Miami
Estados Unidos
Año VI

 Nº 35/36

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesores Técnicos

Daniel Berdeguer

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Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

Boletín Informativo

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ENTREVISTA CON EL FOTÓGRAFO Y CINEASTA CUBANO

MARIO GARCÍA JOYA

(LA MEMORIA A TRAVÉS DEL LENTE)

por

 Maricel Mayor Marsán

 

Nació en Santa María del Rosario, La Habana, Cuba (1938). Fotógrafo, cineasta y profesor de Arte. Estudió Artes Plásticas en la Academia de Bellas Artes San Alejandro en La Habana (1955-1958). Se graduó con una Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en  la facultad de Filología de la Universidad de La Habana (1978). En 1959 comenzó a trabajar en el suplemento literario "Lunes de Revolución" y desde 1960 comenzó a trabajar simultáneamente en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC). En 1967 fue nombrado Director de Fotografía Cinematográfica del ICAIC, posición que desempeñó por casi tres décadas. En 1988 recibió la categoría docente de Profesor Titular Adjunto del Instituto Superior de Arte (ISA) en La Habana. Fue Co-Fundador de la Fototeca de Cuba. Ha impartido charlas, seminarios y conferencias en múltiples foros internacionales, tales como: Casa de la Cultura Ecuatoriana y la Universidad de Quito (Quito, Ecuador); el Museo Nacional de Antropología, la Cineteca de México, el Palacio de Bellas Artes en México, D.F. y la Universidad de Mérida (México); la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, la Universidad de La Habana, el Palacio de las Convenciones, el Museo de la Ciudad de La Habana, el Palacio de Bellas Artes, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)  y la Casa de las Américas (La Habana, Cuba); el Museo de Villa Clara (Santa Clara, Cuba); y la Universidad de Irving y el Festival de Cine Latino Internacional de Los Ángeles en Hollywood y Universal City (California, EE.UU.), en el International Center of Photography, en la galería Ledel Gallery, en Photography Archives y en la Escuela de Artes Visuales (School of Visual Art) en Nueva York (EE.UU.), entre otros. Ha participado en más de noventa películas de largometraje y cortometraje, entre las que se destacan: Fresa y Chocolate (1993), Contigo en la Distancia (1992), Río Negro (1989), Cartas del Parque (1987), Milagro en Roma (1987), Tiempo de Morir (1985), Hasta Cierto Punto (1982) y La Última Cena (1976). En los Estados Unidos ha trabajado como Director de Fotografía en las siguientes películas: Ahora Sí (2003), Cuba Linda (2001), Las Lágrimas del Alma (2000), The Princess and the Barrio Boy (2000), The Emerald Cut (1999), Coraje (1998), Paradise Lost (1997), Modern Rhapsody (1996) y el cortometraje Huaja California (1994). Su fotografía, en particular, ha sido premiada en importantes festivales y exposiciones internacionales como: Primer Premio del  Festival Internacional del Cine en Bogotá (Colombia, 1991 y 1986), Primer Premio del Salón Internacional del Ministerio de Cultura Húngaro en Budapest (Hungría, 1984), Premio "Casa, Ensayo Fotográfico" Casa de las Américas en La Habana (Cuba, 1981) y Diploma de Honor a la Fotografía en la Exposición Internacional de Libros en Leipzig (Alemania, 1977), entre muchos otros. Entre los innumerables premios obtenidos en equipo se encuentran: Premio "Goya" a la mejor película extranjera de habla hispana de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España (1995), Premio Especial en el Sundance Festival de Utah, EE.UU. (1995), Oso de Plata Especial en el Festival de Cine de Berlín (Alemania, 1995), Premio a la Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actuación Masculina de la Asociación de Críticos Cinematográficos de Nueva York (1995), Premio a la Mejor Película del Festival de Guadalajara (1995), Premio Coral a la Popularidad y Primer Premio Coral al Mejor Filme, mejor dirección y mejor actuación masculina en el XV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana (Cuba, 1993) y una nominación para el Oscar en la categoría de mejor película extranjera por la Asociación de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood (EE.UU., 1995) por la película Fresa y Chocolate. La lista de premiaciones colectivas, que corresponden a otras filmaciones, incluyen lugares tan diversos como el Festival Internacional de Cine de Viña del Mar en Chile, el Festival Iberoamericano de Cine de Huelva en España, el Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro en Brasil, el Festival de Cine Ibérico y Latinoamericano de Biarritz en Francia, el Festival Internacional de Cine de Figueira de Foz en Portugal y el Festival Internacional de Cine de Damasco en Siria, para mencionar algunos. Sus exposiciones de cáracter personal y colectivo han tenido lugar en Cuba y en Europa, EE.UU., Canadá, Japón y América Latina. Sus obras forman parte de la colección permanente del Museo Nacional, Palacio de Bellas Artes, la Fototeca de Cuba, la Colección Casa de las Américas, la Universidad de La Habana,  del vestíbulo del Teatro Musical de La Habana y el Centro Wilfredo Lam en La Habana (Cuba), el Museo Bacardí en Santiago de Cuba, el Centro de Estudios Cubanos y el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York (EE.UU.), el Consejo Mexicano de Fotografía en la Ciudad de México (México), en el Centro Cultural de San Pablo (Brasil) y en el Centro de estudios y Archivo de la Comunicación en Parma (Italia). En la actualidad es Miembro de la Junta Directiva del Instituto Cubano Americano en Los Ángeles (California, EE.UU.) y en el 2002 la Fundación John Simon Guggenheim Memorial en Nueva York  honró su trayectoria con una de sus prestigiosas becas.

