (Para sí.) Estúpida, otra
vez lo jodiste todo. (Saca su caneca y toma un largo
trago).
TIEMPO
VIII
TONI.
(Ha corrido mucho, cae al suelo.)
Nunca me habías visto desnuda, papá. Emilia echó a correr y me
quedé sola dentro del closet. Sabía que te había decepcionado,
que el mal era irreparable, pero, ¿no era yo un muchacho, no
tenía derecho a tener novia? Quise decir algo, pero vi tus dedos
venir sobre mi boca, lentos, y luego descender, como si
revisaran el daño de las caricias de Emilia. Tanteaste mis senos
insipientes, sus dolidas puntas, deslizaste tu índice por el
hilo de sudor que descendía hasta mi ombligo, y te lo llevaste a
la boca, acaso para comprobar el sabor de la deslealtad. Quise
cerrar los muslos, Dios es testigo, pero cerrándolos guardaba el
secreto de Emilia. Por eso dejé que los abrieras, que te
llevaras lo malo. Por eso acepté cuando dijiste que tenías que
limpiarlo todo con tu sexo, si era la única manera de
recuperarte yo estaba dispuesta, porque te quería, papá.
TIEMPO IX
GISELLE.
(En su cuarto, pasando imágenes en un proyector. A su lado un
vaso de ron que bebe a largos sorbos.)
Mi padre se hizo alcohólico, luego drogadicto, se dedicó a
hacer fiestas por miedo de morirse solo de una sobredosis.
Invitaba a las familias más importantes de la ciudad, que
siempre traían regalos, según ellos, necesarios para papá: Una
vez le regalaron una muñeca grandísima, que lloraba cuando la
acariciaban y reía si le daban una nalgada. Se veía que Papá no
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