Miami
Estados Unidos
Año V

 Nº 27/28

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

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 DISCURSO TRANSNACIONAL EN

SIBERIANA Y LAS CUATRO FUGAS

 DE MANUEL DE JESÚS DÍAZ

  por

 Emilia Yulzari


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     El escritor cubano Jesús Díaz (1941-2002), ya reconocido como uno de los autores más destacados de la narrativa hispanoamericana actual, no necesita una amplia presentación. Es dable recordar  que inició su carrera literaria en 1966, ganando con la colección de cuentos Los años duros el codiciado entonces premio Casa de las Américas. Posteriormente se desenvolvió como periodista, profesor y cineasta. En 1990 se radicó en Madrid, donde fundó y dirigió, hasta su muerte, la revista de más prestigio editada fuera de Cuba “Encuentro de la cultura cubana”.

     Díaz es autor de las novelas Las iniciales de la tierra (1987), Las palabras perdidas (1992), La piel y la máscara (1996), Dime algo sobre Cuba (1998). Las últimas dos, Siberiana (2000) y Las cuatro fugas de Manuel (2002),  constituyen el objeto de este trabajo.

     En 1977, trabajando en  el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficas) y para rodar la película documental La sexta parte del mundo, Jesús Díaz visita Siberia Oriental. Como en el caso de sus primeras tres novelas, que se basan en instancias autobiográficas, Siberiana recoge algunas de las experiencias allí vividas.

     Desde el mismo título el texto de Jesús Díaz anuncia el traspaso de las consabidas fronteras de la geografía cubana y ubica la acción  en Siberia. Allí traslada a un joven periodista cubano, negro y por añadidura de nombre Bárbaro, quien por reto ha aceptado, por primera vez en su vida, viajar al “fin del mundo”(p. 15), a la Última Thule  de la entonces Unión Soviética. Allí, él debe preparar un reportaje sobre la construcción del ferrocarril Baikal-Amur. Allí lo espera la siberiana Nadiezhda Shalámov González, quien será su intérprete y se convertirá en su obsesión amorosa.

     La novela está estructurada en cuatro partes, que llevan por títulos los nombre de los cuatro elementos de la naturaleza.

     La primera, “Aire”, constituye el viaje del joven cubano de La Habana a Moscú, pero también funciona como anticipo al referente geo y socio-político extratextual: el avión es un TU-104 soviético, así como su reloj “Poljot”; se anuncia asimismo que desde el aeropuerto de Sheremetievo en Moscú el protagonista seguirá su viaje hasta Irkutsk, en Siberia.

     Durante esta primera experiencia en el aire, Bárbaro recuerda su niñez, pasada en una miserable covacha, su adolescencia y juventud, dedicadas al estudio y al trabajo. Enamorado de su tía Lucinda, un amor imposible, pero falto todavía de experiencia sexual, Bárbaro ha prometido a su santo patrón antes del viaje de no volver virgen de Siberia.

     La segunda parte “Tierra” representa el viaje de Bárbaro por las tierras, cubiertas de insondables hielos perpetuos, pero antes que nada introduce a Nadiezhda, la siberiana de ojos azules, de “duro castellano mesetario” (p. 57), “frágil como un carámbano, dura como un pedernal, incomprensible como un enigma”(p. 62). Ella personificará el reto de vencer, de salir vivo y hecho un verdadero hombre de aquel helado infierno.

     El “Fuego” se materializa en un baño ruso, donde en vez de los tan anhelados agua y jabón, el cubano encuentra sólo vapor y latigazos, interrumpidos por las reminiscencias de sus vivencias siberianas. Lo estrafalario y lo incomprensible han empezado a adquirir nuevas dimensiones - de comprensión, de respeto mutuo y hasta de admiración.

     Al final es el “Agua”, el gran deshielo primaveral, la renovada esperanza  de obtener por fin el amor de Nadiezhda. Y es la  realización de este amor, la que conduce a los protagonistas al trágico e inesperado final: Bárbaro se enferma de pulmonía y muere, y Nadiezhda se ahoga en el río Angará.

     La última obra de Jesús Díaz Las cuatro fugas de Manuel (Espasa Calpe, 2002) ostenta un título prefigurador: señala explícitamente al actor protágonico y anuncia sus cuatro huidas.