Foto de Rogelio López Marín (Gory) Archivo de Baquiana


MMM A través de los años tu obra ha tomado vertientes diferentes que van desde la pintura, la música y la fotografía hasta el cine. ¿Cuál es el origen de esas inquietudes?

 

MGJ Te puedo decir que existieron dos circunstancias muy especiales que formaron parte de mi vida cotidiana durante mi niñez, una tenía que ver con el mundo de la imagen y la otra con las sonoridades.

     Nací en Santa María del Rosario, un pequeño pueblito que se consideraba "del interior" de Cuba, a pesar de estar a sólo diecisiete kilómetros de la Habana.  La fundación de esa "Ciudad Condal", sí, con ese título,  durante  la primera mitad del siglo XVIII,  simplemente fue la fórmula que encontró el Conde de Casa  Bayona para librarse de un sentimiento de culpa por haber caído en lo que él consideraba un horrible pecado. El Conde no sólo fundó la ciudad en honor a la Virgen María sino que también le construyó uno de los templos más hermosos que existen en el interior del país, templo cuyo boato sólo es comparable con el de la iglesia de San Juan de los Remedios en la antigua provincia de Las Villas.      

     La "Ciudad Condal" de Santa María del Rosario en realidad era un caserío que rodeaba a una imponente iglesia con altares que fueron tallados en maderas preciosas y bruñidos en oro en la España de Felipe V.  El templo tiene  excelentes pinturas en sus altares, algunas atribuidas al taller de Murillo, ademas de poseer sobre las cuatro pechinas de la nave central el tesoro de las obras de Nicolás de la Escalera nuestro primer pintor criollo.  Como podrás imaginar, la vida de todo el pueblito giraba alrededor de la Iglesia y sus acontecimientos.

     Tendría yo unos siete años y ya andaba vestido con mi sotana y mi roquete, cargando uno de los ciriales que abrían las procesiones del pueblo.  Prácticamente me crié en aquella iglesia. Eramos un grupo de muchachos que aprendimos la liturgia para ayudar al Cura en los rituales incluyendo las misas que a diario se hacían para rogar por el alma de algún fiel difunto. 

