Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 27/28

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

Luis H. Beltran

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

Boletín Informativo

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COMO LA VIDA

por

Harmonie Botella Chávez

 

 1

Un día como cualquier otro

 

 

               Hoy, llegas contento y feliz. Es domingo.  Tu mujer habrá preparado una comida exquisita, un postre de película y habrá puesto la cubertería de plata.

Has pasado la mañana con tus amigos, riendo y tapeando. Una cerveza tras otra cerveza. Uno vinito tras otro vinito  dan más alegría a la vida. Esperas que tu mujer no se haya pasado la mañana elaborando guisos y guisos porque realmente no tienes hambre. Los calamares a la romana y el pulpo a la gallega que te has tomado hace un ratito te han cortado el apetito.

            A ella no le extrañara. Comes poco.

            Abres la puerta de casa y ahí está. Es día festivo, la hora de comer y allí está ella con el chándal puesto intentando arreglar la lámpara del salón porque vienen vuestros amigos a tomar café y no tiene ganas que vean lo abandonada que está la casa.

            Que manía con la casa. Además de trabajar fuera, en un despacho, Maria limpia, lleva, ordena la casa. Le gusta que esté todo ordenado. Un punto a su favor.  Se ha dejado sus clases de inglés ya que con tanto trabajo no le da tiempo a descansar ni un minuto. Lo de las clases de inglés es una pena. Sacándose el título superior, que le faltaba poco, subiría de categoría, ganaría unas seis o siete mil pesetas más y podrías comprarte a plazo este televisor, pantalla plana que te gusta tanto.

             No entiendes como tu mujer se ha dejado  las clases. Al fin y al cabo el trabajo de  la casa, lo puede hacer una vez que los peques estén acostados.

            No sabe organizarse, porque cuando  los niños están acostados  se pone a arreglar los grifos que no funcionan, las bombillas fundidas. Como si todo esto fuera importante.

            No comprendes por que  tu mujer ha perdido su atractivo. Cuando erais novios, llevaba pantalones ajustados, mini-faldas, el pelo siempre lisito y un maquillaje de portada de revista del corazón.

            Ahora,  muchas veces cuando llegas de tus vinitos, lleva los rulos puestos y se depila las piernas a toda pastilla: tiene que llevar a los niños a una fiesta y no tiene tiempo de pasar tres horas en la pelu. La verdad es que si se cortase el pelo a lo chico, y llevase siempre vaquero no tendría estos problemas.

            Por regla general se acuesta a las once y media porque está “reventa”. No quiere quedarse contigo para ver la tele. Así que cuando te metes en la cama... y te gustaría algún cariñito la muy zorra se hace la dormida. Pero tu ya sabes que no es verdad, porque la oyes llorar. Dice que está deprimida

A buena hora inventaron la depresión. Tu mujer no puede estar deprimida... No tiene tiempo. No tiene tiempo ni para pensar lo que se va a poner el día siguiente para ir a trabajar, ni para ir al médico cuando le da guerra la úlcera.

            No tiene motivos para deprimirse. Tenéis todos los electrodomésticos posibles, los niños han dejado ya de llorar por las noches y cuando algún familiar puede quedarse con los chavales le da hasta un momentito para acudir a su asociación de mujeres para... ¿para qué?

            Esperemos que esto no sea una secta ni algo por el estilo. Bueno si le enseñan a coser ya no habrá que pagar a la señora que viene cada quince días a arreglar la ropa.

             A las mujeres, no hay quien las entienda. Se quieren casar, trabajar, tener hijos   y después se quejan. Si no están contentas que no se casen. A ver lo que harán por las noches en la cama ellas solas.

            Aunque dicen por ahí que las mujeres se las pueden ventilar muy bien sin nosotros.

            Pero vamos a ver. Si viven solas y hacen lo que quieren, gastan su dinerito sólo para ella, ¿quién se ocupará de los niños, de la comida, de la casa, del perro, de la economía familiar, de trabajar fuera... y además de darnos alegría por las noches?

            Si coges a una mujer de la limpieza para todo esto te resultara muy caro y para postre no está muy claro que tengas derecho a roce. Una profesional de la vida alegre, tampoco es plan. Te puede transmitir una enfermedad, lo hace muy rápido y además cuesta un ojo de la cara si te buscas a una que no esté muy mal ni muy mayor.