     Se captan varios puntos de semejanza entre las dos novelas y uno de ellos es que la acción de la última se inicia y hasta cierto momento transcurre también en la Unión Soviética, esta vez en la ciudad de Járkov de Ucrania, días antes del desmoronamiento del gran imperio socialista. El joven científico Manuel Desdín se ve obligado a huir porque las autoridades cubanas quieren que regrese a Cuba “de vacaciones” por no haber cumplido las orientaciones: “que no anduviera con extranjeras, que fuera a clases, que no estuviera por allí repartiendo octavillas diversionistas sobre Ucrania independiente, que no hablara tanto del comemierda ese de Gorbachov, de la perestroika, ni de la glasnost […] que asistiera a las reuniones del colectivo y a los círculos de estudio sobre los discursos de Fidel […] que se pelara cortico como los hombres, que no usara sandalitas como las que tenía puestas ahora mismo” (pp. 33-34).

     Los cuatro intentos de Manuel de fugarse al Occidente constituyen las cuatro partes del texto, intituladas como las cuatro estaciones del año, comenzando por el Verano (del 1991). Las fugas terminan invariablemente en manos de la policía y ésta, por tratarse de un estudiante cubano, con pasaporte oficial, tres veces lo reembarca de vuelta al punto de partida - la agonizante Unión Soviética.

     En su desesperada búsqueda de encontrar refugio, Manuel atraviesa un continente en crisis, lleno de fugitivos de todas partes del planeta - desde emigrados políticos o criminales prófugos, hasta traficantes de armas y de coches, mafiosos flamantes del post-comunismo. Para engañar a las autoridades fronterizas se ve obligado a inventarse cada vez una nueva identidad. Y en este anhelo por alcanzar la autenticidad, la única salvación que le queda es destruir su identidad anterior, destrozando el símbolo de ella – el pasaporte cubano.

     El epílogo del relato revela la razón, por la cual Jesús Díaz había definido su última novela como non fiction novel: ésta plasma la historia real del personaje central, Manuel Desdín, quien llegó a ser hijo adoptivo del escritor y actualmente trabaja en la versión digital de “Encuentro en la Red”.

     Ahora bien, durante los últimos dos siglos, a opinión de Enrico Mario Santí (1996), el prevaleciente criterio, establecido por el canon literario cubano, ha constituido el concepto básico hasta que grado el texto contribuye al forjamiento de la identidad nacional. La configuración literaria de otros mundos socio-culturales, ajenos al territorio nacional, ha encontrado su expresión en lo que Emmanuel Levinas (2000) ha llamado textos “externos”, es decir los  que narran lo extraño desde los límites de lo propio, o sea la representación de otras imágenes y de otros sujetos, pero vistos desde el espacio cultural de la isla.

     Por otro lado, la nueva realidad cubana en las últimas tres o cuatro décadas ha contribuido a la formación de una identidad exílica, que transgrede el viejo canon de la identidad nacional y que  en la escritura se traduce en lo que Rafael Rojas ha denominado desnacionalización del texto[1]. La interacción entre la cultura nacional - lo cubano - y la externa - lo no-cubano, se traduce en la escritura en un entrelazamiento de lenguajes que pueden ser interpretados “de dentro” y “de fuera”, y es en esta interposición donde el canónico discurso nacional se transmuta en discurso transnacional. He aquí algunos de los componentes de dicho discurso en las dos novelas de Díaz:

     Una de las manifestaciones del discurso transnacional constituye la presencia de referentes reales que relacionan al texto con el extratexto, entre ellos antropónimos, topónimos  y vocablos eslavos o de otro origen extranjero, en algunos casos, incorrectamente transcritos. En Siberiana, por ejemplo, en oposición a la tradición española de traducir los nombres propios rusos (recuérdese León Tolstoi o incluso José Stalin), el texto presenta los antropónimos en su versión original: Nadiezdha, que significa Esperanza, Anastas Gueorguievich Bezújov, alusión al personaje de Guerra y paz, el médico Nikolai Fiodorovich Kataiev, homenaje al escritor Valentín Kataiev. Tal vez para recordarnos que se trata de escritura o para rendir homenaje a los grandes creadores de la ciencia, la literatura y las artes, todos los medios de transporte, o sea de transfronterización, en Las cuatro fugas de Manuel llevan nombres de ellos, empezando por el barco Martín Lutero, en que se fugaron los abuelos de Manuel y prosiguiendo con los trenes Nikolai Gógol, Antón Chéjov, Iván Turguénev, León Tolstoi, en Rusia, Franz Kafka en Alemania, Max Frisch en Suiza, los aviones Calvino y Mendeleiev, el ferry Copernico.

     En este contexto el  primer apellido de Nadiezhda – Shalamov - también puede captarse como homenaje al escritor disidente Harlam Shalamov, preso del GULAG y autor de Cuentos de Kolymá, publicados en tiempos de la perestroika.