     Recuerdo aquellas mañanas de mi infancia y la impresión que  me causaba aquel templo cuya arquitectura barroca es un modelo de eficiencia en cuanto a la atmósfera mística que aportaba al ritual religioso.  Se respiraba allí  un aire de recogimiento que rondaba el temor. Podrás imaginar la impresión que puede causar en un niño el drama de la pasión de Jesús con su corona de espinas y su rostro ensangrentado, en este caso, exacerbado por el tratamiento tan realista de aquellas pinturas y de las impresionantes tallas en madera al estilo del mejor "realismo sangriento". Debe de haberme impresionado mucho porque recuerdo con mucha claridad el efecto tan dramático que causaba la luz que cruzaba los recintos. 

     Durante el día, la luz penetraba en chorros cortantes a través de los tragaluz y las ventanas y, golpeando en los altares, arrancaba destellos que para mi mente infantil bajaban desde el mismísimo Cielo imbricados en las espirales de las columnatas salomónicas que sostenían los retablos.  El roce dorado de aquella luz tajante sobre las imágenes, les agregaba mayor dramatismo y las cargaba con una incomprensible fuerza espiritual que, para mi entender, definitivamente, era un asunto que tenía que ver con lo "Divino".

     Pienso que es ahí donde podría estar el origen del interés que se manifestó en mi adolescencia por el mundo de las imágenes.

     Por otro lado, mi padre fue un magnífico zapatero que ejercía su oficio cuando todavía los zapatos se hacían a la medida y al gusto del usuario.  En realidad era un gran artesano que daba salida a su necesidad de expresión inventando cuanta cosa podía para hacer sus zapatos "más bonitos todavía".

     Mi familia, la más inmediata, eran mis padres y un hermano al que siempre he querido mucho.  Vivíamos en el mismo lugar donde mi padre tenía su taller, una casa antigua y espaciosa.  La clientela de mi padre se componía de amigos que le encargaban sus zapatos y de clientes que llegaban a encargar zapatos y terminaban almorzando en la casa. Entre ellos, hubo dos que resultaron entrañables, Mercedita de la Torriente, cuya hija, Chispa,  a mi me lucía preciosa,  y  Lázaro Delgado, un mulato trentón, muy educado, que tocaba el tres con gran virtuosismo. Hubo toda una época en la que Mercedita llegaba, casi todas las noches, a la casa y siempre traía dulces. Para mi hermano Tirso y  para mí, esta era una visita muy importante, desde el atardecer ya andábamos en vigilia pendiente de sus dulces.   Una hora después llegaba Lázaro con su tres y cuando abría aquel estuche negro, que para mi era como el sombrero de un mago, mi padre nos daba la orden de ir a dormir.

     Desde luego que ni mi hermano ni yo nos dormíamos de inmediato. A nuestros oídos llegaban nítidos los sonidos de aquel instrumento haciendo juegos malabares, entrelazándose con los versos de las canciones cuyo real significado no estaba aún al alcance de nuestras mentes infantiles, sin embargo, sí nos permeaba la emotividad de todo aquello.  Definitivamente, nos afectaban los estados de ánimo que cada canción generaba.  En medio de mi malestar por la orden de mi padre y del aburrimiento del insomnio, mi atención, que no tenía otra cosa de donde asirse, se centraba en aquellos sones y canciones a la usanza del Sexteto Habanero y del trío Matamoros.  Cuando el sueño comenzaba a rondarme, todos mis sentidos se concentraban en aquel instrumento que no cesaba de generar filigranas.  Siguiendo sus giros, por inercia más que por cualquier otra cosa, siempre llegaba a una zona lúdica de completa abstracción, donde sólo existía la música.   Así  fue durante mucho tiempo.

     Un día se apareció mi padre con una  guitarra a la casa. Tenía la idea de que aprendería a tocarla, pero sus obligaciones familiares pronto lo desestimularon. Finalmente, una tarde, después que supimos que Lázaro ya no vendría más,  mi padre, algo conmovido, me regaló la guitarra, la convertí en "tres" y, como bien se dice que la ignorancia es muy audaz,  en unos pocos meses me sentía  el mejor tresero de la zona.  Claro que no era cierto.