            Que complicada que es la vida. Más vale que te quedes con María, es más rentable, limpia y segura.

            Si no fuera por sus “depres” todo estaría muy bien. Pero ya se sabe que la mujer es un ser incompleto, con menos fuerza e inteligencia que un hombre.

            Así que a vivir con lo que  se tiene.

 

             Estás cansada de esta vida.

            Te levantas a las seis. Te duchas, limpias un poco la  casa. Preparas los desayunos y bocadillos de tus hijos, mirando constantemente el reloj. Tienes que despertar a tu marido y después a las  siete, antes de irte, a los niños. Todas las mañanas te peleas con ellos: no se quieren levantar, se les ha olvidado que firmes alguna notita para  el colegio o tienes que buscar enseguida una caja de zapatos vacía que necesitan para trabajos manuales.

            Sales corriendo para no perder el metro. Como no te has mirado en el espejo antes de salir, por la calle vas verificando tu atuendo, si tus zapatos están limpios, si tu pantalón, no está arrugado y de repente te das cuenta que te has puesto los calcetines de tu marido, esos negros que tienen un agujerito justo arriba y que no tienes ganas de coser. No te da tiempo a volver a casa. Esperemos que nadie se de cuenta.

            Una vez más has perdido el metro de las siete y treinta y cinco. Te toca esperar diez minutos. Bueno eres aún un poco positiva: diez minutos de descanso sin marido, hijos, jefe ni perro. Cierras los ojos para soñar un ratito...pero no puedes, sabes que en tu mesa del despacho te dejaste  un informe incompleto que tiene que salir a las once. Tratas durante estos diez minutos de tranquilidad de solucionar las dudas que tenías el viernes, antes de este final de semana agotador. No podías cerrar el informe porque te preocupaba más la merienda que prepararías  al día siguiente para los amigos que tu marido había invitado para celebrar tu cumpleaños. La verdad es que hubieras preferido ir al cine o al teatro. Esto nunca es posible,  no tienes tiempo, o hay un partido de fútbol o no sabes donde localizar a tu marido.

            No sabes ya porque te casaste... Si es verdad, estabas enamorada, querías compartir tu vida con él, tener cuatro o cinco hijos. Con uno de muestra ya tenías bastante. Nunca te hubieras imaginado el agobio que es tener a tu cargo dos niños pequeños y otro más grande: tu marido.

            Un marido es peor que un hijo. No te atiende, no te hace caso, no te ayuda y no puedes reñirle como a uno de tus vástagos. Claro como vas a reñirle: no es tu hijo, aunque él te considere algunas veces como su madre. Todo lo relativo a la casa depende de ti. Aún no sabe en que cajón están sus calzoncillos.

            Pasa de todo lo que está relacionado con la parte práctica de la vida. De repente ya no sabe ni preparar una tortilla para la cena de los niños, cuando tú llegas tarde. Es mucho más fácil llevarles al bar de la esquina y que les preparen un bocadillo. Mientras tanto, él puede tomarse dos o tres cervezas, un chato de vino y probar la última botella de orujo que ha traído, Amador, el dueño del bar.

            Vuelven  demasiado tarde a casa y no sabes nunca donde están. Cuando llegan, ellos muertos de sueño, y él feliz de la vida, te explica que los ha llevado al bar, para ahorrarte el fregar los platos.

            No tienes que fregar los platos pero, si, el suelo, ya  que nadie ha sacado el perro.

            Los niños se acuestan sin ducharse y sin haber preparado la cartera para el día siguiente. Regañas a tus hijos, pero ya no te oyen. Duermen.

Abres los ojos. El metro está a punto de llegar. Te levantas. Coges tu bolso, tu cartera, y la dichosa bolsa con el chándal que compraste el viernes pasado y tienes que cambiar porque es demasiado estrecho para el peque.

            No entiendes lo que ocurre. Alguien te ha pegado un empujón y estás medio atontada sin el bolso que acaban de robarte.