     En el segundo texto son frecuentes no solamente los antroponímicos de origen eslavo: al lado de Ignati Derkáchev o Serguei Ostrovski, Misha, Sacha, Timofei, Mijail Gorbachov, Boris Yeltsin, encontramos también al judío Mijail Abdújov Moldstein, a la novia de Manuel que, siendo boliviana de origen alemán, se llama Erika Fesse, y más adelante, a toda una constelación de personajes increíbles, emigrantes o asilantes como el ruso Dimitri Andújov, la judía polaca pani Belisa, el kurdo Atanás, el ruso-alemán Nikolai Schubert, el iraní-alemán Ibrahim Al Pratter y muchos más.

     En el primer texto abundan los topónimos siberianos: Angará, Baikal, Amur, Irkust [Irkutsk], Miet Vidisnk [Miedvidinsk], Ust Ilimsk, Sibirskie Tselo [Sibirscoie Selo], Primariovskoye, etc.

     En el segundo, al lado de topónimos ucranianos y rusos como Járkov, Kiev, Moscú, Leningrado, Viborg, Volokolamsk, aparecen también Ystad, Malmö, Szczecin, Fürstenwalde, Eisenhüttenstadt, entre otros.

     La citación de extranjerismos constituye otro elemento del discurso transnacional en los relatos de Díaz. En Siberiana prevalecen los vocablos rusos como taigá, tundra, troika, isba, matriochka, chabka [shapka], papiroschka [papiroska], chorni. En Las cuatro fugas de Manuel, junto a voces como atlichnik, komunalka, bajtior [vajtior], stalóbaya [stalovaya], úkase, kvas, samovar, Elektriheskoe, hallamos también Hausemeisterin o Aussiedler. La mayoría de dichos vocablos no son traducidos, en raros casos aparecen explicados: “una sopa que Nadiezdah llamó börsh” en Siberiana (p. 104); “tajadas de salo, una especie de tocino con mucha grasa”  en  Las cuatro fugas … (p.112) [El énfasis es mío].

     El discurso transnacional se patentiza por mediatización de los personajes. En ambos textos, después de ser introducidos, ellos pasan por un desenvolvimiento posterior hasta experimentar una vehemente transición - de la intolerancia y la desconfianza, rasgos característicos de la identidad nacional, a la comprensión y la compenetración mutuas, características de una conciencia transnacional.

     Los propios actores protágonicos, así como otros personajes secundarios, son portadores de inherentes rasgos transnacionales.

    La protagonista de Siberiana es de padre ruso - Ossip Ossipovich Shalamov, preso político del GULAG, - y de madre española, hija de republicanos, la “perseguida sin tregua por las desgracias” (p. 159) Angustias González. Para la ruso-española Nadiezhda “ser siberiana significaba pertenecer al pueblo elegido, al escalón más alto de la trágica superioridad que a sus ojos le otorgaba el mero hecho de haber nacido rusa” (p. 80). Desde el inicio el cubano, casi un bárbaro, es para ella “tan tonto, tan cubano y tan negro” (p. 77) porque es un nierus, “que implicaba también un cierto grado de distancia e incluso de desprecio” (p. 81), y quien por ser negro además, era doblemente extranjero, un nierus absoluto.

     El discurso de Nadiezhda, así como de otros compatriotas suyos, personaliza la soberbia siberiana y la megalomanía soviética, rayantes con el chovinismo: Baikal es “el lago más profundo de la tierra” (p. 86); “la maderera de Ust Ilimsk contaba con la reserva de materia prima más grande del mundo”; Siberia es “mil veces más grande que México, veinte mil veces más grande que España, cien mil veces más grande que Cuba” (pp. 94-95), es “el continente más grande del planeta, la tierra con mayores reservas de agua, madera, petróleo, oro y minerales estratégicos en todo el universo” (p.101). Y “en un  tono que resultó provocador de tan irónico” (p. 137), Nadiezhda declara que Siberia es “un sitio absolutamente excepcional: el único lugar del mundo donde la mierda no apestaba” (p 138).

     Para Bárbaro el contacto con Siberia, este punto antípoda de la Isla tropical, “donde nunca había estado ningún cubano, ningún negro” (p. 59), constituye un choque violento que provoca su manifiesto rechazo: en aquel mundo siniestro “donde la luz y el calor eran tan escasos como la alegría” (p. 62), el cubano “lo detestaba absolutamente todo” (p. 61). “Siberia era  un infierno” (p.137), “los siberianos estaban locos pa´l carajo”  (p. 148); incluso su primera curación de la pulmonía es sólo una de “las bárbaras experiencias sufridas en Siberia” (p. 142).