 

   

MMM ¿Cuándo y cómo llegaste a formar parte del equipo de trabajo de Lunes de Revolución ?

 

MGJ Creo que fue el 57 el último año que estuve en la Academia de Bellas Artes San Alejandro.  Por esa época entré en contacto con un grupo de pintores jóvenes cuyas ideas sobre el arte llegaron a cautivarme.[1] Muchos de ellos habían tenido una formación bastante heterogénea y abogaban por un arte contemporáneo más abierto a la experimentación, buscaban nuevos lenguajes plásticos, algunos, integrando recursos de las Artes Gráficas a sus "pinturas" [2].  Por esa época comencé a trabajar como ayudante de  Aladino Sánchez, un fotógrafo que se dedicaba a la fotografía publicitaria en la agencia Mestre y Conill en el Vedado. Había llegado a ese puesto como una solución momentánea para estar cerca de una plaza de realizador gráfico que estaría vacante en la agencia, sin embargo, muy pronto descubriría que el medio fotográfico tenía muchas posibilidades creativas y que además de otras consideraciones conceptuales[3] se adaptaba mejor a mi impaciencia juvenil. A diferencia de la pintura, cuyos procesos demoraban semanas o meses, con la fotografía, en sólo unas horas de revelado e impresión, obtenía los resultados de cualquier idea que hubiera querido probar.

 

Benny Moré

La Lupe

Chapotín

 

     Desde los comienzos, con la espontaneidad del principiante, comencé a aplicar a mi trabajo mucho de lo que había aprendido en San Alejandro, en ese sentido, me fueron muy útiles los conceptos del claroscuro cuyos principios tienen bastante que ver con la luz y sus recursos dramáticos.  Por esa vía desarrolle una tendencia al pictorialismo en mi fotografía publicitaria de esa época. La fórmula era muy adecuada para ese tipo de trabajo cuya mayor exigencia se centraba en lo formal.  Era usual, en esos años, valorar la fotografía a través de categorías que se tomaban prestadas de las "Bellas Artes". Recuerda aquello de Qué bonita! parece un cuadro"[4]. Esas circunstancias "ambientales" contribuyeron a que en corto tiempo mi trabajo ganara cierto prestigio.

     Para enero del 59 yo había trabajado ya con muchos de los creativos de las agencias de publicidad y a los pocos días de comenzar a imprimirse el periódico Revolución en La Habana muchos de ellos ya estaban colaborando en él y comenzaron a utilizarme para trabajos que no eran exactamente periodísticos.  Una noche, el director del periódico, Carlos Franqui, me llamó a su oficina y me hizo un encargo.  Al día siguiente, se lo entregué, debe de haber quedado satisfecho, me preguntó - ¿te gustaría trabajar con nosotros?.  - Claro que sí- Respondí.

 

Enrique Labrador Ruiz

 

     El periodismo gráfico que se hacia generalmente en Cuba, salvo las consabidas excepciones que siempre existen, era muy facilista, la mayoría de las fotos que se publicaban, sobre todo en los periódicos, mostraban un desinterés en cualquier cosa que no fuera "copiar" mecánicamente los asuntos, una especie de prueba testifical, para convalidar lo dicho en los textos.  En esas circunstancias para desempeñarse como fofógrafo bastaba con asumir la actitud de un "técnico" enajenado que supiera apretar el botón del obturador. El concepto de la "imagen inteligente" aún no había calado en la prensa cubana.  Desde el principio, Carlos Franqui y  Guillermo Cabrera Infante rompieron con aquella práctica, crearon un oasis para la fotografía donde todo el que tenía algo en su cabeza quiso al menos mojarse los labios.   Comenzaron a colaborar en aquellas páginas fotógrafos que venían con    una impronta contemporánea y algunas propuestas interesantes: Alberto Korda, Ernesto Fernández, Osvaldo Salas, Raúl Corrales y Jesse Fernández, cuyo estilo de trabajo analítico cargaba las imágenes de significados.  Su fotografía se había convertido para mí en una de las referencias culturales más recurrente.