            Te ayuda Ángel, un vecino de tu urbanización. Te acompaña hasta comisaría para que pongas una denuncia. Te invita a tomar un café antes de volver a la estación  y te coge de la mano para ayudarte a entrar en el compartimiento. Te estremeces. Hace ya muchos años que nadie te coge de la mano. El contacto de esta mano sobre la tuya es inquietante. Has notado algo. Algo diferente.

            Te sientas y miras el reloj. Hoy llegarás con dos horas de atraso, sin bolso, sin llaves, sin dinero. Menos mal que no te han robado la cartera donde tienes el esquema del final del informe.

            Vuelves a cerrar los ojos durante el trayecto hasta la oficina. Si tu marido te cogiese de la mano, te sonriera y te mirara como lo hizo Ángel esta mañana, se lo perdonarías todo. Olvidarías sus olvidos, olvidarías que sólo eres la cocinera, la mujer de la limpieza, la niñera del apartamento número nueve de la urbanización de lujo Los Cisnes.

            Olvidarías que pasas muy poco tiempo con él. Olvidarías que él prefiere la compañía de sus amigos, de los vecinos de quién sea, con tal de encontrar otra cosa menos aburrida que el hogar, de demostrar que él es un hombre libre, sin atadura, que vive la vida a su aire y no tiene que rendir parte  a nadie de lo que hizo durante estas horas muertas del día. Se enorgullece de que no le caerá la casa encima. A lo mejor le caerá otra cosa y no sabrá cual es...

            Olvidarías que tus hijos se pasan los sábados y domingos preguntando por su padre y que lloran por que les hubiera apetecido ir al  zoológico  con él, en vez de darle a la pelota toda la tarde por los pasillos de la casa.

            Te preguntas lo que busca este extraño con quién te casaste. ¿Que busca fuera?   ¿Que quiere demostrar?

            Querrá rellenar su vacío. Este vacío que ha forjado él-mismo desde joven, y que ha ido ensanchándose cada vez más, por miedo. Miedo a que lo descubran. Miedo a que todos se den cuenta de su soledad, de su angustia, de sus miedos.

            Unas lágrimas caen sobre tus mejillas. No quieres pensar tanto. Te gustaría no analizar vuestra vida. Tu sicóloga ya te lo dijo. Tienes dos soluciones: le abandonas o le aguantas. No quieres abandonarle ni aguantarle.

            Te faltan unos minutos para llegar a tu estación. Te pintas los labios, recoges unas mechas locas que se pasean por tu frente y abandonas el único lugar donde puedes descansar y pensar.

            Menos mal que tus compañeros de trabajo son simpáticos. Sus bromas te hacen olvidar tus penas, las sombras grises que oscurecen tu vida.

            Ellos parecen felices. Hablan de sus parejas, hablan de lo que hacen juntos, hablan de su futuro.

            Tú ya no tienes futuro.

 

            Son las seis de la tarde. Si María no llega más pronto de la compra, tendrás que dejar a los niños solos para ir a dar una vuelta con tus amigos. Esta mujer se olvida de todo. Sabe muy bien que sales todos los días a estas horas para relajarte y olvidar tus problemas laborales, para olvidar que tienes que trabajar ocho horas diarias para pagar las letras, la comida, para olvidar que el matrimonio no es lo que tu pensabas, para olvidar que creías que tu vida de casado sería semejante a la de soltero con la única diferencia que  Maria estaría a tu lado, siempre tan guapa, tan sonriente.

            Maria ha cambiado. No es la misma. Ya no se ríe como antes. Tiene una mirada de reproche que te ofende. No dice nada. Solo mira y suspira.

            Miradas y suspiros. No sabes lo que quiere.

            Antes por lo menos, protestaba, gritaba... sin ningún resultado... y sabías que tenías una esposa a tu lado.

            ¿Por qué ha dejado de protestar y de gritar?

            Una mujer sin voz es como un fantasma... un fantasma errante...un fantasma en pena... en pena ¿de qué?

            No quiere  tener más hijos. Con los dos que tiene, dice que ya le sobra. A ti te hubiera gustado que naciera una nena para alegrar vuestro hogar... una nena rubia como ella, pero simpática como tú, una nena que te hubiera cuidado al llegar la vejez.