     La dolorosa conciencia que Bárbaro experimenta de saberse un nierus, un chorni  y “por ello doblemente extranjero” (p. 70), es atenuada por primera vez en un banquete en su honor, donde lo nombran “tamadán” – un paradójico tamadán negro – y es cuando el cubano se desquita de los siberianos, contándoles de las maravillas arquitectónicas de La Habana. En un momento de ruptura, batiendo palmas junto a los demás, “poco a poco se fue sintiendo parte de aquel universo pese a no ser capaz de entender nada de aquella canción salvo la palabra taigí”   (p. 109). En el baño, donde Nadiezhda no lo puede acompañar, Bárbaro se ve obligado a comunicarse por medio de las siete palabras que sabe en ruso: da, niet, spasiva, jarashó, dabai, pashalsta, paiejali y a inventarse un lenguaje transnacional, una especie de ruspañol casi incomprensible: “¡Da, soy chorni como el carbón! ¿Qué coño pasa?” (p. 126).

     La transición de la incomprensión y del aborrecimiento a lo extraño hacia la aceptación, y hasta cierta compenetración con ello, se corrobora por medio de la ruptura que experimenta el protagonista al desprenderse, por fin, de la odiada ropa siberiana – ésta ha dejado de ser ya un disfraz ridículo, porque “demasiado calor le había dejado dentro aquella tierra helada” (p. 170). Un rasgo característico de la idiosincrasia nacional, de la cubanidad de Bárbaro, que el texto resalta, es su creencia en dos dioses, consecuencia del mestizaje y de la simbiosis religiosa afro-católica: “Changó y Santa Bárbara, que eran incomprensiblemente el mismo; un dios con dos nombres, dos caras y dos sexos, un dios macho y hembra” (p. 27). Algo más: “El hijo de Changó era Bárbaro, que había sido nombrado así en honor a la Santa” (p. 25).

A pesar de que en cierta instancia textual Bárbaro manifiesta su  convención de que “No era hijo de San Nicolás, sino de Changó” (p. 112), es sintomático que en el momento culminante - al cumplir su promesa de poseer a Nadiezhda, - él se muestra capaz de superar dicha intolerancia: “ya nadie nunca podría reprocharle nada. Ni Changó, ni Santa Bárbara […] ni el mismísimo Dios de los rusos” (p. 202). Este alejamiento de lo netamente nacional, que se da gracias a la fusión amorosa, implícitamente abarca no sólo valores religiosos y es, a mi juicio, una muestra de incipiente conciencia transnacional.

     El protagonista de la última novela de Jesús Díaz Manuel también es portador de  rasgos intrínsecamente transnacionales - su apellido Desdín, igual que el de la representante de las autoridades alemanas Genevieve Dessín, es de origen francés - sus antepasados fueron hugenotes que se escaparon de Francia a Alemania. Los abuelos maternos de Manuel, siendo protestantes, a su vez se vieron obligados a huir del nazismo en 1938.

     No obstante la heredada antipatía hacia los alemanes, el actor protagónico irónicamente se ve convertido, por derecho de sangre, en aspirante legal a ciudadano alemán: “Si era fugitivo de Cuba y de Rusia, si no habían querido aceptarlo en Suiza, ni en Suecia, ni en Estados Unidos, si no quería vivir en la pobreza polaca, ¿qué le quedaba?” (p. 170).

     En varias instancias el protagonista manifiesta explícitamente su indecisión entre reconocerse fugitivo y sentirse ciudadano cubano: “él se estaba fugando como un delincuente” (p. 46 ), a lo que se opone la siguiente enunciación: “la libreta de tapas rojas en cuya cubierta rezaba República de Cuba. Pasaporte Oficial […] le infundía confianza y lo hacía sentirse protegido” (p. 47). Y en otro momento, a pesar de que “las autoridades cubanas habían declarado oficialmente a Manuel ante las soviéticas como fugitivo” (p. 85), él se muestra “feliz de tener otra vez el pasaporte. Había dejado de ser una sombra para convertirse de nuevo en una persona y lo dijo, entusiasmado” (p. 86).