     Carlos resultó una gran persona,  de una enorme sensibilidad humana y muy avanzado en sus conceptos.  Además de un estilo periodístico muy ajustado a las exigencias de aquellos momentos excepcionales, las páginas de Revolución bajo su dirección, crearon  pautas avanzadísimas en el uso de la tipografía y de la imagen.  Carlos le abrió los espacios a Lunes y lo respaldó hasta el final.

 

 

MMM ¿Qué valoraciones retrospectivas tienes sobre tu etapa laboral en Lunes de Revolución y sobre las amistades que allí forjaste con figuras que hoy en día se han convertido en íconos de la literatura cubana como Guillermo Cabrera Infante y Virgilio Piñera, entre otros?

 

MGJ Tanto el Periódico Revolución y , dentro del periódico, Lunes de Revolución, para mí fueron experiencias fundamentalmente formadoras.  Lunes me abrió el horizonte en un momento muy oportuno de mi formación. Tenía 20 años y muchas ganas de aprender.  Toda aquella gente me significaba una referencia intelectual muy alta que me obligaba a profundizar y, en muchos casos, a acercarme por primera vez a aspectos de la cultura que quizás, dentro de otra circunstancia menos exigente, nunca las habría descubierto.

     En Lunes y por Lunes, conocí bastante gente que valía la pena, muchos de ellos, se constituyeron en afectos permanentes, entrañables algunos.  Y no me refiero sólo a escritores y artistas, hubo personal de la administración y trabajadores de la imprenta cuya amistad aún añoro.  Eso de que Dios los cría y ellos se juntan tiene su base real, hay un problema de afinidad que evidentemente funcionó a nivel personal.  Además del respeto que sentí por el talento, hubo virtudes que admirar.  Guardo  buenos recuerdo de Natalio Galán, de Calvert Casey, de Padilla, de Oscar Hurtado, Sabá Cabrera, Juan Alcorcha, Rine Leal,  de Guillermo Cabrera Infante, de Virgilio Piñera, Arrufat, Humberto Arenal, con quien compartí un largo viaje y a la vuelta del tiempo devino familia;  de Montes Huidobro,  Soriano,  de Vicente Báez, porque es una de esas personas que poseen una ética infalible; de Franqui, de Orlando leal, de Canel, en fin, del mundo de Lunes y el de otros personajes que por alguna razón vinculada a Lunes los conocí. Fotografié a algunos de ellos y, en ciertos casos, logré imágenes que verdaderamente los "retrata".

     Una tarde en las oficinas del  Periódico, en la Avenida de Carlos III,  le dije a Virgilio[5] que iría a fotografiar al Padre Gaztelu - ¡Niño!- me dijo, ¿y qué vas a hacer tú frente a ese Cura sabio?... y comenzó a darme un panorama de la poesía del "Cura" y del grupo de Orígenes, que en la práctica se convirtió en una clase magistral que le he agradecido toda mi vida.   Como sabemos, aquello que tan bondadosamente me contaba para que yo tuviera una mejor comprensión del mundo intelectual de mi futuro sujeto,  era parte de los avatares del propio Piñera y su conversación había ido tomando un tono de satisfacción, unas veces matizado por la introspección y otras por una nostalgia positiva que lo hacía mostrarse bastante expresivo.  Lo vi emocionado y sentí la urgencia de retratarlo.  Muy cauteloso, como un cazador que se empeña en no espantar a su paloma, comencé a extraer la cámara de la mochila que tenía sobre mis piernas,  sin quitar los ojos de su mirada, la apoyé sobre el  borde de la mesa y apreté el obturador varias veces. Él no dio señales de haber registrado mi propósito. Hablaba, y yo esperaba por los mejores momentos de sus emociones. Comenzó a contarme en tono jocoso una escaramuza que había tenido con Lezama precisamente por motivos de un Cura poeta, [6] miró a la cámara y lo atrapé.