            Pero Maria se ha vuelto inhumana. Decidió  acabar con su tercer embarazo  antes que alguien sospechara de lo que fuera. Se lo prohibiste. Pero te dio a elegir: si no abortaba, se suicidaba. y es una mujer tan rara que tuviste que ceder.

            Si no se hubiera hecho esta ligadura de trompas hace poco, aún podrías soñar con esta nenita rubia, guapa y simpática...

 

             Abres la puerta de casa. No hay nadie. Pepe se ha marchado con los niños y el perro.¡ Que suerte! Tienes dos horas para ti sola antes de que vuelvan. Tenías pensado hacer una cena especial. No pasa nada. Guardas la compra en la nevera. La cena especial la harás mañana.

            Tu vida está hecha de” mañanas” que no existen. El mañana y el ayer son idénticos.

            Tu vida es  igual a un reloj. Los segundos, los minutos, las horas pasan sin que el tiempo avance .No sabes quien eres, ni lo que fuiste, ni lo que serás.

            Las lágrimas van derramándose como un río sin rumbo en tu garganta, tu cuerpo y tus ojos siguen secos, secos como tus sentimientos, tu sufrimiento. 

 

2

Un día muy especial

 

               23 de Febrero.  18h 30. Almacenes La Pava. 4º planta.

...¿A ver qué podrías regalar a María?  ¿Esta plancha de vapor, último modelo, o este gril micro ondas? Seguro que a María le apetece algo diferente, un perfume, un ramo de flores... tonterías de mujeres. Te decides por un juego de sartenes anti-adherentes porque te das cuenta que son las 18h 30 y que tus amigos te esperan para la partidita de los jueves. Tienes amigos en todos los sitios, amigos que te valoran, que te aprecian, y que saben que puedan contar contigo para lo que sea. Te consideran como el prototipo del hombre en toda la extensión de la palabra. Eres, amigable, hablas de lo que sea  con quien sea y jamás formulas una sola queja sobre tu vida personal. Según ellos eres un hombre con suerte.

 

             23 de Febrero. 18h 30. Galerías “La Pava”. Planta Baja.

            Dudas. Regalarías a José este perfume que anuncian todas las noches en la tele antes de las noticias  .Este perfume exótico, con olor a madreselva, este perfume que despierta los sentidos y remueve recuerdos de la juventud, recuerdos de antes. Diez años ya. Diez años que estáis casados. Diez años hace que empezó la cuenta atrás.

La mirada de José te espía, te condena en cada uno de tus actos. Sabes que no eres la mujer que él hubiera querido tener. Esposa dócil, esposa sumisa. Para agradarle tendrías que aceptar su forma de ser, aprobar sus salidas nocturnas, su desinterés por ti, ratificar sus desidias, olvidar que eres un utensilio que se coge y se deja después de haberlo utilizado.

            Luchaste con el fin de parar esta máquina infernal. El reloj diabólico no  atiende a razonamientos y su mecanismo elabora la telaraña que paraliza nuestros corazones. Eres  conciente de lo que ocurre  y no sabes cuanto tiempo aguantarás la máquina satánica que desmenuza vuestro porvenir. Necesitas palabras, caricias, dulzura, pero nadie te las da.

“..¿Señora que desea?...”

 

No sabes. Los olores de los perfumes se han mezclado y se han alojado en tu nariz, tu paladar, tu estómago. Tienes ganas de devolver, estás mareada. Abandonas la sección de perfumería de las Galerías “La Pava” y te refugias en la  cuarta planta: menaje y muebles. Te tumbas en un sillón de masajes del cual una joven dependienta hace la demostración. No te importa ser el conejillo de indias de este tipo de ventas. Si no fuera por los 855 euros  que vale  te lo llevarías a casa y se lo regalarías a José.

 

Se te ocurre una mejor idea. Hoy, jueves, tu hermana Lola, está libre y podría quedarse en casa con los niños mientras os vais al cine y después a cenar a un restaurante italiano. Una cena a la luz de las velas escuchando canciones de amor. Sería una forma de volver a empezar, una forma de acorralar el pasado y recomenzar sobre unas bases nuevas. Durante la cena le regalaría  este reloj que tanto le gusta.