     Sin embargo, es precisamente este documento oficial el que constituye el mayor obstáculo para obtener refugio, y no asilo político, ya que “quienes partían al exilio lo hacían con un pasaporte gris ratón, calificado en la tapa de Ordinario” (pp. 47-48). El pasaporte oficial, en el que más tarde aparecen los cuños que le prohíben la entrada a Suiza y a Suecia, es la causa principal de un sinnúmero de malentendidos, de mentiras y de falsas identidades inventadas  -  desde la de un contrabandista hasta la de un espía secreto. Al llegar, por fin, a Berlín, después de tres fugas fracasadas, Manuel muestra conciencia de que el objeto que simboliza su identidad nacional ha sufrido una subversión y ha adquirido, además, otro valor metafórico – el de la frustración. Para reafirmar su autenticidad de personaje de no-nación experimenta una ruptura que se manifiesta en la destrucción física de este mismo objeto de significaciones simbólicas: “Se metió en un gabinete, sacó el pasaporte oficial de tapas rojas y lo desgarró página a página, minuciosamente, experimentando un intenso placer erótico cada vez que rompía la palabra Cuba” (p. 182).

     Si el vocablo fuga, según el Diccionario de la RAE (1992, s.v.), como término musical significa “composición que gira sobre un tema repetido en diferentes tonos”, en este relato transfronterizo las cuatro variaciones giran sobre el tema del sujeto, que al ser despojado de su identidad nacional, se ha transformado en una especie de apátrida, o más bien en sujeto de conciencia exílica, propia del multiculturalismo postnacional.

     La fuga entonces deviene la alegoría de la nacionalidad perdida, de la identidad nacional subvertida, y ésta provoca en la escritura la desintegración del canónico discurso nacional.

     Para concluir: las manifestaciones del discurso transnacional en Siberiana le atribuyen categoría de “texto externo” - en él, junto a otros rasgos indicados anteriormente, el protagonista, que sigue siendo un chorni cubano hasta el final, llega a identificarse, aun parcialmente, con lo no-cubano. Las cuatro fugas de Manuel,  a su vez, podría calificarse de “texto desnacionalizado”, ya que el actor protagónico se despoja – por lo menos de modo extrínseco - de su identidad nacional y exhibe conciencia de una nueva identidad exílica, característica de la globalizante cultura postnacional.

 

 

 

REFERENCIAS  BIBLIOGRÁFICAS

 

Díaz, Jesús (2000) Siberiana. Madrid: Espasa Calpe.

------------- (2002) Las cuatro fugas de Manuel. Madrid: Espasa Calpe.

Levinas, Emmanuel, citado por Rojas (2000), op. cit. pp. 240-259.

Real Academia Española (1992) Diccionario de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe.

Rojas, Rafael (1998-1999)  “Humanismo frívolo”, en Encuentro 11, pp. 185-187.

--------------- (1999-2000) “Las dos mitades del viajero”, en Encuentro15, pp.231-234.                    

-------------- (2000) “Gallery of Cuban Writing”, en Fernández, Damián, Cámara, Madeline (eds) The Elusive Nation. Interpretations of National Identity. Gainsville, University Press of Florida, pp. 240-259.

Santí, Enrico Mario (1996) Por una poliliteratura. Literatura hispanoamericana e imaginacion política. México: UNAM, Ediciones del Equilibrista, pp. 368-369.

 

[1] Refiriéndose a la “narrativa de la nación”, en su reseña “Humanismo frívolo”, Rojas ha señalado que la novela de José Manuel Prieto  Enciclopedia de una vida en Rusia “es, en este sentido, una novela de la exterioridad” (1998-1999, p. 187), añadiendo en otro artículo que “la exterioridad es la huella más firme de la diáspora”, mientras Prieto es el “primer autor cubano que se empeña en no escribir una sola novela sobre Cuba” (1999-2000, p. 233).

    


Emilia Yulzari Nació en  Sofía, Bulgaria (1944). Se graduó de Filología Hispánica en la Universidad de Sofía e hizo estudios de postgrado (MA) en la Universidad de La Habana, trabajando sobre la cuentística del siglo XX. Se desempeño como traductora de literatura hispanoamericana en su país de origen, dando a conocer obras de García Márquez, Roa Bastos, Vargas Llosa y Carpentier, entre otros. Ha escrito numerosas reseñas, artículos y prólogos. Es   autora de varias antologías de cuentos en lengua española y portuguesa. Desde 1990 vive en Israel, trabajando como profesora de lengua en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Se especializa como investigadora de literatura cubana. Finalizó su tesis doctoral sobre el tema "Configuración literaria de la Revolución cubana: desde la mitificación hasta la desmitificación". Ha publicado ensayos, artículos y reseñas en diferentes revistas, tanto de Israel, como de otros países.