 

Virgilio Piñera

 

MMM Tengo entendido que conociste personalmente a la pintora  Amelia Peláez, por tus relaciones de trabajo. ¿Lograste hacer alguna foto en particular de ella o de su obra?

 

MGJ Sí, Amelia fue uno de esos personajes que yo admiraba mucho. La retraté, como a muchos otros, desde el Padre Gaztelu hasta Juan Charrasqueado, [7] sin que nadie me lo pidiera.  Como podrás imaginar, el sentido común y la sensibilidad propia son los que guían tu obra personal.  Yo no soltaba la cámara y tengo la gran dicha de realizarme a través de mi trabajo, me gusta hacerlo, incluso, cuando trabajo por encargo, siempre he buscado la manera de encontrarle un interés personal que lo haga mío.  Fotografié a Amelia varias veces, tuve la oportunidad de visitarla a menudo, era una mujer muy franca y abierta, una cubana que le encantaba conversar y muy pronto comenzó a hacerme partícipe de algunas de sus preocupaciones que iban desde el estado de deterioro en el que se encontraba su monumental mural en la fachada del Hotel Hilton de La Habana, hasta la imposibilidad de encontrarle comida a una cría de pajaritos que tenía en su patio. 

 

Amelia Peláez

 

MMM Entre las fotos que has hecho a través de más de cuatro décadas de intensa actividad, ¿Cuál de todas te ha dado más reconocimiento internacional? y ¿Cuál de ellas más regocijo interno?

 

MGJ Para mí la fotografía es un medio para expresar ideas y, en ese caso, la utilizo más bien sobre la base del ensayo que me obliga a estructurar mi discurso a través de varias imágenes dependiendo de la complejidad del tema. En ese sentido estoy más cerca de las fórmulas de Robert  Frank que del momento decisivo de Cartier Bresson y me es difícil depositar en una sola foto mis preferencias. Sin embargo, siempre hay algunas que funcionan con cierta autonomía como una Voz Guía dentro del coro.  Una que me gusta mucho por la cantidad de connotaciones que posee, es esta donde aparece un tiburón a punto de tragarse a un ciclista.  Entre muchos otros significados es una metáfora que describe muy bien mi pensamiento sobre las relaciones de poder.

 

"Relaciones de poder" de la serie fotográfica Caibarien

(1982-1986)

 

 

NOTAS 


[1] Raúl Martínez, Hugo Consuegra, Guido Llinás, Tomás Oliva, Antonia Eiriz, Juan Tapia Ruano,  los hermanos  Antonio y Manolo Vidal.

[2] Raúl Martínez, quien además de pintar trabajaba como diseñador gráfico en una importante agencia de publicidad, había estudiado en el Institute of Design de Chicago, EE.UU., fundado por Moholy Nagy.  Raúl fue uno de los que más vinculó a su obra  pictórica aquellos medios que desde las perspectivas de las "Bellas Artes" no eran lo suficientemente nobles como para otorgarles la categoría de "Artísticos". Fue la posición desprejuiciada de  la obra de Raúl la que me estimuló a profundizar y descubrir la dignidad del medio fotográfico y sus posibilidades de expresión.

[3] Yo había llegado a la conclusión de que la fotografía era el medio que mejor expresa la sensibilidad de nuestra época.

[4] "Cuadro" por "pintura".

[5] Según Cintio Vitier, Virgilio Piñera estuvo siempre en contra de todo. Fue un poeta muy notable y quizás el dramaturgo contemporáneo más importante de Cuba.  

[6] Yo imaginé que se trataba del propio Gaztelu.

[7] Juan Charrasqueado, La Lupe, Benny Moré, Saldiguera, Labrador Ruiz,  Virgilio Piñera, el Caballero de París,  Daniel Santos, el Padre Gaztelu, Raúl Milian, etc.