Tu imaginación desborda de su cauce. Tienes que darte prisa, solucionarlo todo antes  de que llegue José. Llamas a Lola, compras el reloj, las entradas del cine y reservas una mesa. Esta noche será el principio de una  nueva etapa de tu vida. Amada y ser amada.

Regresas a casa. Son las  19h 30. Te da tiempo a ducharte, ponerte el vestido azul, el que gusta tanto a José y decirle a Lola lo que cenarán los niños.

20 h 35. José no ha vuelto aún y tu vestido azul pierde su apresto. Crees oír la melodía triste de las mandolinas italianas.

Pensando en  esta noche tan especial, vuelves a comprobar que llevas todo lo necesario en tu bolso: las entradas para  el cine, la tarjeta de crédito para el restaurante y el reloj que cambiará el paso del tiempo.

Lo niños han cenado y Lola les lee un cuento antes de acostarles. Son las 21 h 30, tu vestido lleno de arrugas te molesta, las medias te pican y los zapatos de tacón te oprimen los pies. Esperarás diez minutos más, no te enfadarás porque esta noche, es  la noche clave del renacer.

José, suele beber güisqui si está nervioso. Podrías hacer lo mismo. De esta  forma  estarás más alegre cuando él pase el umbral de la casa.

Has tomado tres vasitos y la verdad es que te encuentras muy bien. Tienes calor y la melodía de las mandolinas te impide pensar. Son las 22h 15. Necesitas algo fresco para reaccionar. Te agarras a la nevera y como una condenada bebes de un trago la última botella de coco-cola que no han tomado tus hijos... y ves sobre el banco de la cocina un enorme paquete. No sabes para quien es y tienes ganas de abrirlo.

Recapitulemos, hoy es vuestro aniversario de bodas. Has preparado una velada de ensueño para celebrar esta llama que se despierta en ti. Seguro que José ha pensado lo mismo. Arrancas el papel. Unas sartenes. ¿Será un chiste de mal gusto?

Mal gusto, buen gusto. ¿Qué está bien, qué está mal en esta vida? Tiras al suelo las sartenes y el papel. Lo rocías con el güisqui que queda. Purifiquemos las almas y los vanos deseos. Echas una cerilla y te ríes como una loca. Solo arde el papel.  ¡Que sartenes más estúpidas! ¿Por qué no querrán participar en la hoguera del  amor y del odio?

Lola es aún más estúpida que las sartenes. Vierte varias jarras de agua sobre la lumbre y para postre te mete debajo de la ducha, amenazándote de encerrarte en un siquiátrico.

Casi no la oyes. El lloro amargo de las mandolinas  ha invadido tu cerebro. Las sartenes bailan al compás del reloj y su sonido férreo y regular acompaña el llanto de la música italiana.

 

 

Menos mal que has dejado el regalo de María en el banco de la cocina antes de marcharte a casa de Manolo para jugar a las cartas. María no podrá  reprocharte no haber pensado en ella, en un día tan señalado. Has cumplido con el ritual. Seguro que ella no recuerda que día es hoy. Está tan preocupada por sus hijos, su trabajo y la casa que no tiene tiempo par fijarse en estos detalles.

23h45. Abres la puerta. Lo que te imaginabas. Está acostada. Es una mujer sin sentimientos, sin emociones.

Un olor  a quemado flota por toda la casa. Seguro que ha vuelto a quemar  la cena de los peques. O a lo mejor ha querido utilizar las nuevas sartenes y las ha olvidado sobre el fuego.

La luz de tu habitación está encendida  y ves a tu cuñada Lola, sentada en el borde de la cama  cerca de María.

Lola te mira de reojo y te hecha el vestido azul a la cara.

 

                        24 de Febrero. 6h 45. Te levantas, despiertas a tus hijos. Con este dolor de cabeza y estas nauseas no puedes ir a trabajar. Llamas a la oficina para avisar. Intentas recordar. No aflora nada. Solo recuerdas unas mandolinas discordantes y unas sartenes que aplauden. Las nauseas  perpetúan la  mezcla de perfumes que te embriagó, que te alienó.

Recuerdas. Recuerdas tus sentimientos equivocados, tu vida fallada desde ese verano caluroso en que caíste en la trampa de los falsos sentimientos.

Eras feliz. Y apareció José. Creíste sus sueños de grandeza, su amor irrespetuoso y descompasado. Te ofrecía la luna y la aceptase. Incauta. Una vez desenvuelta, la supuesta luna estaba  vacía.

La amargura baña tu memoria. Tu pasado   aburrido es anodino y tétrico.  Tu futuro no debe ser igual. Ni sombrío, ni fúnebre.

Esta fría mañana de invierno es la última de tu vida. Sólo quieres amaneceres primaverales, sonrisas, ilusiones. Se acabó la desdicha. Ansias la caricia del viento sobre tu rostro, el roce apasionado de los rayos de sol sobre tus pechos, la dulzura delicada  de la  lluvia resbalando por tus hombros. Tu felicidad depende de ti, de tu valentía.

 

Te  estás preguntando que te condujo a casarte con Maria, a vivir con ella. Tu vida es un caos. Siempre malas caras. Nunca sonríe.

¿Cuanto tiempo va a durar tu relación con Maria? Eres un hombre lanzado, enérgico, sin embargo en lo que se refiere a Maria no sabes como actuar. Te irías, la dejarías. Estás más que molesto por sus miradas de reproche, sus dolores de cabeza, su sentido de la perfección.

Ya no tienes ni ganas de hacer el amor con ella. Maria no demuestra ningún interés por el sexo. No busca tu cuerpo por las noches. Menos mal que tienes a Antonia para consolarte de tus penas.

Antonia y sus veinte años alegran tu vida, tus momentos de intimidad. Es la fuente viva del amor, de la lozanía. La amas y renaces entre sus brazos sedosos, sus manos gráciles y expertas, sus pechos delicados, las curvas profundas de su juvenil cuerpo.

Antonia, manantial de amor, de generosidad, de alegría. Antonia, Antonia...  Su nombre perturba tus sentidos, tu memoria. Es la gema que brilla en los meandros de tu torpe lucidez. La cabalgada nocturna de tu mente te transporta hacía las sábanas ardientes de este cuerpo nuevo, de esta figura  centelleante. Quieres repetir los gestos del amor, de la pasión, de la locura...más,  a tu lado duerme María. María deja tus manos bruscas, impetuosas e insolentes comprimir su cuerpo, violentar su mente. María está ausente, no participa en el juego del engaño. Si te devolviera algún que otro beso, tendrías la impresión de yacer con Antonia. Pero la muy tonta duerme o llora.

Sientes que te vas a volver loco. Esta doble vida te consume. Algún día, alguien se dará cuenta. Tienes que ser más cauteloso... o abandonar, de una vez por todas a María.

Abandonar a María es una tarea peligrosa. Abandonar a María es  renunciar a tus comodidades, desmantelar los cimientos de tu vida social y familiar. Tu casa es hermosa, tus hijos son un encanto y María te da pena. ¿Qué será sin ti?  ¿Cómo se las compondrá?  ¿Y la casa?, ¿quién se quedará con la casa? El juez es capaz de dejársela a ella porque tiene niños pequeños. Pero, bueno esta casa es tuya, la has ido pagando durante estos últimos años con el sudor de tu frente. Ella trabajaba, pero su sueldo era únicamente para el mantenimiento y el gasto diario, la ropa de los niños. La luz, el teléfono... Ella no pagó ninguna letra.

¿Donde viviréis Antonia y tú? No pretendes seguir viéndole, amarle, en estos hotelitos de mala muerte. Antonia merece lo mejor. Su carita angelical, su cuerpo celestial se merecen un altar.

Sus ojos verdes queman tu cuerpo. Sus labios carmesí estremecen tus pensamientos. Sus manos moldean cada parte de cuerpo. El fuego, la furia, la pasión arden en tu interior. Pierdes totalmente la concentración. A veces, piensas que depararías todo por la exuberante  y pródiga Antonia.

Antonia hace lo que tú deseas. Pasea desnuda por la habitación del hotel, no tiene problemas de horarios ni de hijos. Accede a tus caprichos al instante. Ímpetu de la pasión, ardor de la  exaltación te hacen licuar en un mismo torrente de confusión, sensaciones y sentimientos.

Antonia. Antonia...

Antonia, mientras tanto, juega al escondite con su vida,  Los juegos prohibidos agudizan sus sentidos, y la encaminan hacia horizontes sin fin. Pasatiempo y placer resuman de su ser. No eres más que un entretenimiento como cualquier otro entre sus manos arrogantes.

 

          El  soplo agrio del viento invernal barre tus últimas dudas. Tienes derecho a  ser feliz, a gozar de la vida, a deleitarte de los segundos, de los minutos, de las horas que fluyen.

El tiempo es tuyo, María. Puedes encauzar tu vida por segunda vez. Si te detienes en esta secuencia de inexistencia, sabes que tu porvenir quedará estancado.

Cerrando las puertas de tu pasado, vas abriendo las  entradas de tu mañana. ¿Quién te obliga a sufrir esta fría indiferencia, estas frases injuriosas, este trato ofensivo? Nadie. O mejor dicho tú misma te obligas a tolerar el dolor psicológico porque tienes miedo. Callas y disimulas la ofensa implícita del día a día. La humillación sorda e inquisitoria te martiriza.

Desdichada, humillada por palabras denigrantes, te has hundido en la rutina de la infelicidad, del desafecto. Querías palabras y caricias. Tuviste sarcasmos y disgustos. Escondiste a todos el reverso de tu semblanza por vergüenza, por miedo. Miedo a lo indecible, miedo a lo inexistente.

No seguirás disimulando tu amargura, eres valiente.

¿Cómo y por donde empezar? ¿Donde pedir ayuda?

Sola. Sabes que estas sola. Avanzarás contra vientos y mareas para alcanzar la paz interior.

  

3

Nuevos días

 

 

No recuerdas ya tu vida de amarguras. No recuerdas  lo que hiciste para estar aquí, en tu piso, sola, con tus hijos.

Una batalla legal para recobrar tu identidad.

No tienes que rendir cuentas a nadie. Vives para ti y para tus hijos. Se acabaron los gritos, los silencios.

Nadie te entiende a tu alrededor. Parecíais la pareja perfecta.

 No te importa la opinión de tus familiares. Hiciste lo que tenías que hacer para volver  a ser tu misma. Has osado romper los moldes preestablecidos. Puedes vivir sin oír la voz amargada que te  recriminaba tanto. Sonríes. ¿Cuanto tiempo hace que no has sonreído? Demasiado  tiempo. Habías olvidado el azul del cielo, los rayos ardientes del sol sobre tu piel.

El teléfono suena.

Es Ángel, tu vecino, tu amigo. Es la única persona que te ayudó a salir del abismo. Hombre atento y delicado. Pensar en Ángel, hablar con Ángel es sinónimo de renacer. Escuchas sus palabras y te sientes aliviada, amada. Amada. ¿Es amor  este dulce sentimiento que va naciendo en ti?

Si, amor. Amor en toda la extensión de la palabra. Vuelves a la vida.

 

Harmonie Botella Chávez nació en Alicante, España. Narradora y Profesora agregada de Francés en la Escuela Oficial de Idiomas de Alicante. Ha publicado la novela Ojos Que no ven. Editorial Jamais, Sevilla (2002). Ha participado en el Primer Festival de Literatura del Casino de El Campello con el relato: Él y Ella, en la organización del festival de presentación de Anuesca (Diciembre, 2001), del Primer concurso de cuentos de Navidad de El Campello (Diciembre, 2001), de la primera semana literaria de El Campello (Marzo, 2002) con la colaboración de la extensión Universitaria de la Universidad de Alicante y la Casa de cultura de El Campello y del Primer Certamen Bilingüe de Literatura de El Campello. Es colaboradora de la revista electrónica Webalia y cuentos suyos han sido publicados en las revistas impresas El Celador y El rincón del voluntariado, al igual que en el periódico La Illeta y en la Revista Literaria Baquiana (versión digital e impresa). Es presidenta de la Asociación de Nuevos Escritores de El Campello: Anuesca y de la Primera Revista Literaria de Anuesca.